Agoney Melián, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Tenerife

Opinión

¿Qué culpa tiene la Navidad?

Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Canarias

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Hoy he ido al supermercado de una gran superficie comercial y me di cuenta de que no me puedo resistir. Había luces, decoraciones en los escaparates, turrones, panetones y todo tipo de bombas calóricas diseñadas para alegrarnos los días. Mientras caminaba choqué de frente con un estruendo de gritos llenos de la ilusión de los más peques, que saben que, en las próximas semanas, llegarán el señor de la barba y sus majestades los Reyes Magos, si se han portado bien.

Les decía que no me puedo resistir porque, como a muchos de ustedes, la Navidad se me está haciendo bola. No todos los años son igual, y la vida, que es muy jodida, a veces te zarandea con el objetivo de ponerte en tu sitio, sea cual sea este. Y no, no me puedo resistir, porque donde quiera que vaya, alguien está comprando algún regalo, preparando un menú o ideando algún viaje. Todo el mundo está viviendo la Navidad y te lo recuerdan. Habrá que dejarse llevar.

Capa sobre capa

No sé si lo saben, pero en las casas antiguas, por lo menos en la de mi abuela, se pintaban las paredes del color que querías encima del que ya estaba. ¿Qué te aburrias del azul y se ponía de moda el coral? Ahí le dabas una buena mano de pintura para que quedase bien, y le ganabas algo de grosor a la pared; hasta tal punto que, si le dabas un golpe y se descascarillaba, tenías ante tus ojos una amplia gama de colores representados.

A veces pienso que somos un poco como esta pared, que vamos pintando encima de lo que nos pasa adaptándonos al medio, cubriendo a brochetazos el pasado y enterrando algún que otro recuerdo que, de vez en cuando, asoma con un golpito pequeño. A veces pienso, que la carencia que tenemos de educación emocional, hace que ese golpito pequeño que deja entrever tus vergüenzas, pueda ser la Navidad.

Y es que, entre tanta copa, regalo o roscón, siempre nos llega un recuerdo de alguien que no está, esté vivo o no. Nostalgia, tristeza y otras emociones, que empañan un poco ese halo de ilusión que deben tener estas fechas.

Cuando aprendí lo que era el adiós

Si tienes una edad, cómo yo, y empiezas a echar de menos a las personas que no están, sabes que es muy difícil aceptar que alguien con quien has compartido vida, no va a volverte a escuchar, no vas a volver a reír con esa persona. Cuando esto pasa entiendes de verdad lo que es decir adiós, aprendes a perder el control y trabajar valores, tan sanos para nuestra existencia, como la aceptación.

En mi caso, echo mucho de menos a Ana, puede que la mujer más importante de mi vida. Ella era mi abuela y hoy quería compartir con ustedes que me leen este sentimiento, porque seguro que a ti te pasa igual.

Supongo que de lo único que me arrepiento es de no haber dicho más veces “te quiero”, “eres importante para mí” o “qué bien estás haciendo las cosas, estoy muy orgulloso de ti”. Me arrepiento porque un día ya no lo podremos decir y entonces será demasiado tarde.

De esta vivencia que comparto desde lo más profundo de mi ser, aprendí que mañana no es hoy, que es vital decir las cosas buenas y que hay que dejar fluir las emociones y los sentimientos. También en Navidad.

Cómo estar relajado en un mundo confuso

Sí, ya sé que me he puesto un poco tristón hasta aquí, pero quería que viesen que somos muchos los que vivimos con nostalgia estas fechas, sobre todo si son tiempos de cambio. Pero qué le vamos a hacer, si las cosas son así y no las podemos cambiar. Pues lo que podemos hacer es cambiar nuestra percepción.

Hace unos días llegó a mis manos un pequeño libro que he devorado, y hubo una frase que me ha maravillado. “El mundo está un poco loco. Pero qué vas a hacer al respecto: ¿vas a añadir más locura o vas a aportar serenidad?” Aquella frase me atravesó la mente, y por supuesto que elijo serenidad, ¿será que me estoy equivocando en el enfoque de estas fiestas?

Está claro que la cabeza es una poderosa herramienta y que te pinta el mundo según como te sientas, mundos a la carta, tristes o alegres, según el momento.

Yo siempre presumo de que soy un adicto a la paz mental y sus beneficios, y es por ello que me planteo desarrollar algunas estrategias que me ayudarán a disfrutar de lo que queda de mes, de una manera serena. No me negarán que cuando tienes la mente serena, todo se serena alrededor.

Me he planteado deconstruir los clichés y redefinir la idea de estas fiestas que tengo. Al fin y al cabo, lo importante es estar bien con uno mismo y disfrutar de una manera placentera de la vida. Hazme caso y cópiame, deconstruye y haz lo que te apetezca y como te apetezca sin hacer daño a nadie y practicando el autocuidado.

¿No quieres hacer un árbol? No lo hagas ¿Te consumen las fechas más señaladas? Pues ya sabes, deconstruye.

Estar feliz no es obligatorio, y no es que te esté diciendo que no lo seas. Lo que quiero decir es que, tener que estar feliz por obligación me parece una estupidez, y es probablemente una de las peores decisiones que puedas tomar.

Tenemos que aceptar que hay cosas que nos hacen daño y mucho, toneladas de daño y esto forma parte de la vida y te deja K.O. Si tuvieses una lesión física, una fractura de hueso, e incluso una gripe, harías reposo, te cuidarías mucho y harías todo lo posible por no fastidiarte más. Si estás triste o nostálgico reposa, cuídate, ya te recuperarás y vivirás mucho mejor que como estás ahora.

El nacimiento

La Navidad significa nacimiento y puede ser un bonito momento para dar luz a nuevas ilusiones, conocer a gente nueva, disfrutar de los pequeños instantes de vida. Porque cada mañana, si me lo permiten, es eso … un nuevo nacimiento que nos permite crear un presente que valga la pena contar a nuestra descendencia.

Les propongo un brindis

Hoy quiero que levanten la copa conmigo y brindemos por las lágrimas, ya sean de risa o de desconsuelo. Qué brindemos por la gente que nos quiere y aquella a la que queremos. Por los momentos coleccionados, por las vivencias aprendidas y por las cicatrices del alma que le dan tanta personalidad.

Hoy quiero brindar por los regalos que nos debemos hacer … besos, abrazos y te quieros que salen del alma. Quiero brindar por los amaneceres, por los atardeceres, por las cosas inesperadas. Por los ratos con los amigos y la familia.

Brindemos por ese café que se pasó a caña y que se convirtió en una tertulia apasionada sobre cosas que no le importan a nadie. Por esa gente que te mira y ya sabe lo que estás pensando, porque esa… es la gente bonita, esa que yo llamo de colores… cuantos nombres se me vienen a la cabeza.

Sin duda alguna, este no sería el brindis tradicional de una cena de Navidad, pero así soy yo, diferente, ni mejor ni peor. Alguien que ha decidido compartir con ustedes un cachito de su alma con el objetivo de dar un poco de luz en una fecha, para algunos sombría.

Si les apetece, brinden por mí, seguro que desde aquí escucho el “clin de las copas”. Bridemos juntos por estas fechas en las que mal que bien, a todo el mundo le pasa algo, pero aun así brindemos porque ¿Qué culpa tiene la Navidad