Preestreno de la película 'Solos' en Tenerife / ATLÁNTICO HOY - IRENE CARTAYA
Preestreno de la película 'Solos' en Tenerife / ATLÁNTICO HOY - IRENE CARTAYA

Amigos y verdades incómodas: así es 'Solos', una cena que saca lo peor (y más humano) de cada uno

La película, dirigida por el canario Guillermo Ríos, explora con humor y crudeza las relaciones, la soledad y el paso del tiempo

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Hay cenas que empiezan con una copa de vino y terminan con una verdad incómoda sobre la mesa. Solos, la nueva película del director canario Guillermo Ríos Bordón, juega precisamente a eso: a convertir una velada aparentemente inofensiva en un espejo donde cualquiera puede verse reflejado. Porque aquí no hay grandes giros imposibles ni historias lejanas. Hay algo mucho más cercano: relaciones humanas que crujen.

La premisa es sencilla. Cuatro amigos se reúnen para celebrar un cumpleaños. Todo parece normal, incluso predecible. Pero a medida que avanza la noche —y el vino—, empiezan a salir temas que estaban ahí, latentes, esperando su momento. Nadie va con la intención de remover nada, pero pasa. Y cuando pasa, ya no hay vuelta atrás.

Campo de batalla

Lo interesante de Solos es que no busca el conflicto desde el principio, sino que lo deja cocinarse a fuego lento. Según explican sus protagonistas en una entrevista a Atlántico Hoy, esa transformación es clave: lo cotidiano se va tensando poco a poco hasta convertirse en una especie de batalla emocional donde todo el mundo tiene algo que perder.

Elia Galera —que interpreta a Ana— lo resume bien: esa cena que arranca como una celebración termina destapando cosas que estaban “apuntadas”, pero nunca dichas. Hay un momento concreto —un regalo de cumpleaños— que actúa como detonante. A partir de ahí, la noche se caldea y las máscaras empiezan a caer.

Personajes que podrían ser cualquiera

Uno de los grandes aciertos de la película está en sus personajes. No hay héroes ni villanos, solo personas. De esas que podrías tener en tu grupo de amigos… o ser tú mismo.

Tomás, interpretado por Salva Reina, es el soltero del grupo. Vive solo, pero no desde la tristeza, "sino desde una elección consciente". Es profesor de instituto y, dentro del caos emocional que se desata, intenta mantener cierta calma. Es, de alguna forma, "el punto de equilibrio en medio del ruido", explica el actor.

La soledad dentro de la pareja

En el otro extremo está Elena, a quien da vida Kira Miró. Su conflicto es más silencioso, pero igual de potente. Está casada con Javier, pero "se siente sola". Muy sola. Su personaje atraviesa una crisis personal marcada por el paso del tiempo y por esa sensación de vacío que a veces aparece incluso cuando, en teoría, todo está “bien”.

Esa contradicción —estar acompañado y sentirse solo— es uno de los temas que atraviesan la película. Y lo hace sin dramatismos exagerados, más bien desde una honestidad que incomoda. Porque es fácil reconocerse ahí.

La libertad… y lo que se esconde detrás

Ana, el personaje de Elia Galera, representa otra cara distinta. Es una mujer que, aparentemente, lo tiene todo bajo control. Segura, independiente, cómoda en su entorno profesional, incluso en espacios tradicionalmente masculinos. Defiende su libertad y su forma de vivir sin pedir permiso.

Pero esa seguridad también tiene grietas. Y esa noche, como advierte la propia actriz, se verá que "no todo es tan perfecto como parece". Que incluso "quienes parecen estar mejor también arrastran sus propias dudas".

Javi: perdido y sin filtro

Y luego está Javi, interpretado por Carlos Santos, el anfitrión de la cena y, quizá, el personaje más incómodo. Está completamente perdido. "No tiene claro quién es, ni qué quiere, ni hacia dónde va". Es un cúmulo de contradicciones andantes.

El propio actor lo define sin rodeos: es “un capullo integral”. Pero con matices. Porque, en el fondo, todos conocemos a alguien así. O hemos sido un poco así en algún momento. Y ahí está la clave de Solos: en esa capacidad de retratar lo menos bonito sin dejar de ser profundamente humano.

Una historia que no busca dar respuestas

Desde la dirección, Guillermo Ríos Bordón lo tiene claro: la película no pretende aleccionar ni dar soluciones. Su objetivo es más sencillo —y a la vez más complicado—: entretener y conectar. Que el espectador vea fragmentos de sí mismo en esos personajes y en esas conversaciones.

El director, que proviene del mundo de la producción, destaca especialmente el trabajo del elenco y la química que se generó durante el rodaje. Para él, la experiencia ha sido tan intensa como breve, con ganas de seguir explorando este tipo de historias.

Reírse de uno mismo (aunque duela)

Al final, Solos es una película sobre lo cotidiano. Sobre lo difícil que es entenderse en el día a día. Sobre las relaciones, el paso del tiempo, el miedo, el deseo, la frustración. Pero también sobre la capacidad de reírse de todo eso.

Porque sí, hay momentos incómodos. Y sí, probablemente el espectador se vea reflejado en más de una escena. Pero también hay humor, ternura y cierta sensación de alivio. Como cuando, después de una conversación difícil, te das cuenta de que no estás tan solo como pensabas.

Y quizás ahí está el verdadero sentido de la película: en recordarnos que, aunque a veces no sepamos muy bien quiénes somos o qué hacemos con nuestras vidas, todos estamos un poco en lo mismo. Intentando entendernos. Intentando no perdernos del todo. Aunque sea, como en esta cena, entre risas y verdades a medias.