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Los internos del Centro Penitenciario Las Palmas I representarán la obra de teatro 'Disculpen la espera' / LISA MASULLO

'Disculpen la espera': la obra de teatro con la que internos del Salto del Negro cuentan la vida en prisión

La pieza, dirigida por Graziano Pellegrino, nace del taller de teatro social de Travesía y se representará los días 26 y 27 de junio dentro del centro penitenciario

En prisión casi todo pasa por esperar. Esperar para tomar un café, para ducharse, para llamar a la familia, para recibir ropa, para hablar con el abogado o para que llegue el día de salir. Esa sensación de tiempo detenido atraviesa Disculpen la espera, la obra que los internos del Centro Penitenciario Las Palmas I representarán los próximos 26 y 27 de junio.

Bajo la dirección de Graziano Pellegrino, la pieza surge de la colaboración entre la Fundación Mapfre Canarias, la Asociación Sociocultural Travesía y el propio centro penitenciario. Parte de los relatos publicados en Cuentos desde la celda, la colección editada por la Fundación Mapfre Canarias y la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias con textos escritos por personas reclusas.

El tiempo dentro de prisión

Al revisar esos cuentos y microrrelatos, Pellegrino encontró un hilo común, el tiempo y la espera. A partir de ahí, el grupo llevó varios textos al taller semanal que Travesía mantiene en Las Palmas I, donde también se incorporaron relatos escritos por los propios internos sobre lo que significa esperar desde dentro.

“La posición del tiempo cambia mucho al estar en prisión y al estar fuera”, explica el director. Fuera, la gente siente que no tiene tiempo; dentro, en cambio, el tiempo se dilata, pesa y se mezcla con la culpa por la espera que también viven la familia o el trabajo. 

Una obra hecha desde dentro

Disculpen la espera habla de quien cumple condena, pero también de quienes aguardan al otro lado. En esa espera, señala Pellegrino, los internos empiezan a mirar de otra manera lo que tenían fuera y aquello que quizá no habían valorado lo suficiente.

La obra ha sido construida con los 20 internos que participan cada semana en el taller de teatro social de Travesía. Tras su estreno el pasado 5 de junio en la sede de la Fundación Mapfre Canarias, la pieza vuelve ahora al centro penitenciario, donde será interpretada íntegramente por ellos mismos.

Teatro para expresarse

Para Pellegrino, el teatro en prisión parte de una idea básica: las personas privadas de libertad también tienen derecho a hacer cultura, no solo como espectadoras, sino también como creadoras. La cárcel implica cumplir una pena, pero esa pena debería tener también un horizonte de rehabilitación.

En ese camino, el teatro se convierte en una herramienta de expresión y transformación. Muchos internos llegan por curiosidad, incluso pensando que es “una bobería”, pero quienes continúan descubren que el escenario les permite decir cosas que durante mucho tiempo no habían podido expresar.

Quitarse las máscaras

El director explica que el teatro social no consiste en ponerse una máscara para fingir ser otro, sino casi en lo contrario, quitarse máscaras para encontrarse con uno mismo.

Al entrar en distintos personajes, los internos pueden ensayar otras formas de verse. No solo como alguien que cometió un delito, sino también como padre, pareja, trabajador o persona capaz de construir otra vida.

El teatro le ayuda a despertar la posibilidad de un cambio”, resume Pellegrino, que recuerda que muchos participantes descubren, con el tiempo y el ensayo, que pueden sostener un texto, emocionar al público y hacer algo que nunca pensaron que serían capaces de hacer.

Un puente hacia fuera

El taller de teatro de Travesía funciona en Las Palmas I desde 2017, una vez por semana y de forma continuada. La participación es voluntaria, no hay casting y puede apuntarse cualquier interno interesado, pero el compromiso de asistir y trabajar con rigor.

Además, la experiencia puede continuar al salir de prisión. Travesía cuenta con un grupo externo formado por ex internos que han seguido vinculados a la escena. Con ellos han representado obras en Gran Canaria y también en lugares como Sevilla, Barcelona o Venecia. 

El taller de teatro de Travesía funciona en Las Palmas I desde 2017 y también cuentan con un grupo formado por ex internos / LISA MASULLO

Mirar la cárcel de otra manera

Las funciones de los días 26 y 27 permitirán al público entrar en un lugar al que normalmente no se accede. Para Pellegrino, es una oportunidad de acercar la sociedad a la cárcel y romper la distancia entre dos realidades que suelen vivir de espaldas.

"Muchas personas entran con prejuicios y descubren seres humanos que han cometido errores, que están pagando por ellos y que quieren no repetirlos", expone el director. La obra no busca justificar nada, sino abrir un espacio para comprender mejor qué ocurre dentro y qué puede hacer la sociedad para acompañar una reinserción real.

Además de las funciones abiertas al público inscrito, habrá una representación reservada a familiares. Para los internos, actuar ante ellos tiene un valor especial. "Es una forma de mostrar que pueden hacer algo distinto, que han trabajado durante semanas y que son capaces de ocupar otro lugar ante quienes también han vivido las consecuencias de su ausencia", apunta Pellegrino. 

La dignidad sobre el escenario

Para los internos, la llegada de público de fuera representa una responsabilidad. Saben que habrá personas que han decidido entrar en la prisión para verlos actuar y sienten que no pueden fallar. Pellegrino habla de ese momento como una especie de examen, pero también como una oportunidad para demostrar su dignidad.

En Disculpen la espera, la cárcel deja de ser únicamente un espacio de encierro para convertirse, durante unas horas, en un escenario. Allí donde normalmente se espera, se actúa. Allí donde el tiempo pesa, se le da forma. Y allí donde muchas veces solo se ve una condena, el teatro permite mirar algo más, la posibilidad de que una persona todavía pueda contarse de otra manera.