Aida Gonzalez Rossi es una de las voces más reconocibles de las letras canarias, y no le teme a ningún género: se formó como periodista, publica Deseo y la tierra, Pueblo yo y Escribir? como poeta, conquistó el país con la novela Leche condensada y ahora ha escrito un ensayo breve sobre su manera de habitar el lenguaje y el cuerpo, o el cuerpo y el lenguaje, Gorda sinvergüenza.
La escritora canaria explora en este libro corto de ENDEBATE cómo se nombra y se escribe una persona gorda, y cómo se celebra y se disfruta el cuerpo en un mundo marcado por las reglas rígidas de la gordofobia. "Tenía claro que quería escribir un libro sobre antigordofobia, porque me parece un tema del que las gordas tenemos que hablar, y me plantee escribirlo desde lo celebratorio. La celebración de los cuerpos gordos también es una forma de hacerle frente", cuenta la autora en conversación con Atlántico Hoy.
Sin vergüenza
Y lo hace de manera desvergonzada, con ruido, en canario y con un prólogo en comic sans (lo único que podemos leer por ahora en sus redes, el libro sale a la venta el día 12 de marzo) con una escritura atropellada y efervescente. El ensayo en sí mismo es un "experimento" cortito y "disfrutón".
El texto se acerca más al lenguaje de la poesía, detalla, y deja las referencias teóricas en notas al pie para no romper "esa experiencia más disfrutona". Para la autora, la escritura es una forma de performatividad del yo: "Puedes elegir escribir de forma neutral, alejada de ti o puedes elegir perseguir una escritura que también muestre tu cuerpo".
Ser el cuerpo
Habitar el cuerpo, cuenta, es también darse cuenta de que un cuerpo "no se tiene, el cuerpo se es", mientras el pensamiento gordofóbico impide a las personas gordas presentarse como personas completas: "Dices yo soy una persona que temporalmente está gorda, estoy en transición". Algo que "nos hace pensarnos un poco como dos personas”, explica, una separación entre el cuerpo y una supuesta esencia que solo aparecería "cuando adelgace" o en un espacio virtual.
El libro es un recorrido de los momentos de la vida "que han sido como importantes para habitar mi propio cuerpo, pero como esos momentos también me han encerrado, porque el sistema de pensamiento de la gordofobia es muy tocho", cuenta, y describe el proceso de escritura como móvil y contradictorio: "También intenté desmontar mi propia gordofobia interiorizada".
Romper el lenguaje
En ese viaje ocupa un lugar central la experiencia de la virtualidad en los primeros años de internet. “Yo siento que me di muchas experiencias que no podía vivir en persona en mi pueblo por ser gorda, porque las viví en internet”, relata. Ese “otro yo” virtual le permitió explorar su identidad: “Siempre he sentido que me ha ayudado a ser yo misma y a descubrir quién soy”.
El resultado es una obra que se sitúa “absolutamente contra el clean look”, dice, y responde a una de las preguntas que se hacía la autora al empezar a escribir: "¿Qué tiene que ver que yo rompa tanto el lenguaje con que sea gorda? Para mí van muy unidas, y también a ser canaria y a ser queer y de pueblo".
"Se nos ha negado el ruido, parece que siempre tenemos que estar conteniéndonos para no llamar la atención. Ya que me presuponen que no soy correcta y que no hago las cosas bien, pues las voy a hacer el triple de mal y las voy a hacer a mi manera".
Un libro gordo
El origen del ensayo está en un proyecto previo, "la búsqueda de cómo puedo yo abordar escribir un libro gordo”, explica. El impulso definitivo llegó cuando su editora le propuso desarrollar el texto para la colección de ensayo. Ha sido aproximadamente un año de trabajo, "un proceso duro de escribir, reescribir, buscar”, recuerda.
"Me gusta que intenté explicitar un poco ese proceso de escritura”, señala González Rossi. “Escribir es fallar y coger ese fallo, tirar para adelante y llegar a ideas a las que no habías llegado”.
