Cuando los guanches encontraban todas las respuestas en los astros

El profesor Miguel Ángel Martín recoge en una charla la sabiduría del pueblo guanche para interpretar el cielo como fuente de culto religioso

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Los guanches ubicaban sus lugares de culto siguiendo la alienación de los astros, principalmente el Sol./ D López IAC.
Los guanches ubicaban sus lugares de culto siguiendo la alienación de los astros, principalmente el Sol./ D López IAC.

Antes de ser una línea, el tiempo era un ciclo. En su peregrinaje por los cielos, el Sol recupera su posición en cada solsticio y equinoccio insinuando que, siempre que parece acercarse el fin, lo que comienza es un nuevo principio. Esta cosmovisión era también propia de los guanches, considerados ya desde el siglo XIV un pueblo adorador del Sol, la Luna y las estrellas. Como consecuencia del discurrir circular del tiempo, la vida no acababa en la muerte, si no que era tan solo un paso más en la existencia, antes de volver a empezar. "Los muertos vivían y compartían con los vivos a través de celebraciones", comenta Miguel Ángel Martín, prehistoriador, autor del libro Cosmovisión Awara y especialista en cultura de los antiguos canarios, durante una charla en Tenerife organizada por la asociación Tegüico.

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Miguel Ángel Martín flanqueado por los organizadores del evento, de la asociación Tegüico.

Este profesor palmero se afana en recuperar el maltratado legado guanche pero, sobre todo, en comprender su significado. Los yacimientos con grabados en piedra o las estaciones con canales y cazoletas proliferan por toda la geografía tinerfeña como vestigios incomprendidos del pueblo amazigh que nos precedió. De raíz naturalista y animista, la sociedad de los antiguos pobladores de Tenerife atribuía a barrancos, montañas o árboles la cualidad de tener alma propia. Dentro de sus creencias traídas del norte de África, el cielo era "lo que había que imitar" y, a través de esta visión cósmica, unida al culto a sus antepasados, desarrollaron sus propios mitos, transmitidos en cuentos y narraciones.

La voluntad de Magec

El estudio de los grabados encontrados en yacimientos, así como de las estaciones de canales y cazoletas excavados en piedra, ha revelado ciertas características comunes. En contra de la creencia generalizada, estas manifestaciones no suelen localizarse en la parte más alta de las montañas, si no al pie de las mismas o en caminos y senderos. Los guanches elegían la ubicación de acuerdo a la posición del Sol en solsticios y equinoccios, de manera que Magec apareciera tras el pico más prominente del paisaje. A pesar de ello, ninguna de los lugares sagrados se encuentra alineado con El Teide, quizá para no perturbar el descanso de Guayota, el demonio que moraba en el infierno de Echeide.

cazoletas alineadas
Cazoletas alineadas con el Sol y el pico de la montaña.

Esta alineación entre Sol y montaña determinaba el lugar donde los guanches realizarían sus reuniones o rituales, obedeciendo a la voluntad que Magec les marcaba con su luz. Entre las localizaciones que cumplen esta premisa destaca el Roque de Dos Hermanos en Punta del Hidalgo donde, en el solsticio de invierno, los rayos solares se cuelan entre estas dos piedras gemelas para acabar iluminando las cazoletas excavadas en las rocas del litoral. Miguel Ángel ha constatado que este baile mágico entre luz y roca puede presenciarse en varias localizaciones de la Isla, como en el Roque de Ichasagua desde el Veril, coincidiendo con los solsticios. Pero también en el Roque de Chijafe o el Tagoro de Bujame, entre otras, se aprecia este propósito de poner a la tierra en sintonía con el cielo. Son tantos casos que no podrían explicarse solo por casualidad.

Dos hermanos
El Sol se cuela entre los Dos Hermanos de Punta del Hidalgo.

Dos de febrero, quince de agosto

Con la implantación del cristianismo en Canarias las creencias del mundo guanche se mezclaron con el credo católico. Este proceso de sincretismo religioso propició particularidades como la propia imagen de la Virgen de Candelaria, con su característica tez morena. Además, al contrario que la mayoría de festividades, la Patrona de Canarias cuenta con dos fechas marcadas en el calendario: el 2 de febrero, Purificación de la Virgen, y el 15 de agosto, día de la Asunción.

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Ermita de San Blas, sobre la Cueva de Achbinicó.

Miguel Ángel entiende esta doble conmemoración desde la tradición guanche que vinculaba a la Morenita con la estrella Canopo, la más brillante en el horizonte las noches de febrero. Tras pasar por este estado de fulgor, el astro desaparece durante cuatro meses del firmamento pero vuelve a resurgir a partir del 15 de agosto, alcanzando el denominado orto helíaco en el día de la Asunción.

Los ciclos solares, comenta Miguel Ángel, podrían incluso explicar el motivo por el que se designó la Cueva de Achbinicó como lugar para el culto de la Virgen de Candelaria. Y es que, precisamente el dos de febrero, el sol sale por la montaña de Gáldar y la luz viaja desde Gran Canaria hasta alinearse con esta cueva, reconvertida posteriormente en Ermita de San Blas, donde los guanches adoraron la primitiva imagen de la Patrona.