El director de cine tinerfeño José Alayón culmina este viernes con el estreno de La Lucha, un viaje de seis años al corazón de uno de los elementos más significativos de la identidad en el archipiélago: la lucha canaria.
Se trata de la segunda película de Alayón, quien se encuentra sumergido en plena campaña promocional y participa en una entrevista con EFE en el terrero insular de lucha Pancho Suárez, situado en las montañas de Santa Cruz de Tenerife.
Muchas capas
Rodeado por la arena donde compiten los “puntales”, como se denomina a las estrellas de los clubes, el director explica que la película “no es la clásica historia de superación y ganadores” del cine clásico deportivo, sino más bien una cinta que “tiene muchas capas”, pero que trata del universo de la lucha canaria y “cuenta la historia de un padre y una hija” que tienen que superar “la muerte de la madre”.
Su vínculo con la lucha canaria, continúa, comenzó de “chiquitito” como “otros muchos canarios”, porque en su pueblo había un terrero y como él era corpulento llegó a practicarla durante un tiempo. Años más tarde, siendo cineasta, volvió a descubrirla y a enamorarse de ella. De esa pulsión nace este proyecto.
“A mí me gusta mucho reflexionar el cine a partir de los cuerpos, del movimiento. Creo que el cuerpo esconde el misterio de toda la narración y los conflictos. Cuando fui al terrero y vi esos cuerpos doloridos, sudando, me empecé a imaginar los posibles conflictos que podían tener cada uno de esos luchadores y luchadoras en su día a día y me pareció una metáfora muy bonita y muy sencilla”, detalla el director.
Un reparto formado por luchadores
Pero antes de comenzar a grabar, Alayón tuvo que tomar una decisión clave para la historia: trabajar con actores a los que enseñar a luchar o hacerlo con luchadores a los que introducir en la actuación. El tinerfeño tuvo clara la respuesta y dedicó, junto con su equipo, dos años a ver a luchadores y luchadoras para “construir una familia” que diera forma a la ficción, donde destaca la presencia del herreño Tomasín Padrón, quien a sus 48 años, de los cuales lleva 40 años compitiendo, encarna al protagonista del film junto a la joven actriz majorera Yazmina Estupiñán, su hija en la pantalla.
“El casting fue muy íntimo, muy psicoanalítico, en el que la gente se desnudó y entendimos mucho más el universo, la pasión y la obsesión por la lucha. Y de alguna forma lo utilizamos para escribir, también para reescribir, para conseguir a los personajes, que era el fin final. La idea de trabajar con luchadores me parecía mucho más honesta, porque de alguna forma hay una verdad”, confiesa Alayón.
Tradición
La lucha canaria, prosigue, “es una tradición que va mucho más allá del deporte”, un rito que es como “una pertenencia al pasado” y que viene de los guanches, los antiguos pobladores de las islas antes de la conquista, algo que según el director ha creado “una especie de orgullo” en quienes participan de ella, algo “antiguo y misterioso” que pasa de “generación en generación”.
“Se habla mucho de la nobleza de la lucha, pero nosotros no queríamos abordarlo desde el tópico. Queríamos entenderlo y vimos algo que trasciende a los luchadores. En otros deportes de contacto no tienes que tener esa nobleza, aquí tú tienes tu rabia, pero tienes que levantar al otro después de la luchada porque es una regla que te trasciende a ti mismo, a tu individualidad”, indica el director.
Es por eso, prosigue, que decidieron hacer una película que abordara “un conflicto íntimo”, donde la “no comunicación” está presente entre un padre y una hija que superan un duelo, donde intentan “no abrir sus sentimientos”. “La película también puede tener una línea que habla sobre la masculinidad. Estos cuerpos tan grandes pero frágiles a la vez, que tienen que transitar la vida. Todos perdemos a seres queridos en nuestra vida, pero ¿qué pasa si los has perdido y al día siguiente tienes que luchar? Me parecía que anteponer todos esos conflictos podría dotar de matices a la obra”, puntualiza Alayón.
Fuerteventura, belleza y dureza
Un universo de sentimientos que recae también sobre el paisaje de la isla de Fuerteventura, explica el director, quien admite que escribió la obra pensando en el sur de Tenerife, pero el desarrollo de la idea lo llevó hasta esta isla donde “la pasión por la lucha es increíble”.
“Fuerteventura fue diciéndome que era ahí donde tenía que filmar, por la aridez, que es un paisaje de ausencia. En el sur de la isla las casas están muy dispersas y me recordó a los westerns, donde el paisaje es importante y da sensación de soledad. Venía bien a una película que habla de un tema íntimo, de comunicación. No quise convertirla en una postal, sino que se viera su belleza y su dureza”, indica el tinerfeño.
A un día del estreno, Alayón admite que el resultado final no es suyo, sino “del espectador”, y se muestra emocionado de estrenar la obra en el archipiélago junto a amigos con los que ha trabajado como los coguionistas Samuel Delgado y Marina Alberti, quien también es productora ejecutiva, o el director de fotografía Mauro Herce, recientemente nominado al Oscar por su participación en Sirat.
“Esta ha sido una película de proceso, de amistad. Me gusta pensar en el cine así, al igual que la familia de la lucha, o cualquier familia que intenta mantenerse unida (…) Por eso también tengo ganas de que esté en los cines de Canarias, porque creo que es una película que de alguna forma nos toca, nos identifica, hay algo ahí que de alguna manera habla sobre quiénes somos, de una manera muy sencilla”, concluye Alayón