En otoño de 1918 la gripe española arrasó con millones de personas. Colapsó servicios sanitarios y causó más de 147.000 muertes en un año. La enfermedad causó una crisis demográfica, con una tasa de mortalidad inusualmente alta entre los jóvenes de 20 a 40 años. Canarias, a pesar de su lejanía con la Península Ibérica no se quedaría ajena a la enfermedad, aunque ahora se crea que el hantavirus en un crucero de lujo es el primer hecho de estas características al que se enfrenta el Archipiélago.
En el libro Epidemia a bordo de la colección Episodios Insulares, la escritora canaria Mercedes Arocha rescata un hecho —al parecer— desconocido de la historia de Canarias: la llegada en 1918 de un barco con una epidemia de gripe a bordo, en plena expansión de la pandemia más letal del siglo XX. Basada en hechos reales documentados en archivos de Las Palmas de Gran Canaria, la obra reconstruye cómo el vapor Infanta Isabel intentó atracar en el Puerto de la Luz, desatando un conflicto entre autoridades y obligando a tomar decisiones que marcarían el destino de cientos de personas.
Más de un siglo después, su relato no solo recupera la memoria histórica del Archipiélago, sino que invita a reflexionar sobre cómo se han gestionado las crisis sanitarias desde entonces y qué ha cambiado —o no— en nuestra forma de afrontarlas.
Un barco con enfermedad letal
El vapor Infanta Isabel partió desde La Coruña con destino a América. A bordo viajaban personas que huían de la I Guerra Mundial, sin saber que algunos ya estaban contagiados.
“La epidemia se declaró en el barco”, explica la escritora Mercedes Arocha, que ha investigado este episodio durante meses en archivos históricos de Las Palmas de Gran Canaria. “Ya había gente que se había contagiado sin saberlo y entonces la epidemia se declaró a bordo”.
La situación se agravó durante la travesía y cuando solo quedaba un día para que atracase en el puerto, llega el siguiente radiograma: “Llegamos al amanecer. 75 casos de grippe. 18 graves. 5 defunciones”, y lo que vino después fue una mezcla de caos, miedo, incertidumbre y mucha valentía.
La decisión que evitó la tragedia
La llegada del barco generó un conflicto inmediato entre las autoridades. Permitir el desembarco podía suponer una catástrofe sanitaria para la isla.
“Si ese barco atracaba en Las Palmas, la población de Gran Canaria prácticamente sucumbiría a la gripe”, relata Arocha sobre la postura del entonces alcalde, Bernardino Valle y Gracia, que además era médico.
La decisión fue tajante: no permitir el atraque en el puerto principal. En su lugar, se optó por una solución intermedia que marcaría el desarrollo de los acontecimientos.
El lazareto de Gando
El Infanta Isabel fue desviado hacia el Lazareto de Gando, que fue proyectado como un avanzado centro de cuarentena para aislar enfermedades infecciosas, pero apenas se utilizó para este fin. Además, en aquel momento estaba prácticamente abandonado.
“Adecentaron un poco el lazareto y allí empezaron a evacuar a los pacientes”, explica la autora. La escena fue tan precaria como dramática, “los evacuaban en burra, a mano, en camillas…”.
Más de 500 personas fueron trasladadas a este espacio improvisado, donde se intentó contener la epidemia en condiciones muy limitadas. Todo ello en una isla que apenas contaba con infraestructura sanitaria. “Hace un siglo no había hospitales. No existían medios”, subraya Arocha.
Una historia documentada
A diferencia de lo que podría parecer, la historia tiene una base documental sólida. La autora trabajó durante meses en archivos históricos para reconstruir lo ocurrido, y aunque parece de película, la realidad superó a la ficción.
“Casi todos son personajes reales, prácticamente todos”, afirma. Entre ellos, médicos, religiosas y figuras anónimas que atendieron a los enfermos.
Incluso hay detalles que reflejan la dimensión humana de la tragedia, como el caso de una cantante que acudía al lazareto. “Había una mujer que cantaba coplas a los enfermos. Todo eso está documentado”.
La única licencia narrativa del libro son dos personajes ficticios —una madre y una hija— que sirven como hilo conductor de la historia. Contar más de ellas dos sería un spoiler, y no leer este libro, un absurdo.
El contexto de una pandemia global
El episodio del Infanta Isabel no se entiende sin el contexto de la gripe de 1918, que se extendió por el mundo en plena Primera Guerra Mundial.
“Murieron más personas de gripe que incluso del propio conflicto”, recuerda Arocha. Aunque se la conoce como gripe española, su origen se sitúa en Estados Unidos y su expansión estuvo ligada al movimiento de tropas.
En España, la situación fue diferente por la neutralidad del país, aunque el tránsito de personas facilitó igualmente los contagios.
Mirar al pasado con ojos del presente
Más de cien años después, la historia resuena con fuerza en un contexto en el que las alertas sanitarias vuelven a poner el foco en la llegada de enfermedades por vía marítima.
Para la autora, las diferencias con la actualidad son evidentes, pero también hay elementos que invitan a la reflexión.“Ahora supongo que estaría todo más controlado, con hospitales y medios, pero entonces no había nada”, explica. Sin embargo, destaca también un aspecto que considera clave: la actitud de las personas.
“Había una valentía impresionante. El alcalde, con casi 70 años, iba al lazareto a atender a los enfermos. Había más solidaridad”, señala.
El caso del Infanta Isabel demuestra que, mucho antes de la medicina moderna, ya se tomaban decisiones difíciles para intentar proteger a la población. Decisiones que, a día de hoy, parten del propio miedo e incluso, del egocentrismo.
Quizá una lectura ligera como Epidemia a bordo nos sirva de ejemplo histórico para mirar la realidad bajo otro prisma diferente, uno que no nos aleje como personas individuales y sea capaz de conectar nuestra parte más humana. Al fin y al cabo aunque cambien los medios, hay algo que permanece: la necesidad de actuar rápido ante lo desconocido y de aprender de lo que ya ocurrió. Tenemos una historia muy buena en Canarias de la que podríamos aprender, "pero por desgracia muchas veces es desconocida”, lamenta Arocha.
