La luz entra despacio. Primero apenas roza el altar mayor mientras el resto del templo permanece en penumbra. Después avanza sobre el tabernáculo, atraviesa el manifestador y termina iluminando el rostro del Cristo de la Vera Cruz. Ocurre solo en fechas muy concretas del calendario y no es casualidad.
Durante cuatro años, dos investigadores canarios han tratado de demostrar que la cúpula del Templo Santuario de Santiago de los Caballeros de Gáldar fue diseñada siguiendo los movimientos del sol para provocar ese fenómeno lumínico en los días más simbólicos del calendario religioso.
Ahora por fin lo han demostrado.
Un hallazgo solar
“Esto empezó con intuiciones y observaciones”, explica José Carlos Gil Carreras, científico de datos e investigador del Departamento de Arqueoastronomía de la Asociación Astronómica y Educativa de Canarias Henrietta Swan Leavitt. “Ya existían referencias de iglesias cristianas en la península donde se estudiaban estos juegos de luz en el interior de los templos para crear atmósferas especiales. Cuando vimos el trazado de esta iglesia y la disposición de la cúpula pensamos que aquí podía estar ocurriendo algo parecido”.
La investigación comenzó en 2021 y terminó en 2025. Lo que empezó como una sospecha acabó convirtiéndose en una sucesión de mediciones, cálculos computacionales y observaciones in situ. El objetivo era comprobar si la orientación de la cúpula y de las vidrieras había sido diseñada deliberadamente para dirigir la luz solar hacia los elementos litúrgicos más importantes del templo en fechas concretas como los equinoccios o el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol.
La respuesta fue sí.
El momento clave
“El momento más emocionante fue cuando empezamos a comprobarlo visualmente”, recuerda Gil Carreras. “Veíamos cómo la luz comenzaba a acercarse al Cristo de la Vera Cruz hasta llegar al 25 de julio. Hicimos observaciones los días 24, 25 y 26 y comprobamos que el día central era el 25: ahí la luz iluminaba directamente el rostro y gran parte del torso del Cristo crucificado”.
El fenómeno recibe el nombre de hierofanía: la manifestación de lo sagrado a través de elementos naturales, en este caso la luz solar. La intención, explica el investigador, era generar una experiencia espiritual concreta dentro del templo.
“Lo que se buscaba era crear una atmósfera de recogimiento”, señala. “La iglesia permanece prácticamente en oscuridad mientras la luz se concentra únicamente sobre el altar y la imagen religiosa. Esa incidencia solar directa crea un momento muy especial”.
La clave arquitectónica
Rosetta Martorell Martinón, divulgadora astronómica e investigadora del mismo departamento, insiste en que el fenómeno no puede entenderse separado de la propia historia del edificio. El templo actual se levanta sobre un espacio cargado de simbolismo histórico: las inmediaciones del antiguo Palacio de los Guanartemes.
“Este edificio tiene una historia ancestral muy importante”, explica. “La construcción actual surge gracias al impulso del capitán Esteban Ruiz de Quesada y de la junta promotora de 1877, que consiguió movilizar a todo el vecindario”.
Pero, según Rosetta, una de las claves fundamentales está en la intervención del arquitecto Diego Nicolás Eduardo. “Él modifica ciertos aspectos de la cúpula respecto al plano original y logra esa precisión arquitectónica sin la cual habría sido imposible conseguir esta hierofanía”.
Fechas señaladas
La investigación también ha permitido identificar varias fechas especialmente relevantes para observar el fenómeno. La primera ocurre durante el Equinoccio de Primavera, cuando la luz empieza a entrar tímidamente en el altar mayor. Después llega uno de los momentos más importantes: el 22 y 23 de mayo, fechas que coinciden con la colocación de la primera piedra del templo y con la celebración de la aparición de Santiago.
Finalmente, el punto culminante se produce el 25 de julio.
“Ese es el gran día”, resume Gil Carreras. “Es cuando la incidencia de los rayos solares alcanza directamente al Cristo”.
Un patrimonio vivo
El estudio no solo aporta una nueva lectura simbólica del templo galdense. También abre una puerta a futuras investigaciones sobre otros edificios religiosos del archipiélago.
“Hay otras iglesias del mismo arquitecto donde estamos investigando si también existe esta incidencia de la luz solar”, adelanta el investigador. “Es una línea de trabajo que sigue abierta”.
Ambos investigadores insisten en que el hallazgo debe entenderse como un nuevo valor patrimonial del templo. No solo por su arquitectura o por su relevancia histórica, sino también por este fenómeno intangible que mezcla astronomía, religión y conocimiento técnico.
“Queremos que esto ayude a tomar conciencia del valor patrimonial que ya tiene la iglesia”, afirma Gil Carreras. “La capacidad que tenían estos arquitectos para orientar una construcción de esta manera y conseguir estos efectos de luz demuestra un conocimiento impresionante”.
Y quizá ahí reside parte del asombro que provoca el descubrimiento: pensar que hace más de dos siglos alguien diseñó una cúpula sabiendo exactamente cómo se movería la luz del sol sobre el altar en un día concreto del año.
