Pablo Batista forma parte de esa nueva generación de artistas canarios que está empujando la música urbana desde las Islas. El cantante grancanario lleva más de cuatro años construyendo un proyecto propio entre la producción autodidacta, los videoclips y un sonido que define como urbano atlántico, una mezcla de ritmos urbanos, referencias latinas y guiños a Canarias.
Ahora dará uno de los pasos más importantes de su carrera con su actuación en el Granca Live Fest, donde se subirá al escenario el próximo 4 de julio dentro de UrbanEñe, la muestra de música urbana para programadores internacionales impulsada por la Fundación SGAE. Una oportunidad que Batista recibe como “un escaparate súper grande” para artistas emergentes y como una forma de demostrar que desde Gran Canaria también se puede mirar hacia fuera sin dejar de sonar a las Islas.
Una oportunidad
Actúas en el Granca Live Fest dentro de UrbanEñe, un escaparate para nuevos talentos urbanos, poniéndote en contacto con programadores internacionales. ¿Cómo estás viviendo este salto?
Todo está siendo súper loco. Sé que va a ser una experiencia brutal. Ya lo está siendo con todo la preparación. Estoy muy agradecido porque también siento que el Granca Live Fest hace un gran trabajo dándole la oportunidad a artistas emergentes para que se pongan ante un público tan grande. Al final es un escaparate súper grande y estoy muy contento, la verdad.
Defines tu sonido como urbano atlántico. En un momento en el que la música urbana está creciendo mucho en Canarias, ¿qué es exactamente ese urbano atlántico para Pablo Batista?
Dentro del género urbano hay muchísimos géneros musicales y a mí me gusta moverme entre ellos, probar cosas y ser versátil. Es verdad que ahora mismo el género urbano está petando en las Islas desde hace unos años y creo que ese problema de la insularidad se está acabando cada vez más. Cada vez van saliendo más artistas fuera, a nivel nacional e incluso internacional en algunos casos. Para mí el urbano atlántico tiene que ver con eso: con ser versátil dentro del género, pero también con hacerlo desde aquí.
Salir o no de las Islas
¿Sientes que la industria musical está mirando más hacia Canarias? ¿O para crecer sigue siendo necesario salir fuera?
Creo que es un punto intermedio. Me arriesgaría a decir incluso que las Islas están un poco de moda, porque ya se está mirando a Canarias como un lugar donde también se hace música y hay artistas muy buenos. Hay muchísima gente con talento aquí y cada vez están saliendo más proyectos fuera. Es verdad que si sales de las Islas seguramente todo vaya un poquito más rápido, pero también siento que ahora el foco se está centrando mucho en Canarias.
En ese camino, ¿qué sigue faltando para que los artistas emergentes canarios puedan crecer desde las propias Islas?
Siento que faltan algunas cosas que harían todo un poquito más fácil. La oportunidad del Granca Live Fest es súper especial, porque casi nadie puede cantar en un festival tan grande siendo artista emergente, pero no debería ser algo tan excepcional.
Creo que falta más ayuda y, sobre todo, más salas. En las Islas hay muy pocos espacios para que los artistas emergentes puedan hacer sus propios conciertos, algo que fuera, en ciudades como Madrid, es mucho más fácil. Entre los artistas canarios cada vez nos apoyamos más, pero todavía falta más estructura y ayuda externa.
Una familia ligada a la música
Vienes del Coro Infantil de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y luego empezaste a producir de forma autodidacta. ¿Cómo se conecta esa formación más clásica con el urbano que haces ahora?
Vengo de una familia que siempre ha estado conectada a la música. Estuve unos cuatro años en el Coro Infantil de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, pero llegó un momento en el que sentí que necesitaba algo con más ritmo, algo más urbano. Empecé a investigar por mi cuenta, con programas de producción musical y probando sonidos.
El coro me dio la formación vocal que tengo hoy, pero también me hizo darme cuenta de que quería algo más animado. Siempre me gustó la percusión, bailar y disfrutar de los ritmos, y por ahí fui encontrando mi camino hacia la producción y la música urbana.
¿En qué momento pasas de producir o probar sonidos a pensar en construir un proyecto artístico propio?
Fue todo un proceso. Empecé produciéndole a amigos del instituto que querían rapear y grabábamos en mi casa de una forma muy poco profesional. Hasta que un día pensé: ¿por qué tengo que estar haciendo música para otras personas si a mí siempre me ha gustado cantar y podría grabarme yo mismo? Cogí un micrófono que tenía en casa, me arriesgué y empecé a subir música a YouTube. Desde el primer vídeo me di cuenta de que me gustaba muchísimo y pensé: quiero dedicarme a esto. Y hasta el día de hoy.
Guiños a Canarias
En tu música y en tus videoclips aparecen referencias a Canarias, aunque no siempre estén en primer plano. ¿Sientes que llevas esa bandera contigo?
Sí. No lo hago de una manera tan presente en las letras, pero siempre busco ir dejando algún mensajito y estar presente con las Islas. En el videoclip de Disfrazao, por ejemplo, sale el drag, se apoya el tema del carnaval y aparece incluso la bandera canaria. Además, Drag Shiky es mi hermano, y lo vimos como una oportunidad muy buena para darle más visibilidad a todo ese mundo.
Ahora en verano saco Muchacha, que es un reparto cubano, pero combinado con esa palabra tan canaria y con otras referencias de aquí. Me gusta coger un género que se está escuchando mucho y llevarlo también a mi terreno.
Justo esa parte visual tiene mucho peso en tu proyecto. ¿Crees que hoy un artista urbano tiene que pensar también como creador audiovisual?
Creo que es muy importante. Para mí los videoclips son una de las cosas en las que más me centro para diferenciarme. Con el presupuesto que tenemos, siempre estoy pensando en llevar la producción visual un poco más allá, porque para mí la parte visual es como nuestro currículo. Hay muchos artistas haciendo canciones, pero cuidar también esa parte ayuda a que el proyecto tenga una identidad y llegue más a la gente.
¿Y qué papel tienen las redes sociales en todo eso?
A día de hoy creo que son una de las cosas más importantes. La gente casi que está buscando más conocer al artista y a la persona que escuchar su propia música. Es raro, pero es así. Por eso siento que es súper importante tanto la parte visual como las redes sociales. Hay que enseñar quién eres, qué haces y qué hay detrás del proyecto. No basta solo con sacar canciones.
Los próximos pasos
En estos años de trabajo, ¿qué ha sido lo más complicado?
Lo más complicado ha sido la visibilidad. Cuesta mucho hacerse ver si no tienes grandes cantidades de dinero para promocionar temas o si no tienes a alguien que te exponga a gran escala.
Por eso lo que me está pasando ahora, después de más de cuatro años haciendo música, es tan gratificante. Lo más bonito es que algo que empezó en casa, como “a ver qué pasa”, de repente empiece a dar frutos. Que un día estés haciendo una entrevista con un periódico porque vas a salir en uno de los festivales más grandes a nivel nacional es una locura.
Después del Granca Live Fest, ¿qué sería para ti dar un paso adelante? ¿Dónde tienes puesta la energía ahora?
Ahora mismo toda la energía está centrada en los directos y en los conciertos. Ojalá después del Granca Live Fest me escuche algún promotor, le guste mi contenido y quiera apostar por mis directos.
De hecho, el 17 de octubre estreno mi primera producción en formato de una hora en el Nuevo Teatro Viejo de Arucas. Se llama El Cubo y se trata de un show de música, danza e iluminación, porque toda esa parte va a ser súper importante. Y, además, este verano saco Muchacha, un reparto cubano con un ritmo muy veraniego, pero combinado con palabras y guiños canarios. Me apetecía mucho hacer esa mezcla.
