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Homenaje a Dania Dévora. Quique Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria se llena de música y versos por Dania Dévora

La plaza de Santa Ana acogió un emotivo homenaje a la productora canaria con música, poesía y teatro en una noche marcada por el recuerdo, la emoción y el reconocimiento a su legado cultural

La plaza de Santa Ana acogió anoche uno de esos encuentros que desbordan la agenda cultural para instalarse en un lugar más profundo: el de la memoria compartida. Música y versos para Dania fue, desde el primer instante, mucho más que un homenaje. Fue una celebración serena y luminosa de la vida, la sensibilidad y el legado de Dania Dévora, figura imprescindible para entender la historia cultural reciente de Las Palmas de Gran Canaria.

Impulsado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en el marco de las Fiestas Fundacionales de la ciudad, el acto reivindicó también la profunda huella que Dania dejó en la identidad cultural de la capital, donde fue pregonera de las Fiestas Fundacionales e Hija Predilecta de la ciudad.

Una noche de memoria

La tarde caía con calma sobre Vegueta, envuelta en una temperatura amable y una brisa leve que parecía acompañar el recogimiento de quienes iban ocupando la plaza. Familiares, amigos, compañeros de camino y miembros de DD&Company —la productora que Dania creó y dirigió— se reunían entre abrazos, conversaciones en voz baja y esa emoción contenida que solo acompaña a las grandes ausencias. Incluso la lluvia amagó con hacerse notar, pero apenas fue un gesto fugaz, como si también ella hubiera entendido el carácter íntimo de la noche.

Con el respeto, el cariño y la atención de los asistentes como telón de fondo, arrancó el acto bajo la conducción de Lara López, encargada de ir hilvanando, con cercanía y sensibilidad, un recorrido por la trayectoria vital y profesional de Dania. Lo hizo dibujando desde el principio una imagen poderosa de su forma de entender la creación: alguien que “escribía poesía cuando programaba” y para quien la música trascendía el sonido para convertirse en permanencia, en huella.

Primeras emociones

El primer bloque artístico abrió con María Rodés, quien interpretó Pena, penita, pena y Carta al diablo, evocando el espíritu de Voces de Ellas, uno de esos espacios donde Dania siempre apostó por la sensibilidad y la voz propia.

Después llegó el turno de Julián Maeso, quien emocionó con Before They Leave, una pieza dedicada a Dania que, como él mismo subrayó, “está hoy con nosotros aquí”, provocando uno de los primeros silencios densos de la noche.

La memoria escénica de Don Juan Tenorio en Vegueta tomó cuerpo después con Selene Rodríguez y Juanjo Artero, quienes devolvieron a la plaza fragmentos de aquel universo que Dania sostuvo durante años en Vegueta. Durante unos minutos, el barrio volvió a convertirse en ese escenario abierto donde teatro y ciudad se fundían.

Panorámica de la plaza de Santa Ana durante eel homenaje. Quique Curbelo

Presente y futuro

Uno de los momentos más íntimos llegó de la mano de Germán López y Yuniel Rascón, que recordaron su vínculo con Dania desde la gratitud: “Tuvimos la suerte de ser parte de las ilusiones de Dania”. A esa emoción se sumó una frase que condensó el espíritu entero del homenaje: “Me niego a hablar de Dania en pasado. Ella es presente y futuro”.

A medida que avanzaba la noche, Lara López fue trazando el mapa de una mujer que hizo de la mezcla su territorio natural. Recordó que para Dania la cultura solo crece cuando desaparecen las disciplinas y evocó su extraordinaria capacidad para reunir universos aparentemente imposibles, sentando en la misma mesa a creadores tan distintos como José María Sicilia y Enrique Morente. Toda su trayectoria, insistió, fue una búsqueda incesante de puntos de encuentro.

Ese mismo espíritu también aparecía recogido en las palabras que Sergio Miró, hijo de Dania, dejó escritas en el programa de mano entregado a los asistentes. En ellas definía el homenaje como “una gran fiesta para celebrar la cultura, la sensibilidad y el trabajo bien hecho”, y reivindicaba ese empeño casi infinito de su madre por seguir imaginando proyectos, incluso aquellos que todavía aguardaban su momento.

El gran cierre

Antes de la segunda parte, Lara López regaló otro de los instantes de mayor delicadeza de la noche con la lectura de un poema propio, escrito para la ocasión, una pieza cargada de afecto y memoria que sirvió como puente emocional hacia el gran cierre.

Ese cierre llegó con la aparición de Le Muse, dirigidos por Andrea Albertini, en un concierto dedicado a Ennio Morricone. Un proyecto que, de algún modo, también formaba parte de esas ideas que Dania soñó levantar y que anoche encontraron finalmente su forma.

Sonaron partituras inmortales como Átame, El bueno, el feo y el malo y Cinema Paradiso, en un viaje sonoro que convirtió la plaza en un espacio suspendido entre cine, emoción y recuerdo. La música hizo lo que Dania siempre buscó: reunir sensibilidades distintas en una misma experiencia compartida.

Un legado vivo

Y así, entre versos, canciones, teatro y memoria, Las Palmas de Gran Canaria volvió a abrazar a una de sus grandes arquitectas culturales. Porque anoche no se habló de ausencia, sino de permanencia. De esa manera silenciosa pero poderosa en la que algunas personas siguen habitando los lugares, incluso cuando ya no están.

Y anoche, la ciudad volvió a decirle gracias.