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Gonzalo de Castro, Dafne Fernández, Almudena Amor, Martín Cuervo, Lydia Palencia y Álvaro Cavadas / FERNANDO TORRES

Un chico en un tejado y una familia al borde del colapso: así se rueda en Gran Canaria 'Desde arriba', la película más incómoda del año

La película, rodada en su mayoría en una finca aislada de Firgas, mezcla humor incómodo, tensiones familiares y silencios absurdos en una historia que el propio reparto define como “diferente a todo lo habitual”

Hay películas que nacen de una gran explosión. Otras, de una persecución imposible, un crimen o una despedida. Y luego están las que empiezan con algo aparentemente mínimo: un chico subido a un tejado mientras abajo los adultos intentan fingir que todo sigue funcionando con normalidad.

En esa tensión absurda —entre el drama y la rutina, entre el caos y la necesidad desesperada de mantener las apariencias— se mueve Desde arriba, la nueva producción de Inefable Productions (ISII Group), que rueda estos días en Gran Canaria una historia que no se parece demasiado a la comedia española habitual.

La casa donde transcurre gran parte de la película está escondida entre la vegetación de Firgas. Es enorme, silenciosa y está rodeada por un paisaje que parece aislado del mundo. Desde el tejado se ven montañas, árboles y un horizonte limpio. Allí, durante las próximas cuatro semanas, convivirán cámaras, focos y un reparto que habla de la película casi con la misma mezcla de desconcierto y entusiasmo que transmiten sus personajes.

“Es una película muy especial, muy diferente. No es a lo que estamos acostumbrados”, resumía el director Martín Cuervo durante la rueda de prensa del rodaje.

Álvaro Cavadas, Martín Cuervo y Gonzalo de Castro / FERNANDO TORRES

Una comedia rara

Lo curioso es que nadie en el equipo termina de definir Desde arriba como una comedia al uso. La palabra aparece constantemente, sí, pero siempre acompañada de matices: “incómoda”, “seca”, “elegante”, “surrealista”.

El punto de partida parece sencillo. Lucas, un adolescente interpretado por Álvaro Cavadas, decide subirse al tejado de la casa familiar. No amenaza con lanzarse. No hay histeria explícita. Pero su presencia allí arriba obliga a todos los personajes a enfrentarse a lo que llevan demasiado tiempo evitando.

“Todos son un poco idiotas y les quieres mucho”, decía entre risas Cuervo al describir a sus protagonistas.

La frase resume bastante bien el tono de una película donde el humor no nace del chiste evidente, sino de observar cómo reaccionan las personas cuando pierden el control y aun así intentan seguir aparentando normalidad.

Gonzalo de Castro, que interpreta a Gaspar, definía la historia como “una comedia amable” sobre una familia “un poco viciada” que necesita sanar heridas antiguas. Y quizá ahí está una de las claves de la película: debajo del absurdo hay algo profundamente reconocible.

Un casting difícil

El descubrimiento del rodaje tiene nombre propio: Álvaro Cavadas.

Canario y prácticamente desconocido para el gran público, el actor consiguió el papel tras un casting nacional especialmente largo. El director reconoció que el personaje era tan complejo que necesitaban encontrar a alguien “muy especial”. Cuando apareció él, tuvieron claro que habían encontrado a Lucas.

“Álvaro es Lucas”, llegó a afirmar Cuervo durante la presentación.

El actor, todavía sorprendido por verse rodeado de intérpretes a los que llevaba años viendo en televisión, confesó que recibió la noticia justo cuando acababa de incorporarse a un trabajo fuera del sector audiovisual.

“Iba a cruzar la puerta y me llegó el mensaje de que me habían cogido”, contó entre risas. “Me puse a chillar”.

Pero hay otro detalle curioso detrás de su personaje. Aunque es canario, en la película habla con acento neutro. Y para mantener la concentración, ha decidido no abandonar ese registro durante todo el rodaje.

Eso significa que durante semanas hablará así dentro y fuera de cámara, incluso en los descansos, intentando que el personaje no se rompa en ningún momento.

La casa perfecta

Encontrar la localización principal tampoco fue sencillo.

La producción necesitaba una vivienda muy específica: aislada, con un tejado concreto, vistas abiertas y una sensación de encierro emocional pese a estar rodeada de naturaleza. Visitaron varias opciones, pero la primera casa que vieron terminó convirtiéndose en una obsesión.

“Todas las demás perdían frente a esta”, admitió el director.

La finca de Firgas funciona casi como otro personaje más. Desde allí se construye toda la tensión de la película: los personajes atrapados abajo mientras Lucas permanece arriba, observándolo todo desde el tejado.

Antes de instalarse definitivamente en la casa, el equipo ya había rodado exteriores en distintos puntos de Gran Canaria: el Teatro Cuyás, carreteras cercanas al Roque Nublo, la estación de guaguas de Teror e incluso un hospital de la isla.

El cine incómodo

Durante toda la rueda de prensa hubo una idea que se repetía constantemente: esta no es una película construida sobre grandes gags.

El propio reparto insistía en que el humor aparece desde lugares mucho más incómodos. Desde silencios, tensiones familiares y situaciones ridículas que podrían sucederle a cualquiera.

Dafne Fernández hablaba de una historia “particular” y “diferente a lo que estamos acostumbrados a ver”, mientras Almudena Amor defendía que la película retrata perfectamente lo surrealista que puede llegar a ser la vida cotidiana.

Hay algo muy francés —como reconocía el propio director— en esa manera de convertir el desastre emocional en una comedia incómoda y elegante. Reírse mientras algo dentro del personaje se rompe.

Quizá por eso, incluso en medio del rodaje, nadie habla de Desde arriba como una película ligera. Todos la describen más bien como un pequeño riesgo. Una rareza. Una historia que no intenta hacer gracia a toda costa, sino encontrar humor exactamente en el lugar donde más duele.