Visto desde lo alto, el barrio de La Isleta se muestra como una masa humana y urbana que se extiende sobre un territorio intermedio entre la silueta de los volcanes silentes y un océano dividido por el istmo de Las Palmas de Gran Canaria.
Si hacemos que la mirada descienda, sobrevolando las azoteas, llegará un momento en el que se detenga en la cuadrícula que ocupan las canchas del colegio público León y Castillo. Aquí llama la atención el grafiti que representa a dos leyendas del baloncesto: Michael Jordan y el desaparecido Kobe Bryant. Sabemos entonces que hemos llegado a uno de los lugares donde late con fuerza el espíritu más genuino del deporte de la canasta en Gran Canaria. Es el lugar de entrenamiento de los Pitufos Basket.
Más de 30.000 personas viven, sueñan y mantienen viva la identidad de La Isleta por encima de la histórica imprevisión urbanística, así como de la carencia de múltiples recursos e infraestructuras. Esto se ha traducido en múltiples inconvenientes, incluida la falta de canastas en el espacio público.
Una temporada perfecta
En este contexto, el equipo del barrio, Pitufos Basket, se alzó en la temporada 2025-2026 con el título de la Liga Insular Infantil de Baloncesto de Gran Canaria tras completar una temporada perfecta: ni una sola derrota. Además, también se proclamaron campeones del Torneo de San Sebastián de La Gomera.
Este año les tocó alzar trofeos, bailar en grupo a la puerta de pabellones cubiertos y recintos de toda la isla tras llevarse una victoria más y beber champín, ellos y ellas, curtidos y curtidas al solajero, el viento y la lluvia. El invierno les restó muchas horas de entrenamiento, pues su pista carecía de techo, igual que sus sueños. Aunque los sueños también se entrenan.
Recibieron felicitaciones públicas del presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, que subrayó el agradecimiento de la sociedad insular por demostrar “que con esfuerzo y humildad se pueden alcanzar las metas más altas”. En la misma línea se manifestó la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias.
Valores por encima del marcador
El verdadero triunfo había llegado mucho antes y tenía que ver con los valores deportivos, de compañerismo, solidaridad y compromiso de los que ha hecho gala el equipo a lo largo de la temporada y de toda su trayectoria.
Sí. Ganaron la final. Y se llevaron la copa a casa. Pero había determinadas cosas que habían ganado desde el principio, como si estuvieran aferrados y aferradas a una frase pronunciada precisamente por Michael Jordan, cuyo rostro les ha observado cada día mientras entrenaban. Quizás les susurrara sus pensamientos: “El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos”.
Así hicieron. De hecho, una de las virtudes de Pitufos Basket es que es un verdadero entorno familiar y de respeto mutuo, igual, curiosamente, que se dice de la selección nacional absoluta de baloncesto. En este caso, además, el club ejerce una función facilitadora de la cohesión social, de encuentro y, sobre todo, de integración e inclusión para niños, niñas y familias en el más amplio sentido de la palabra.

La fórmula del éxito
Todos y todas encajan, posean un talento especial para el baloncesto o no hayan jugado antes ni medio minuto. Pueden estar. Y sobre todo pueden ser, con mayúsculas. No ocurre igual en todos los lugares, ni en el deporte ni en otros muchos espacios. El éxito de Pitufos Basket es fruto de la diversidad y la mirada abierta.
La fórmula secreta posee un ingrediente fundamental que puede ser desvelado. Se trata de la familia que está al frente de este proyecto deportivo y social, formada por el matrimonio que forman Julio César Pino Almeida y Margarita Irene Ramírez Medina, con el apoyo de sus hijos César e Iván.
Les han enseñado a jugar mejor a baloncesto. Y también les han trasmitido la importancia de la buena educación y de saber ganar y perder. No en vano, la temporada anterior tuvo el sabor predominante de la derrota, al menos en el marcador. Julio y Margarita se quitan medallas y se las cuelgan a “los chiquillos”. Pero todos y todas saben que son alquimistas que han convertido en oro a la materia prima del grupo.
Historia circular y legado
Margarita es una comprometida integrante del ecosistema del baloncesto en la isla. En el caso de Julio César Pino Almeida, la vida ha escrito en él una de esas imprevisibles historias circulares, ya que formó parte de los Pitufos Basket que ganaron la Liga Insular y también la Regional en el año 1984.
La mirada se eleva de nuevo, como un cernícalo que afina la mirada en busca de no se sabe bien qué en el entramado de la ciudad. En el caso de La Isleta, el eco del bote de los balones de baloncesto forma parte de la memoria y el presente del barrio, elevándose como una promesa sobre el ruido del tráfico, el trasiego de gentes y la tentación de caer en la desidia o el derrotismo. Un Pitufo jamás lo haría.
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