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El deporte comunitario gana peso como herramienta frente a la soledad no deseada en Canarias. AH

Cuando el deporte también sirve para no sentirse solo

El informe 'Deporte y soledad: los beneficios del ejercicio físico en la salud psicosocial', impulsado por SoledadES, Fundación ONCE y Fundación AXA, sitúa la actividad física como una herramienta clave frente a uno de los grandes problemas sociales

Durante años, el deporte se explicó casi siempre desde el rendimiento, la salud física o la competición. Correr para adelgazar. Entrenar para mejorar marcas. Hacer ejercicio para prevenir enfermedades cardiovasculares. Pero hay otra dimensión menos visible que empieza a ganar peso en estudios e instituciones: la capacidad del deporte para combatir la soledad no deseada.

Ese es precisamente el eje del informe Deporte y soledad: los beneficios del ejercicio físico en la salud psicosocial, elaborado por el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada SoledadES junto a Fundación ONCE y Fundación AXA. Un documento que coloca la actividad física en el centro de un debate cada vez más presente en España, el de cómo reconstruir vínculos sociales en una sociedad donde cada vez más personas viven aisladas emocionalmente.

El punto de partida es contundente. El Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, también impulsado por SoledadES, estima que alrededor de una de cada cinco personas en España sufre soledad no deseada. No se trata únicamente de vivir solo. Tampoco de una cuestión asociada exclusivamente a la edad avanzada. La soledad no deseada aparece vinculada a la falta de relaciones significativas, a la sensación de aislamiento y a la ausencia de vínculos emocionales sólidos.

Juventud y tercera edad

Y los datos muestran además una transformación importante del fenómeno. La serie estatal recogida por SoledadES refleja que el porcentaje de personas que afirman sentirse solas con frecuencia pasó del 11,6% en 2016 al 18,8% en el segundo trimestre de 2021, coincidiendo con el impacto social de la pandemia, para situarse posteriormente en el 13,5% en 2024. El problema sigue teniendo una dimensión muy relevante, especialmente entre los jóvenes de 18 a 24 años —donde las cifras oscilan entre el 30% y el 35%— y entre las personas mayores de 65 años, sobre  el 25%.

En ese contexto, el informe sobre deporte y salud psicosocial plantea una idea cada vez más respaldada por la evidencia: el ejercicio físico no solo mejora el cuerpo; también puede actuar como un mecanismo de conexión social, pertenencia y bienestar emocional. La clave está menos en el rendimiento y más en la experiencia compartida.

El documento insiste en cómo la actividad física favorece la interacción social, genera rutinas comunitarias y ayuda a construir relaciones. El simple hecho de acudir regularmente a un espacio deportivo, caminar en grupo, participar en actividades organizadas o pertenecer a un club puede convertirse en un factor protector frente al aislamiento.

También disciplinas individuales

Y eso incluye también a muchos deportes considerados tradicionalmente individuales. El informe no establece una oposición entre deportes colectivos e individuales, sino que pone el foco en la dimensión social que genera la práctica física. Un corredor popular que entrena varias veces por semana con otras personas, un grupo de senderismo, aficionados que salen a pedalear juntos o jugadores habituales de tenis pueden construir dinámicas de relación tan valiosas como las de cualquier deporte de equipo. Lo importante no es únicamente la disciplina, sino la capacidad de compartir espacios, rutinas y vínculos.

Estudio en La Laguna

Canarias encaja de manera especialmente interesante dentro de esa reflexión. Aunque no existe actualmente una gran estadística autonómica homogénea sobre soledad no deseada comparable al barómetro estatal, sí aparecen señales parciales que apuntan a un problema creciente también en el archipiélago. Una encuesta municipal difundida en 2024 por el Ayuntamiento de La Laguna reveló que dos de cada tres personas mayores de 55 años afirmaban sentirse solas con frecuencia. Además, el 70% decía no disponer de redes familiares y sociales suficientes y el 65,6% de quienes sufrían soledad no elegida presentaba problemas de salud mental. El estudio es local y no extrapolable automáticamente a todo el Archipiélago, pero sirve como termómetro de una realidad social cada vez más visible.

Y precisamente ahí el deporte adquiere una dimensión que va mucho más allá de la práctica física. En las islas, gran parte del deporte popular mantiene todavía una fuerte carga comunitaria. El senderismo, las caminatas organizadas, los clubes modestos de barrio, las actividades acuáticas o las escuelas deportivas municipales funcionan muchas veces como espacios de encuentro humano. No solo se entrena. También se conversa, se comparte tiempo y se generan vínculos.

Rutinas compartidas

La propia geografía canaria favorece parte de esa relación. El auge del senderismo en los últimos años ha convertido caminos, rutas y espacios naturales en lugares de convivencia social. Caminar acompañado implica hablar, relacionarse y construir pequeñas comunidades temporales que, para muchas personas, terminan formando parte de su red emocional cotidiana.

Algo parecido ocurre con otros deportes individuales muy presentes en las Islas. El running popular, el ciclismo, la natación en mar abierto o incluso deportes como el pádel generan alrededor de sí pequeñas comunidades de entrenamiento, conversación y pertenencia. Muchas veces el verdadero valor de estas actividades no está únicamente en la mejora física, sino en la rutina compartida. Quedar para entrenar, comentar una ruta o coincidir cada semana en el mismo espacio deportivo termina creando vínculos que ayudan a combatir el aislamiento cotidiano.

En municipios pequeños, además, los clubes deportivos siguen ejerciendo un papel social silencioso pero muy importante. Un club de lucha canaria, un grupo de atletismo popular o una escuela municipal de tenis pueden funcionar como espacios de integración intergeneracional en los que conviven jóvenes, adultos y mayores alrededor de una rutina común.

Generación conectada, generación desconectada

El informe de SoledadES conecta precisamente con esa dimensión social del deporte. El ejercicio aparece relacionado con una mejora de la autoestima, reducción del estrés y sensación de pertenencia. Pero sobre todo introduce una reflexión relevante: el deporte puede generar estructuras de relación estables en una sociedad donde muchas dinámicas tradicionales de convivencia se han debilitado.

La hiperconectividad digital no ha evitado el aumento de la soledad. De hecho, uno de los elementos más llamativos de los estudios recientes es la incidencia del problema entre la población joven. En una generación permanentemente conectada a pantallas y redes sociales, el deporte presencial emerge como una experiencia de contacto real y compartido.

Canarias tampoco es ajena a esa transformación. La precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda, los procesos migratorios entre islas o hacia el exterior y determinados cambios en las formas de convivencia afectan también a la construcción de relaciones personales estables. En ese escenario, el deporte amateur y comunitario adquiere un valor social añadido.

Prevención

El informe no plantea el ejercicio físico como solución mágica frente a la soledad no deseada. Pero sí lo sitúa como una herramienta preventiva y de acompañamiento especialmente valiosa. Y lo hace desde una lógica relativamente accesible para las administraciones públicas: fomentar espacios de actividad física compartida no solo mejora indicadores de salud, sino que también puede fortalecer redes sociales y emocionales.

Ese enfoque abre además un debate interesante sobre el propio papel del deporte en las políticas públicas. Durante años, gran parte de los discursos institucionales alrededor de la actividad física se centraron en combatir el sedentarismo o reducir costes sanitarios futuros. El informe añade otra variable: el deporte como infraestructura social.

En un territorio fragmentado geográficamente como Canarias, donde la vida comunitaria sigue teniendo peso en muchos barrios y municipios, esa idea puede resultar especialmente importante. Porque a veces el verdadero valor de salir a caminar, apuntarse a un club o participar en una actividad deportiva no está únicamente en las calorías quemadas ni en la mejora física. A veces el verdadero valor es algo mucho más sencillo: sentir que uno no está solo.