Las Islas Canarias han sido reconocidas históricamente como una tierra de grandes luchadores. No solo en su deporte autóctono, la lucha canaria, sino igualmente en otras disciplinas de combate donde la fortaleza, la resiliencia y el respeto constituyen la base del camino deportivo. Ya los antiguos pobladores de las islas eran conocidos por su destreza en la lucha, una tradición que, con el paso de los siglos, ha seguido transmitiéndose de generación en generación.
En ese legado de deportistas canarios figuran hoy también destacados practicantes de taekwondo, un arte marcial que más allá de formar campeones, forma personas. Sus principios fundamentales —cortesía, integridad, perseverancia, autocontrol y espíritu indomable— constituyen una verdadera escuela de vida.
Dos oros para Canarias
El reciente Campeonato de España junior de taekwondo, celebrado en Alicante, dejó una noticia especialmente destacada para Canarias. Dos jóvenes deportistas de Las Palmas de Gran Canaria lograron proclamarse campeones de España, conquistando los dos únicos oros obtenidos por la Federación Canaria de Taekwondo en esta categoría.
Uno de ellos es Víctor Miguel Muñoz, de 15 años, que se impuso en la categoría de -63 kg tras una actuación brillante. Pese a ser uno de los más jóvenes de su división, tuvo que superar cinco exigentes combates frente a rivales de Andalucía, Baleares, Murcia, Madrid y Castilla-La Mancha, varios de ellos con importantes títulos internacionales. Cinturón negro 1º Dan a su corta edad, su victoria fue el resultado de una combinación de genialidad, trabajo tenaz y una entereza mental poco habitual.
La otra campeona es Adriana Rodríguez, de 16 años, que se alzó con el oro en la categoría de -46 kg junior tras una actuación impecable. La deportista canaria superó con autoridad sus cuatro combates —ante rivales de Andalucía, Baleares, Comunidad Valenciana y Asturias— sin ceder un solo set, sumando así su décimo título nacional.
Ambos ocupan actualmente el número uno del ranking nacional en sus respectivas categorías, lo que les ha valido la convocatoria con la Selección Española para preparar el Campeonato del Mundo que se celebrará entre el 12 y el 17 de abril en Taskent (Uzbekistán).
Víctor pertenece actualmente al Club Doksuri, aunque su instrucción técnica se nutre también de la labor realizada en el Kim Gáldar, equipo con el que compite habitualmente en torneos, así como del grupo de Tecnificación de la Federación Insular de Taekwondo de Gran Canaria, entornos que han contribuido de forma decisiva a su crecimiento deportivo.
El papel silencioso de la familia
Pero detrás de estos éxitos deportivos suele existir una realidad silenciosa que rara vez ocupa titulares: la entrega y la dedicación de las familias. En el caso de Víctor, el modelo es especialmente evidente. Su padre, instructor de artes marciales y profundo conocedor de los deportes de combate, con una larga trayectoria ligada al boxeo y al jiu-jitsu, lo ha acompañado desde niño a los entrenamientos, compartiendo con él innumerables horas de aprendizaje, fatiga y sacrificio.
Ese acompañamiento constante —discreto, paciente y firme— refleja algo esencial en el deporte y en la vida: la importancia del ejemplo. Porque la educación en valores comienza en el hogar. De tal palo, tal astilla.
El carácter, la disciplina y la constancia que hoy muestra Víctor sobre el tatami son también el reflejo de una enseñanza familiar basada en la tenacidad, la responsabilidad y la dignidad ante la adversidad. Virtudes que el deporte no hace sino reforzar.
En un tiempo en el que a menudo se buscan atajos, historias como estas recuerdan algo sencillo y profundo: los campeones no se forman solo en los entrenamientos, sino también en el seno de una familia que transmite el patrón de conducta que sostiene toda gran trayectoria.
Canarias puede sentirse orgullosa de estos jóvenes deportistas que, con humildad y trabajo, continúan engrandeciendo la tradición de lucha y superación de nuestras islas.
Porque, muchas veces, detrás de un campeón siempre hay unos padres que nunca dejaron de creer.
