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Imagen de un hombre haciendo trail en Gran Canaria / AH

Entre Cortijos, cuando el trail nace del territorio

“La carrera más rural de Canarias”, surgida de un entrenamiento entre amigos y que agota sus plazas de forma inmediata, vincula el deporte con un entorno lleno de belleza, su historia ganadera y el señero queso Flor de Guía

Julio Cruz

Hay carreras que nacen en un despacho, con un dossier, un presupuesto y un calendario perfectamente definido. Y hay otras que empiezan mucho antes de que exista una línea de salida, casi sin que nadie sea consciente de que lo que está ocurriendo ese día, a esa hora y en ese lugar concreto, va a terminar convirtiéndose en un clásico. La carrera de montaña Entre Cortijos pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Su origen no está en una estrategia ni en una institución, sino en un entrenamiento entre amigos, en una conversación informal y en un nombre puesto casi por azar en el track de un GPS.

La prueba ya tiene marcado en rojo su próximo capítulo: la XV edición se celebrará el sábado 11 de abril de 2026 en Montaña Alta, en el municipio de Guía de Gran Canaria, con salida y meta en el mismo punto y con sus tres distancias habituales —26, 15 y 7 kilómetros—. Como ocurre cada año, el primer gran pulso llegará antes de la carrera: las inscripciones se abrirán el miércoles 4 de febrero, a partir de las 12.00 horas, a través de la web oficial, www.entrecortijos.com. 

Un origen desde lo cotidiano

Corría el año 2011 cuando Javier Estévez, Faustino Moreno y Alfonso Cabrera salieron a correr por las medianías altas del norte de Gran Canaria. Los tres amigos compartían afición por el trail en un momento en el que las carreras de montaña comenzaban a despertar una fiebre incipiente en la isla. Aquel día, al regresar a casa y descargar el recorrido en el Garmin, Javier tuvo que darle un nombre al archivo. Lo llamó “Entre Cortijos”, una expresión tan sencilla como precisa para describir por dónde habían corrido: entre fincas ganaderas, pastizales y caminos históricos que atraviesan lugares como Montaña Alta, Monte Pavón, El Gusano, Marente o Fontanales.

Lo que entonces era solo una etiqueta funcional terminó convirtiéndose en una idea con identidad propia. “¿Pero por qué Entre Cortijos?”, le preguntaron sus compañeros. Y la respuesta fue tan natural como el paisaje que acababan de recorrer. Porque aquello era “correr en medio del cortijo, en una tierra marcada por el uso ganadero, por la historia de las medianías y por una forma de habitar el territorio que se mantiene viva desde hace siglos”, explica este trabajador público que bien podría dedicarse a lo que hoy llaman naming. Sin saberlo, en ese gesto mínimo ya estaba contenida la esencia de la carrera que quince años después agotaría 900 dorsales en apenas un par de horas.

A partir de aquel entrenamiento llegó el siguiente paso. Javier Estévez, Tino Moreno y Alfonso Cabrera impulsaron en 2012 la primera edición de la prueba junto a Gilberto Molina, que por entonces regentaba una tienda de deportes y puso en marcha el I Circuito de Trail Running, una iniciativa privada que agrupaba varias carreras de montaña y entre las que se incluyó Entre Cortijos. “Aquí en el norte no había ninguna carrera”, recuerda Javier, “y el recorrido ofrecía algo distinto: paisaje, identidad y un relato propio ligado al territorio”.

Imagen de personas haciendo trail / AH

Apoyo desde el inicio

Entre Cortijos debutó como carrera integrada en aquel circuito con un único recorrido de unos 22 kilómetros y alrededor de 200 participantes. No eran pocos para una prueba que se estrenaba sin referencias previas, pero lo más significativo fue que las plazas se agotaron con rapidez, una constante que se ha repetido edición tras edición hasta hoy. Desde el principio, el Ayuntamiento de Guía se volcó con la iniciativa, apoyando la salida y la llegada en Montaña Alta y entendiendo que aquella carrera podía convertirse en una herramienta de promoción territorial mucho más potente que cualquier campaña convencional.

La carrera nació con vocación comarcal, no municipal. Aunque el corazón de la prueba está en Guía, sus senderos atraviesan también Gáldar, Moya y, en su modalidad larga, Valleseco. No se trataba de encorsetar el recorrido dentro de unos límites administrativos, sino de abrazar un paisaje compartido, el mismo que define la zona geográfica de la Denominación de Origen Protegida Queso de Flor de Guía, un producto que no se entiende sin sus praderas, sin sus ovejas y sin esos pastos verdes que, cada primavera, regalan a la carrera su imagen más reconocible. “Era una manera de aprovechar un paisaje que es espectacular y que coincide con el de la DOP”, resume Javier.

Imagen de personas haciendo trail / AH

Integración en el entorno

Desde el primer año, la prueba incorporó ese vínculo con el territorio de forma natural. Los ganadores recibían quesos, los participantes compartían potaje de jaramagos y la carrera se integraba en la vida cotidiana de Montaña Alta sin artificios. No era solo correr, era formar parte, aunque fuera por unas horas, de un paisaje vivo.

El crecimiento no estuvo exento de dificultades. En la primera edición surgieron conflictos con algunos propietarios que se habían apropiado caminos públicos, una situación habitual en muchas zonas rurales. Aquella experiencia impulsó una consecuencia relevante: Guía elaboró un inventario de caminos públicos que permitió, entre otras cosas, dar seguridad al uso de los senderos por los que transcurre la prueba.

Con el paso de los años, Entre Cortijos se fue perfeccionando. A partir de la tercera edición, la organización pasó a manos de Arista Eventos, que se encarga desde entonces de la gestión de la carrera, siempre con la promoción del consistorio guiense. Llegaron las tres modalidades actuales y la prueba se integró en campeonatos oficiales, manteniendo siempre su trazado y su esencia.

Imagen de personas haciendo trail / AH

“Más verde imposible”

Hoy, Entre Cortijos celebra su decimoquinta edición convertida en una de las pruebas más deseadas del trail canario. Conocida popularmente como «la carrera más rural de Canarias», cada año sus 900 plazas vuelan en apenas una o dos horas desde la apertura de inscripciones. Su éxito no se basa en la dureza extrema ni en la épica forzada, sino en un equilibrio entre exigencia, accesibilidad y belleza.

Y si este año alguien se pregunta si las lluvias harán que el paisaje sea distinto, Javier Estévez lo explica con claridad: el verde está garantizado. “Más verde imposible”, admite, porque matiza enseguida que “esto está siempre igual de bonito de noviembre a abril”. Lugares como Monte Pavón, conocido popularmente como la pequeña Irlanda de Gran Canaria, y el resto del recorrido presentan cada año ese aspecto característico que se ha convertido en una de las señas de identidad de la prueba.

Quince años después de aquel entrenamiento entre amigos, Entre Cortijos sigue siendo, en esencia, lo mismo que fue al principio: una carrera que corre entre la tierra y la memoria. Para Javier, Tino y Alfonso el orgullo no está solo en el reconocimiento externo, sino en haber sabido respetar el lugar del que partieron. La idea no fue nunca apropiarse del territorio, sino compartirlo. Y quizá por eso, porque nació desde dentro y no desde fuera, Entre Cortijos se ha ganado un lugar propio en el calendario deportivo de Canarias.

En abril, cuando vuelva a sonar el pistoletazo de salida en Montaña Alta, no solo comenzará una carrera. Volverá a ponerse en marcha una historia que empezó sin pretensiones, con tres amigos corriendo entre cortijos, sin imaginar que aquel gesto sencillo acabaría convirtiéndose en uno de los relatos más sólidos y auténticos del trail isleño.