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Lisa González, veterinaria experta en fisioterapia equina. AH

Lisa González, la veterinaria que susurra a los caballos

Experta en fisioterapia y quiropráctica equina, la grancanaria ha convertido una especialidad todavía poco conocida en Canarias en su profesión. Atiende animales de competición y de ocio para prevenir lesiones y mejorar su rendimiento

En el deporte de alto nivel nadie discute ya la importancia de la fisioterapia. Futbolistas, tenistas o atletas conviven con ella como una parte imprescindible de su preparación, su recuperación y su rendimiento. En el mundo del caballo ocurre exactamente lo mismo, aunque sea una realidad mucho menos conocida. Porque en los deportes ecuestres el deportista no es solo quien monta. También lo es el caballo.

Detrás de muchos animales que compiten en la hípica cada fin de semana existe un trabajo silencioso de prevención, rehabilitación y mantenimiento que resulta determinante para su bienestar y para su capacidad de rendir. Un salto, una recepción, un entrenamiento intenso o incluso una montura mal ajustada pueden provocar lesiones o sobrecargas que requieren la intervención de especialistas como Lisa González.

Una clínica ambulante

Veterinaria especializada en fisioterapia y quiropráctica equina, ha convertido una disciplina todavía poco conocida en Canarias en su forma de vida. Su consulta no tiene sala de espera ni camilla. Es ella quien recorre las islas para atender a los caballos allí donde viven y entrenan.

”No tengo una clínica porque es mucho más fácil desplazarme yo que desplazar al caballo. Llevo todo el material en el coche; es mi clínica ambulante”, explica.

La mayor parte de sus pacientes son caballos de deporte, aunque también trata animales destinados al ocio o al paseo. ”Hay propietarios a los que veo cada mes, otros cada mes y medio o cada dos meses. Depende del trabajo que haga el caballo y también de lo que cada uno quiera invertir en su mantenimiento o en una rehabilitación”, señala.

De la afición a la profesión

Su historia con los caballos comenzó mucho antes de imaginar que terminaría dedicándose profesionalmente a ellos. Con cinco años pasó un curso escolar en Inglaterra —de donde procede su madre— debido a una intervención médica de su hermana recién nacida. Allí empezó a montar casi por casualidad, acompañando a unas vecinas de sus abuelos. Aquella experiencia quedó aparcada cuando regresó a Gran Canaria, pero a los nueve años volvió a encontrarse con la equitación y ya nunca se separó de ella.

”Mis padres me compraron mi primer caballo con once años y desde entonces empecé a competir en salto, aunque también practicaba volteo”, recuerda. Precisamente en esa modalidad —una combinación de gimnasia y acrobacias sobre un caballo en movimiento— llegaron sus mayores éxitos deportivos. Entre 2005 y 2007 se proclamó tres veces campeona de España y acumuló una docena de medallas nacionales entre oros, platas y bronces. Aquellos años de competición también despertaron la inquietud que terminaría marcando su carrera profesional.

”Siempre tuve claro que quería dedicarme a la recuperación de los caballos. Dudé entre estudiar Fisioterapia o Veterinaria, pero todos mis profesores me recomendaron Veterinaria porque me daría un conocimiento mucho más amplio del animal. Hoy me alegro muchísimo de haber tomado esa decisión”, explica. Tras licenciarse cursó un máster de fisioterapia equina en Madrid y posteriormente otro de quiropráctica animal. A esa formación ha ido sumando cursos de diferentes técnicas terapéuticas que le permiten adaptar cada tratamiento a las necesidades del caballo.

Lisa González, veterinaria experta en fisioterapia equina. AH

Tratamientos iguales a los de las personas

Su trabajo combina la experiencia clínica con herramientas habituales en la medicina deportiva humana. Radiofrecuencia Indiba, ondas de choque, magnetoterapia, punción seca o terapia manual forman parte de su día a día. ”Prácticamente todo lo que se utiliza en fisioterapia humana podemos aplicarlo también a los caballos. La diferencia es que ellos no pueden decirte dónde les duele, así que tienes que interpretar cómo se mueven, escuchar al jinete y confiar mucho en tus manos”, relata con rigor pero también con cariño hacia sus pacientes, y remata convencida: ”Para mí, las manos siguen siendo la herramienta más importante”.

No todos los caballos que visita presentan una lesión. Una parte importante de su trabajo consiste precisamente en evitar que aparezcan. Igual que muchos deportistas acuden periódicamente al fisioterapeuta para prevenir problemas musculares, numerosos jinetes recurren a ella para detectar pequeñas contracturas o restricciones de movilidad antes de que terminen convirtiéndose en una lesión.

Ese trabajo exige una enorme capacidad de observación, pero también una conexión especial con el animal. El caballo no puede explicar qué siente. Lisa interpreta cada gesto, cada cambio en el movimiento y cada reacción durante la exploración para localizar el origen del problema.

La confianza del caballo

”Muchos de los caballos que trato son de mantenimiento. El jinete me dice que lo nota más rígido en un ejercicio o que no pasa igual una mano que otra, y a partir de ahí empiezas a buscar. Para mí las manos siguen siendo la herramienta más importante”, afirma.

La profesión exige también generar una relación de confianza con un animal que puede superar fácilmente los 500 kilos. «Al principio algunos están más tensos porque no saben qué vas a hacerles, pero la mayoría termina relajándose. Al final entienden que les estás ayudando y eso facilita muchísimo el tratamiento”, explica González.

Después de años compaginando esta actividad con la docencia como profesora de equitación, a finales de 2023 decidió apostar definitivamente por la fisioterapia equina. Fue una decisión arriesgada, reconoce, pero el tiempo le ha dado la razón. ”Tenía miedo de no tener suficientes clientes, pero fue la mejor decisión que pude tomar. Ahora puedo dedicarme al cien por cien a esto, organizar mejor mi tiempo y también pasar más tiempo con mi hijo”, asegura.

Lisa González, veterinaria experta en fisioterapia equina. AH

Bienestar y rendimiento

Hoy trabaja habitualmente entre Gran Canaria y Tenerife, aunque también se desplaza al resto del Archipiélago cuando la demanda lo requiere. Sus sesiones parten de unos 70 euros y colabora con veterinarios de distintas especialidades para diseñar tratamientos individualizados según el diagnóstico de cada caballo.

Pero por encima de la técnica, la tecnología o la experiencia acumulada durante más de una década, Lisa se queda con la relación que termina estableciendo con cada animal. “Los caballos son extremadamente sensibles. Al principio pueden estar alerta, pero cuando entienden que estás ahí para ayudarlos se entregan completamente. Ese momento en el que notas cómo se relajan y confían en ti es probablemente la parte más bonita de este trabajo”.

La historia de Lisa González refleja también la evolución del sector ecuestre en Canarias. Si hace años la fisioterapia animal era vista como un recurso excepcional reservado a caballos de máxima competición, hoy empieza a formar parte del cuidado habitual de muchos animales deportivos y recreativos. Una muestra de cómo el bienestar animal y el rendimiento deportivo han terminado caminando de la mano.

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