Cada vez que diviso fútbol y visualizo los partidos de la SD Huesca, veo a un perro que persigue su balón, su peluche, su hueso, en definitiva, su utopía desde el primer segundo hasta el pitido final. Cada vez que escucho “El Alcoraz”, al instante, imagino los entresijos de Alcatraz, madriguera hostil, feudo indomable.
Cada vez que el cuadro oscense practica su juego, los lunes parecen viernes y enero cae en verano. Este sábado, los pupilos de Martí no lo tendrán nada fácil, pero antes de que este hecho acontezca, unas claves.
En junio de este mismo año, Joan Francesc Ferrer Sicilia, más conocido como Rubi, aterrizaba en el banquillo de El Alcoraz con el fin de hacer realidad lo que el curso pasado fue una quimera. Quien le iba a decir al natural de Vilasar de Mar (Barcelona) que, poco meses después de su llegada, lograría colocar a la SD Huesca en la cima de la tabla clasificatoria por primera vez en su historia. Pero, más allá de los resultados, de las dinámicas y de los momentos de forma, que no dejan de ser excepcionales, una de las claves que sostiene el presente y futuro de este equipo es el empeño de su entrenador en exprimir la naranja en su totalidad, de sacar todo el jugo posible a la capacidad individual y colectiva de sus jugadores, sobre todo, a la estructura fija e inamovible de cinco jugadores: Remiro, Jair, Akapo, Melero y Cucho.
UN HUESCA MUY AZULGRANA
Bajo la alternancia del 4-2-3-1 y el 4-3-3, muy de escuela Barça, por cierto, se funden los engranaje de un conjunto polivalente, de estilo camaleónico, que se transforma con facilidad según su adversario. Estudioso y trabajador, el cuadro que dirige Rubi no solo maneja varios sistemas tácticos, sino que, además, su fondo de armario variopinto ayuda a ofrecer diferentes alternativas al juego. Prueba de ello, ante el filial blaugrana, que, pese a que los culés sostuvieran el peso del partido, terminaron pagando la cuenta, entre otras cosas, por las transiciones verticales tras robo en campo propio del equipo oscense y la efectividad goleadora de la sensación de Liga 1|2|3, Cucho Hernandez. El Huesca llega a la cita en plena racha, en su pico de forma y de juego. Si puede, somete su fútbol y ahoga, si no, espera, presiona, huele la sangre y mata.
LA DUPLA CUCHO-MELERO
Otra de las claves es el obeso vínculo con el gol que atesora el delantero colombiano en este tercio de la competición. El ariete de 19 años está causando estragos a las defensas rivales y enamora, cada jornada, a sus fieles. Muchos clubes han lanzado sus redes en tierras oscenses con el propósito de pescar a la joya de la corona. No obstante, que Cucho Hernandez no logre poner patas arriba el marcador es tan importante como alejar del juego a Melero, otro jugador que, sin lugar a dudas, se lo rifará más de un Primera. Si la participación en el verde de este último es escasa y no logra ser el nexo de unión entre el medio con los extremos y la referencia atacante, el cuadro de Martí tendrá mucho ganado, demasiado.
Este fin de semana, los amantes del fútbol modesto e ingenuo seremos testigos de si finalmente los blanquiazules logran salir indemnes de una prisión federal o si, por el contrario, no logren descifrar el cubo de 'Rubik', nunca mejor dicho, antes de que el reloj de arena se vuelva a derramar.
