España ha conseguido reducir las emisiones de gases de fecto invernadero. Todo un avance que se ve empañado por las diferencias entre las comunidades autónomas. Y es que algunas, a pesar de dedicarse a la industria, consiguen reducir las emisiones con más facilidad que otras. Canarias es esas regiones que encuentran mayores desafíos en el proceso de descarbonización.
Las particularidades de su insularidad, su dependencia de combustibles fósiles y el peso del turismo y el transporte en su economía son las condicionan al Archipiélago, como le ocurre a Baleares. Así lo señala el informe Emisiones de gases de efecto invernadero en España. Un análisis regional, elaborado por Pilar Más Rodríguez y Lucien Antonio Vargas Giagnocavo, de BBVA Research, que analiza la evolución de las emisiones de CO₂ en España desde una perspectiva territorial.
Diferencias entre comunidades
El estudio apunta que la economía española genera hoy más valor con menos emisiones por unidad de producción que hace treinta años; sin embargo, es desigual entre las regiones. La estructura productiva, el mix energético, el grado de electrificación y las condiciones geográficas explican por qué algunas comunidades reducen emisiones con mayor facilidad que otras.
En ese mapa, Canarias aparece en una posición delicada. El informe compara las emisiones oficiales publicadas por el Ministerio para la Transición Ecológica con unas emisiones “sintéticas”, calculadas a partir de la estructura productiva de cada comunidad. Este ejercicio permite estimar qué nivel de emisiones tendría cada región si sus sectores económicos contaminaran con la misma intensidad que la media nacional.
Más emisiones de las esperadas
El Archipiélago, junto a Asturias y Baleares, se encuentra entre las comunidades donde las emisiones reales superan a las que cabría esperar por su estructura económica. Según el informe, en estos territorios las emisiones oficiales son superiores en aproximadamente 8.500 miles de toneladas de CO₂ equivalente respecto a las emisiones “sintéticas”.
Por tanto, Canarias no emite más por tener una economía basada en industria pesada, sino por otros condicionantes. El propio estudio vincula este comportamiento con la dependencia de combustibles fósiles, las limitaciones tecnológicas y las particularidades del sistema energético regional. En el caso canario, la insularidad añade una dificultad adicional, ya que el Archipiélago no cuenta con la misma integración eléctrica que los territorios peninsulares, lo que condiciona la seguridad de suministro y la penetración de energías limpias.
El papel del turismo
El informe también destaca que Canarias y Baleares presentan una orientación económica marcada por los servicios turísticos y el transporte. Estos sectores, aunque no tienen la misma intensidad de emisiones que la industria pesada o el sector energético tradicional, sí adquieren un peso estratégico en territorios insulares, donde la movilidad, la conectividad y el abastecimiento energético dependen en gran medida de combustibles fósiles.
De hecho, el análisis sitúa a Canarias entre las regiones donde la intensidad de emisiones del sector energético supera la media nacional. Esta circunstancia explica que las emisiones reales del Archipiélago sean más elevadas que las estimadas únicamente a partir de su estructura productiva. En otras palabras, el problema no está solo en qué producen las Islas, sino en cómo se genera y consume la energía necesaria para sostener su actividad económica.
Políticas climáticas
El documento subraya, además, que las políticas climáticas deben adaptarse a la realidad de cada territorio, pues una estrategia climática uniforme para todo el país puede producir resultados desiguales, como se ha visto, ya que, por ejemplo, las comunidades con más suelo disponible, mayor capacidad de interconexión o abundantes recursos renovables parten de una situación distinta a la de los territorios insulares.
Por eso, los autores defienden una mejor coordinación entre las políticas europeas, estatales y autonómicas, pero también instrumentos específicos que tengan en cuenta las condiciones de partida de cada región. En el caso de Canarias, el informe apunta a la necesidad de modelos energéticos insulares en los que cobran especial importancia la seguridad de suministro, la gestión de la demanda y el autoconsumo. Estos elementos son claves para avanzar en la descarbonización sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico ni la competitividad de la economía regional.
Para las Islas, el reto pasa por acelerar la incorporación de renovables, reforzar el autoconsumo, mejorar la eficiencia energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles, todo ello en un contexto marcado por la presión turística, la necesidad de garantizar el suministro y la fragmentación territorial propia de un archipiélago.
