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La industria canaria reclama su sitio en la economía del Archipiélago. En la imagen, la fábrica de Tirma. / AH

La industria canaria reclama su sitio en la economía del Archipiélago

El sector sostiene decenas de miles de empleos, mejora sus indicadores y aspira a convertirse en uno de los grandes pilares de la diversificación económica de Canarias

Canarias suele explicarse a través del turismo. Millones de visitantes llegan cada año al Archipiélago, los aeropuertos baten récords y la ocupación hotelera marca buena parte de la conversación económica. Esa imagen, tan poderosa como real, ha terminado eclipsando otra realidad menos conocida: Canarias también fabrica.

Mientras hoteles, playas y complejos turísticos protagonizan la percepción exterior de las islas, cientos de empresas industriales producen cada día alimentos, bebidas, cosméticos, medicamentos, envases, materiales de construcción, productos químicos, componentes metálicos o equipamientos destinados tanto al mercado canario como a la exportación. Lo hacen, además, desde un territorio alejado del continente europeo, fragmentado en ocho islas y sometido a unos sobrecostes logísticos que no soporta ninguna otra comunidad autónoma española.

En desigualdad

La industria no compite en Canarias en igualdad de condiciones. Cada materia prima llega por barco o por avión. Cada producto terminado que sale del Archipiélago debe volver a cruzar el Atlántico. A ello se añaden el coste de la energía, la doble insularidad, el reducido tamaño del mercado interior y la necesidad de competir con empresas instaladas junto a los grandes centros de consumo europeos.

Y, sin embargo, el sector resiste.

No solo eso. Los principales indicadores muestran una evolución positiva y refuerzan el discurso de quienes consideran que la industria debe desempeñar un papel mucho más relevante en el futuro económico de Canarias.

Industria mucho más amplia

Hablar de industria en Canarias no significa únicamente hablar de fábricas.

El sector engloba desde empresas agroalimentarias hasta industrias químicas, farmacéuticas, cosméticas, papeleras, metalúrgicas, gráficas, recicladoras o vinculadas a la reparación naval. También forman parte de ese ecosistema actividades relacionadas con el suministro energético, la gestión del agua o la economía circular, ámbitos que adquieren una importancia creciente en un territorio especialmente sensible al cambio climático y a la dependencia energética exterior.

Imagen de varios cruceros reparados en ASTICAN / PUERTO DE LAS PALMAS

La mayor concentración de actividad industrial continúa vinculada a la alimentación y las bebidas, un sector históricamente consolidado que abastece buena parte del consumo interior y que también mantiene presencia en mercados internacionales. Sin embargo, en los últimos años han ganado protagonismo nuevas actividades relacionadas con la innovación, la digitalización de los procesos productivos, la biotecnología, la economía azul y la fabricación de productos de alto valor añadido.

Decenas de miles de empleos

Una de las paradojas de la industria canaria es su escasa visibilidad pública.

Pese a que el sector proporciona empleo a decenas de miles de trabajadores —en torno a 45.000-50.000 personas en la industria manufacturera, cifra que aumenta si se incorporan las actividades de suministro de energía, agua, saneamiento y gestión de residuos—, rara vez forma parte del debate público en la misma medida que el turismo, la construcción o el comercio. Los datos del Instituto Canario de Estadística muestran, además, que el peso del empleo industrial en Canarias continúa siendo sensiblemente inferior al promedio nacional, lo que evidencia el margen de crecimiento que aún presenta el sector.

Ese dato explica buena parte de las estrategias impulsadas durante los últimos años por las administraciones públicas. Diversificar la economía canaria ya no se plantea únicamente como un objetivo político, sino como una necesidad económica.

La pandemia de la COVID-19 evidenció hasta qué punto una excesiva dependencia del turismo puede convertir cualquier crisis internacional en un problema de enorme magnitud para el Archipiélago. A ello se sumaron posteriormente las tensiones en las cadenas de suministro, el incremento de los costes energéticos y la inestabilidad geopolítica derivada de conflictos internacionales.

Todo ello reforzó una idea compartida por economistas y empresarios: Canarias necesita producir más.

Sede central de Disa Corporación Petrolífera en Santa Cruz de Tenerife

Momento favorable

Las estadísticas más recientes invitan al optimismo, aunque con prudencia.

Según los indicadores difundidos por el Observatorio Industrial de Canarias, el Índice de Producción Industrial registró en abril de 2026 un crecimiento interanual del 3,4 %, mientras que la cifra de negocios industrial también aumentó un 3,4 %, después del fuerte incremento experimentado el mes anterior. Son datos coyunturales, pero reflejan una tendencia de crecimiento sostenido tras varios ejercicios marcados por la recuperación económica.

A ello se suma una mejora de la actividad empresarial y una apuesta cada vez mayor por la modernización tecnológica, la automatización de procesos y la digitalización, objetivos que forman parte de la Estrategia de Desarrollo Industrial de Canarias (EDIC), diseñada para fortalecer la competitividad del sector durante la presente década.

Fabricar en Canarias cuesta más

Si existe un elemento que une a prácticamente todos los empresarios industriales del Archipiélago es el diagnóstico sobre las dificultades estructurales.

Transportar materias primas hasta las islas resulta más caro que hacerlo en la Península. Exportar productos también. El precio de la energía continúa condicionando la competitividad de numerosos procesos productivos y la fragmentación territorial obliga a duplicar infraestructuras logísticas y redes de distribución.

A esas circunstancias se añaden otros desafíos como la disponibilidad de suelo industrial, la necesidad de atraer perfiles profesionales especializados o el relevo generacional en determinados oficios industriales.

La espirulina: el superalimento canario de La Isleña. / AH

No obstante, el Régimen Económico y Fiscal de Canarias, junto con instrumentos como la Zona Especial Canaria (ZEC), tratan de compensar parte de esos sobrecostes mediante incentivos fiscales destinados a favorecer la inversión y la implantación de nuevas actividades productivas.

Cuestión de autonomía económica

La industria no solo genera empleo. También aporta estabilidad.

Cada producto elaborado en Canarias reduce parcialmente la dependencia del exterior y fortalece la capacidad del Archipiélago para responder ante situaciones de crisis internacionales. La experiencia vivida durante los últimos años, marcada por problemas de abastecimiento y tensiones logísticas, ha reabierto el debate sobre la conveniencia de reforzar determinados sectores productivos considerados estratégicos.

Ese razonamiento adquiere especial relevancia en un territorio ultraperiférico como Canarias, donde buena parte de los bienes de consumo deben recorrer miles de kilómetros antes de llegar al consumidor.

El gran reto

Nadie plantea sustituir al turismo. Sería, además, un objetivo irreal.

El desafío consiste en construir una economía más equilibrada, capaz de apoyarse en varios pilares y de resistir mejor los ciclos económicos internacionales. En ese escenario, la industria aparece como uno de los sectores con mayor potencial para generar empleo estable, impulsar la innovación y aumentar el valor añadido de la economía canaria.

Las cifras todavía sitúan al Archipiélago lejos del peso industrial que presentan otras comunidades autónomas. Precisamente por eso, el recorrido potencial es considerable.

Dos Santos, más de un siglo de tradición, innovación y compromiso. / AH

La pregunta ya no es si Canarias debe seguir apostando por el turismo. La respuesta parece evidente.

La verdadera cuestión es si el Archipiélago será capaz de consolidar una industria más fuerte, más innovadora y más competitiva que complemente ese liderazgo turístico y contribuya a construir una economía menos vulnerable.

Porque detrás de cada fábrica que transforma alimentos, de cada empresa que desarrolla cosméticos, de cada astillero que repara buques o de cada planta que recicla residuos hay mucho más que una actividad económica.

Hay una parte de Canarias que produce, innova y crea riqueza lejos de los focos. Una industria que durante demasiado tiempo ha permanecido en un discreto segundo plano y que ahora reclama un papel protagonista en el futuro económico del Archipiélago.