Canarias no juega con las mismas cartas que los grandes centros de innovación de España. Madrid y Barcelona concentran universidades, empresas, investigadores, inversión y empleo tecnológico en una dimensión difícilmente comparable con la de las Islas. Sin embargo, cuando el foco deja de ponerse exclusivamente en la cantidad de recursos y se dirige hacia la capacidad de convertirlos en resultados, el Archipiélago encuentra un lugar inesperado en el mapa.
Las Palmas de Gran Canaria y Arona están entre las únicas seis áreas funcionales españolas que la Fundación Cotec considera “atractivas” por su comportamiento innovador. Comparten ese espacio con Alicante, Málaga, Palma y Tarragona. Son territorios que parten de unos recursos comparativamente reducidos y, pese a ello, consiguen generar buenos resultados. Dos de los seis están en Canarias.
No significa que Las Palmas de Gran Canaria y Arona sean la segunda y tercera Silicon Valley española ni que ocupen los primeros puestos del Índice Local de Innovación. La conclusión es más interesante y también más compleja: consiguen sacar un rendimiento relativamente elevado de un ecosistema innovador que dispone de menos combustible que los grandes polos nacionales.
Otro mapa
Es la principal lectura canaria del primer Índice Local de Innovación elaborado por Cotec junto al think tank urbanístico Trescientosmil. La herramienta mide por primera vez el desempeño innovador español a escala local y lo hace rompiendo las fronteras administrativas habituales.
España queda dividida en 59 regiones funcionales, identificadas a partir de los desplazamientos cotidianos de la población durante un día laborable. Para dibujarlas se utilizaron las matrices de movilidad del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, construidas a partir de datos anonimizados y agregados correspondientes a 200.000 millones de viajes registrados mediante telefonía móvil.
Eso obliga a introducir una precisión fundamental para interpretar los resultados canarios. Cuando Cotec habla de Las Palmas de Gran Canaria o de Arona no está midiendo exclusivamente los límites de esos municipios. Habla de regiones funcionales articuladas alrededor de ambos núcleos, espacios delimitados por la manera en que realmente se desplaza la población para trabajar y desarrollar su actividad cotidiana.
Dieciséis termómetros
Cotec coloca después sobre ese nuevo mapa 16 indicadores, todos expresados en términos relativos por habitante para poder comparar territorios de dimensiones muy diferentes. Las variables se agrupan en cinco grandes ejes: educación, inversión, investigación, empresa y empleo y tecnología.
La radiografía comienza por el talento. El índice observa los egresados y doctorados de cada área. Después sigue el rastro del dinero destinado a innovar: entidades que consiguen financiación europea para I+D+i, volumen de esas subvenciones, organizaciones que captan financiación estatal y cantidades obtenidas mediante esos programas.
La investigación añade otros cinco termómetros: financiación europea destinada específicamente a actividad científica, entidades beneficiarias de esos recursos, solicitudes de patentes, artículos científicos publicados y publicaciones de carácter internacional. El bloque empresarial analiza empresas emergentes, pymes innovadoras y empresas gacela —compañías caracterizadas por un crecimiento especialmente rápido—. Finalmente aparecen dos variables directamente ligadas a la transformación de la economía: la complejidad económica local y el empleo tecnológico.
Dos Canarias
Esa metodología permite entender mejor qué está diciendo realmente Cotec sobre Las Palmas de Gran Canaria y Arona. El índice distingue entre los recursos introducidos en el ecosistema de innovación —los inputs— y aquello que finalmente produce —los outputs—.
En términos sencillos, una zona puede disponer de universidades, investigadores, titulados superiores y abundante financiación pública y privada para I+D y, pese a ello, tener dificultades para trasladar todo ese músculo hacia patentes, empresas innovadoras, actividad tecnológica o una economía más compleja. Otra puede partir con bastante menos y conseguir proporcionalmente más. Las Palmas de Gran Canaria y Arona pertenecen al segundo grupo.
Cotec las incluye entre las áreas “atractivas”, aquellas que generan buenos resultados con recursos escasos y que, precisamente por esa capacidad de transformación, presentan el mayor potencial de ascenso. Alicante, Málaga, Palma y Tarragona completan un grupo que representa apenas seis de las 59 regiones analizadas.

Las Palmas
El área de Las Palmas de Gran Canaria representa uno de esos dos casos canarios de eficiencia. Su posición no debe interpretarse como un liderazgo nacional en inversión científica, universidades, patentes o empresas tecnológicas por separado. El valor está en el conjunto: Cotec detecta una relación favorable entre los recursos que alimentan su ecosistema y los resultados que consigue obtener.
La explicación puede visualizarse siguiendo la propia cadena que construye el índice. En un extremo se encuentran el capital humano y el dinero que llega al sistema: titulados, doctores y financiación europea y estatal para proyectos de I+D+i. En el otro aparecen los resultados que Cotec utiliza para saber si esa capacidad inicial termina permeando la economía: patentes, producción científica, empresas emergentes, pymes innovadoras, empresas de rápido crecimiento, empleo tecnológico y complejidad económica.
Que Las Palmas de Gran Canaria aparezca entre las áreas “atractivas” significa que el balance entre ambos lados resulta especialmente favorable. No porque disponga necesariamente de muchos recursos, sino porque los resultados obtenidos son elevados en relación con ese punto de partida. Es precisamente esa diferencia la que permite a Cotec separarla de territorios con niveles reducidos tanto de recursos como de resultados.
Arona despega
Arona comparte esa característica, pero incorpora una segunda historia. El área funcional articulada alrededor del sur de Tenerife no solo consigue entrar en el reducido grupo de territorios “atractivos”. Su evolución entre 2022 y 2024 la convierte en uno de los movimientos más llamativos del nuevo mapa español de la innovación.
Arona es el área que más posiciones gana de toda España: escala 17 puestos. El avance es especialmente significativo porque la clasificación comprende 59 territorios y porque se produce en un contexto de mejora bastante extendida del ecosistema innovador español.
El salto del sur de Tenerife tampoco convierte automáticamente a Arona en uno de los grandes centros tecnológicos nacionales. Lo relevante es la velocidad de su transformación. Una economía identificada tradicionalmente con el turismo aparece en el índice como un territorio capaz de producir resultados innovadores superiores a los que corresponderían, en principio, a sus recursos disponibles.
Y ahí reside probablemente una de las fotografías económicas más interesantes que ofrece el estudio sobre Canarias: Las Palmas de Gran Canaria aporta eficiencia; Arona, además de eficiencia, aporta aceleración.

Cuatro grupos
El contraste se aprecia mejor al observar cómo Cotec distribuye el resto del país. De las 59 regiones funcionales, 24 son “consolidadas”: disponen de recursos elevados y consiguen también resultados altos. En ese bloque aparecen Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Zaragoza, Sevilla o Vitoria.
Otras seis son consideradas “potenciales”: Albacete, Córdoba, Huesca, Lugo, Mérida y Salamanca. Son territorios que cuentan con recursos importantes, pero todavía no consiguen traducirlos suficientemente en resultados.
Después aparecen las 23 áreas “latentes”, con niveles bajos en las dos dimensiones. Cotec sitúa entre ellas a territorios como Algeciras, Ceuta, Melilla, Huelva, Jaén o Teruel. Y entre esos modelos aparecen las seis “atractivas”: Alicante, Arona, Málaga, Palma, Las Palmas de Gran Canaria y Tarragona.
La clasificación permite entender por qué la posición de las dos áreas canarias resulta relevante. No compiten todavía por volumen con los grandes polos españoles, pero la distancia entre los recursos disponibles y los resultados conseguidos juega a su favor.
Grandes polos
La clasificación general recuerda al mismo tiempo la enorme distancia existente respecto a la cabeza. Madrid obtiene 8,84 puntos sobre diez y Barcelona, 8,83. Prácticamente un empate. Después aparecen Valencia, con 8,35; Zaragoza, con 7,44; y Bilbao, con 7,41.
El liderazgo tampoco pertenece siempre a las mismas ciudades. Salamanca, Murcia y Madrid encabezan el eje educativo; Bilbao, Barcelona y Zaragoza sobresalen en investigación; Pamplona, Vigo y San Sebastián lo hacen en inversión; Madrid, Barcelona y Valencia dominan el apartado empresarial; mientras Barcelona, Madrid y Valencia ocupan las primeras posiciones en empleo y tecnología.
Es una geografía que ayuda a comprender otra de las ideas del estudio: no existe una única fórmula para innovar. Una región puede destacar por sus universidades y otra por su tejido empresarial; una puede captar grandes cantidades de financiación para investigación y otra ser especialmente buena convirtiendo conocimiento en empresas o empleo tecnológico.
Margen canario
Para Canarias, la conclusión es necesariamente doble. El Índice Local de Innovación no borra las debilidades estructurales del Archipiélago en investigación, inversión o desarrollo tecnológico ni coloca a las Islas al nivel de los grandes ecosistemas metropolitanos españoles.
Pero descubre algo que las estadísticas autonómicas agregadas difícilmente permiten apreciar: dentro de Canarias existen territorios que consiguen transformar unos recursos limitados en resultados comparativamente buenos.
Las Palmas de Gran Canaria y Arona son los dos ejemplos. Representan una tercera parte de las áreas “atractivas” identificadas en toda España, mientras que Arona añade el mayor ascenso de posiciones registrado entre 2022 y 2024.
Cotec considera precisamente que estas seis regiones presentan el mayor potencial para seguir escalando. La lógica es sencilla: si ya consiguen resultados elevados con recursos escasos, incrementar esos recursos puede ampliar considerablemente su capacidad innovadora.
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