El Capricorn no es una simple barco de recreo. Tras es silueta alargada, como de tiburón atrapado en charcos de plata, se esconde un yate de lujo que ha pasado de servir a la élite de Silicon Valley a convertirse en el visitante más esquivo y elegante de las costas canarias.
Con su inconfundible línea afilada y una leyenda que mezcla tecnología con filantropía, su estancia en Tenerife y Gran Canaria marcan el último capítulo de su rutilante trayectoria, sobre todo en el Puerto de Las Palmas, donde hizo escala a finales de octubre y ha vuelto ahora para hacer una parada técnica, justo después de navegar entre islas y fondear este mes de abril frente a la marina de Pasito Blanco, en el sur de Gran Canaria.
El legado de Sergey Brin
Antes de llamarse Capricorn, este juguete de ricos, con 73 metros de eslora y la sala de cine al aire libre, era conocido mundialmente como Dragonfly, libélula traducido del inglés.
Durante más de una década, fue propiedad de Sergey Brin, cofundador de Google. Sin embargo, la fama del megayate no viene solo del lujo y del poder de la oligarquía tecnológico, sino de una extraordinaria labor humanitaria que dio la vuelta a los telediarios.
En 2015, tras el paso del devastador ciclón Pam por Vanuatu, Brin ordenó al Dragonfly acudir a la zona, transformándose en héroe improvisado del Pacífico. El yate se convirtió en un buque de rescate, entregando toneladas de comida, agua potable y suministros médicos a islas remotas donde nadie más podía llegar, recogen las crónicas de entonces.
Gracias a su diseño rápido y su bajo calado, pudo navegar por arrecifes coralinos para evacuar a heridos y servir como base de operaciones para equipos de ayuda internacional, poniendo el lujo al servicio del pueblo. Al menos por una vez, claro, porque el Capricorn pertenece ahora a otro multimillonario y Brin se ha comprado otro juguete más grande.
Propietario fantasma
La operación se cerró por unos 27 millones de euros en 2024, pasando a manos de una sociedad llamada Aquatic Holdings. La propiedad del yate se mantiene tras un velo corporativo en Islas Caimán, pero todas las pistas apuntan al círculo cercano del magnate Ong Beng Seng, conocido como el hombre que llevó la Fórmula 1 a Singapur y dueño de un imperio inmobiliario, como los hoteles COMO y Four Seasons, entre otras grandes propiedades y negocios.
El Capricorn ha sido avistado en puertos que coincidían con el itinerario de viajes de Ong durante sus recientes procesos legales en Singapur, con estancias en puertos de Italia, Croacia y España. Esto refuerza la teoría de que el barco tiene ahora su base flotante entre el Mediterráneo y el Atlántico.
Estancia en Gran Canaria
En septiembre del año pasado estuvo en Málaga y en octubre arribó al Puerto de Las Palmas, donde ha fijado su "cuartel general" al regresar este mes de mayo al muelle Sanapú.
Con un diseño del arquitecto naval Espen Øino, que emula una flecha de plata, el yate destaca entre los buques de carga y las plataformas petrolíferas del puerto. Está atracado en la trasera del Acuario Poema del Mar, junto al buque escuela rumano Mircea, compartiendo protagonismo ante la mirada de los curiosos y amantes de los barcos.
Pero donde más sensación causó el Capricorn fue en el sur de Gran Canaria. Por su tamaño no puede entrar a la marina de Pasito Blanco, pero estuvo fondeado y fue grabado por una empresa local especializada en excursiones, moviéndose su tripulación e invitados aparentemente en lanchas auxiliares.
Y es que es imposible pasar desapercibido para este yate: está construido por SilverYachts y es capaz de alcanzar los 27 nudos, una velocidad inusual para un barco de su tamaño, destacando su capacidad para 18 invitados, cine al aire libre y helipuerto.
Es, en resumen, una de las naves más modernas y eficientes del mundo, según la prensa especializada.
