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Jonathan Pérez Padrón, consejero delegado de Grupo Hidramar, en la presentación del Ultramar 22.000./ CEDIDA

Ajuste de cuentas de Hidramar con CC y PP por su dique flotante en Tenerife: "Ha sido una carrera de obstáculos, un mar de engaños y dificultades"

La filial tinerfeña del Grupo Hidramar se revuelve contra Coalición Canaria y sus socios por presuntamente haberle puesto palos en las ruedas para traer la reparación naval a la isla

Hidramar ha esperado casi 11 años para inaugurar su gran dique flotante en Santa Cruz de Tenerife, y así lo ha quedado claro en el acto de presentación oficial del Ultra 22.000, un dique seco con capacidad de levantar buques de medidas Pánamax de hasta 22.000 toneladas, el doble de la capacidad que hasta ahora tenía Canarias. Jonathan Pérez Padrón, consejero delegado del grupo, ha aprovechado el acto inaugural para realizar un duro ajuste de cuentas con Coalición Canaria y el Partido Popular, tras lo que considera más de una década de palos en las ruedas para establecer en la isla la filial Tenerife Shipyards.

Pérez ha situado el origen del proyecto en 2013, cuando Hidramar comenzó a estudiar su desembarco en Tenerife. “Recuerdo perfectamente cómo, cuando empezamos, uno de los principales dirigentes de Coalición Canaria nos decía que nos viniéramos de Las Palmas, que encontraríamos un mar de facilidades”, ha relatado.

Según el ejecutivo, los nacionalistas defendían entonces que Tenerife necesitaba inversión, industria y empleo. Hidramar aceptó la invitación. Nada más lejos de la realidad: “Nosotros hicimos exactamente lo que se espera de una empresa: nos lo creímos. Invertimos, trabajamos, presentamos proyectos y empezamos a poner encima de la mesa una inversión industrial de una dimensión que hasta el momento Tenerife no conocía”.

Hidramar Ultra 22.000./ PUERTOS DE TENERIFE

Primeros frenos al proyecto

La primera piedra de Tenerife Shipyards se colocó el 29 de octubre de 2015. El proyecto debía avanzar por fases, pero la empresa asegura que nunca entendió por qué se le obligó a separar la concesión del astillero de la necesaria para instalar el dique.

“Lo aceptamos y pensamos que sería para agilizar el proceso, como nos decían. No sabíamos todavía que entre aquella piedra y el día de hoy tendríamos que superar una auténtica carrera de obstáculos”.

Pérez ha lanzado su acusación más dura contra CC y sus socios del PP: “Aquel mar de facilidades terminó convirtiéndose en un mar de engaños y dificultades. A los líderes de Coalición Canaria y a los socios del Partido Popular no les guardamos rencor. Nos han hecho mucho más duros”.

Dificultades

El consejero delegado ha insistido en que no pretendía buscar culpables, aunque ha identificado con claridad a los responsables políticos que, según su versión, han frenado Tenerife Shipyards: “Durante años vimos cómo determinadas decisiones políticas y administrativas, casi todas bajo el Gobierno de Coalición Canaria, fueron poniendo dificultades a un proyecto que, paradójicamente, esos mismos gobiernos decían considerar estratégico”.

La primera concesión fue otorgada en 2015, pero la ampliación necesaria para el dique flotante no se aprobó hasta diciembre de 2021, tras un procedimiento iniciado en 2019. La puesta a disposición de la superficie completa se anunció para junio de 2023. La propia Autoridad Portuaria explicó que había agotado el plazo disponible.

Mejor con el PSOE

Pérez ha contrapuesto abiertamente esa etapa con la legislatura socialista de Ángel Víctor Torres de 2019 a 2023. Ha agradecido al PSOE y, de manera especial, al entonces presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos González, que el proyecto pudiera avanzar.

“Quiero reconocerlo hoy públicamente, porque es de justicia. Cuando una decisión pública permite que una inversión privada avance, genere empleo y aumente la capacidad industrial de un territorio, también hay que saber reconocerlo”.

Problemas hasta el final

Ni siquiera la llegada del dique desde China puso fin a las dificultades. La instalación de unos anclajes laterales llamados dolphins para operar en Granadilla hizo que la infraestructura excediera en cuatro metros la lámina de agua concedida en Santa Cruz. La falta de autorización ha obligado a Hidramar a cortar esos elementos, con el consiguiente coste económico y operativo.

La imagen del dique terminado ha permitido a Jonathan Pérez resumir la respuesta de la empresa a más de una década de retrasos: “Todo aquello que durante años parecía una historia interminable, hoy pesa miles de toneladas, está flotando delante de nosotros y tiene nombre: el Hidramar Ultra”.

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