La Hacienda Casa Quintanilla ha forjado una alianza en el norte de Gran Canaria con Platanera Lab para redefinir el aprovechamiento del cultivo rey de las islas: el plátano.
La emblemática casona de la costa de Bañaderos es todo un símbolo del patrimonio del siglo XIX en Arucas, con sus fincas especializadas en la industria azucarera y las plataneras.
A su habitual servicio de celebraciones, como la boda del regatista Fernando León a la que asistió el rey Felipe VI, se suma desde este jueves la colaboración con Platanera Lab, un proyecto de experimentación creativa de Pilar Ureña y Giuliana Conte que investiga con la fibra de la platanera.
Destinadas a encontrarse
Ureña es artesana, tejedora de fibras para más señas, y lleva 25 años especializada en la platanera como tejido de sus creaciones. Conte es artista visual, e investiga desde 2008 el fenómeno del plátano en Canarias, tanto en clave política como social y artística.
A Conte, que es italiana, le impresionaron dos cosas al llegar a Gran Canaria: la enorme influencia británica y cómo se estableció aquí un cultivo que necesita tanta agua para prosperar. Así que se puso a consultar archivos, pidió una beca y volcó toda su investigación en Oro parece, plátano es, un proyecto artístico que analiza el plátano como mercancía y motor de poder, hasta deconstruir todo ese fenómeno social e imprimirlo en hojas de platanera.
Fruto de ambas experiencias surge Platanera Lab, un laboratorio creativo que cumple un "sueño" al tener acceso directo a Casa Quintanilla. La finca tiene tres hectáreas y 5.000 plataneras en producción, explica Juan Guerra, uno de los cinco hermanos al frente de la hacienda.
Economía circular
Es un sueño que nace de la pesadilla, porque en Canarias hay unos 15 millones de plataneras y la mayoría de los agricultores no saben qué hacer con tanto residuo.
Ahí entra en acción Platanera Lab, que pone el foco en la economía circular, el territorio y la innovación para aprovechar los descartes de las plataneras, esto es, los hijos sacrificados y los troncos que han sido desmochados al nacer el primer y único racimo. De esos rolos, tras cortarlos y abrirlos como capas de cebolla, se saca la fibra, una sustancia pegajosa que luego se saca y se pone al servicio del arte.
Usos y talleres
Ureña usa la fibra para tejer sus piezas, mientras que Conte elabora papel para pintar e imprimir. Lo hacen todo a mano, de manera artesanal, con la única ayuda de un cuchillo, unas tijeras y una tapa de cualquier bote de cristal, pues hay que raspar y eliminar los canales de la savia hasta limpiar todas las tiras extraídas del rolo de la platanera.
Además de acceso a la plantación, las artistas disponen de una sala para exhibir sus creaciones y de una zona de trabajo ubicada en los antiguos establos, que han sido rehabilitados e integrados en la hacienda como parte de su encanto: economía circular al servicio del valor estético y funcional de los subproductos agrícolas, cerrando así el ciclo de vida de la platanera de una manera sostenible.
A este primera sesión de puertas abiertas, que contó con representantes institucionales, empresarios, artistas y lleno de público, le seguirán talleres, actividades y quién sabe si oportunidades de negocio para rentabilizar el esfuerzo que cuesta producir un plátano.
