El paisaje del Puerto de La Luz ha recuperado uno de sus símbolos más queridos. Tras la demolición de la antigua báscula del Muelle Pesquero para remodelar la entrada sur la recinto portuario, la Autoridad Portuaria de Las Palmas (APLP) ha finalizado la instalación del nuevo monumento a La Gaviota, una estructura que nace para honrar la historia marinera de la ciudad y de las antiguas flotas que han forjado la historia del puerto.
Inversión en identidad y patrimonio
El proyecto ha contado con una inversión total de 216.555,40 euros, un dinero destinado principalmente a crear una pieza que soporte el salitre del mar.
La obra ha sido ejecutada por la empresa especializada Hierros Bueno, que ha empleado acero de alta resistencia para dar forma a la silueta estilizada de este ave, siempre detrás de los barcos pesqueros que faenan en el litoral isleño.
Puente entre generaciones
El nuevo monumento no es solo una elección estética casual. Su diseño evoca las famosas alas de hormigón de la antigua caseta de pesaje, que fue diseñada por el ingeniero Ramos Mesplé en los años 60.
Aquel edificio, bautizado por los trabajadores del puerto como La Gaviota, fue durante más de medio siglo el corazón del trasiego pesquero antes de su desaparición el pasado mandato. Debajo de aquellas alas de cemento, surgen ahora estas de acero, antaño refugio de los marineros en los días grises de lluvia y capturas.
Glorieta y control de acceso
La escultura actual, de unos 6 metros de altura, se ubica en una nueva glorieta creada en la Avenida de los Consignatarios, a la entrada sur del Puerto de Las Palmas, donde también se ha instalado un nuevo control de acceso, frontera última entre la actividad industrial y la parte del recinto que permanecerá abierta a la ciudadanía.
Además de esa función estratégica, la obra funciona como homenaje a la flota pesquera, un recordatorio de la época dorada del banco canario-sahariano, cuyo funcionamiento atrajo a barcos rusos, coreanos y japoneses, entre otras nacionalidades que apostaron por La Luz como base de sus operaciones.
En la actualidad, los japoneses son los únicos que siguen de manera masiva en el Muelle Pesquero, siempre a la caza del atún para su sofisticada gastronomía.
Nueva referencia
El monumento también aspira a convertirse en punto de referencia para los ciudadanos y turistas que transitan hacia el Acuario Poema del Mar o el muelle de Santa Catalina, que es donde atracan los cruceros.
La zona, que albergará un parque público en construcción, recupera su patrimonio industrial con la nueva gaviota, cuyas alas de acero se despliegan sobre casetas diferentes colores en la rotonda.
Habrá que dejar pasar el tiempo para comprobar si el nuevo símbolo del Muelle Pesquero cala en el imaginario de La Isleta y los trabajadores del puerto. El espíritu de la vieja báscula, al menos, sigue vivo.
