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El glaucoma afecta al 6 % de la población y suele detectarse cuando el daño ya es avanzado

Especialistas recomiendan revisiones oculares periódicas desde los 40 años para evitar pérdida de visión irreversible

El glaucoma afecta aproximadamente al 6 % de la población y en muchos casos se diagnostica cuando el daño visual ya es significativo, ya que se trata de una enfermedad ocular silenciosa que puede provocar ceguera irreversible si no se detecta a tiempo.

Con motivo del Día Mundial del Glaucoma, el oftalmólogo Patricio Adúriz, especialista del Hospital Quirónsalud Costa Adeje, advierte de que hasta el 90 % de los casos de pérdida de visión asociados a esta enfermedad podrían evitarse mediante revisiones oftalmológicas periódicas.

El especialista explica que el glaucoma suele evolucionar sin síntomas evidentes. Por ello, muchas personas no saben que lo padecen hasta que ya han perdido parte del campo visual. Esta pérdida de visión, además, no se puede recuperar, por lo que el diagnóstico precoz es clave para frenar la progresión de la enfermedad.

Revisiones a partir de los 40 años

Los oftalmólogos recomiendan realizar controles visuales periódicos a partir de los 40 años, incluso antes si existen antecedentes familiares de glaucoma. Las personas con familiares directos que han sufrido esta patología presentan un riesgo mayor de desarrollarla.

También tienen más probabilidades de padecerla los mayores de 60 años, las personas con miopía o hipermetropía de alta graduación, quienes padecen diabetes u otras enfermedades metabólicas y determinados grupos poblacionales, como personas de origen africano o asiático.

Cómo se detecta el glaucoma

La prueba más habitual para detectar la enfermedad es la tonometría, un examen rápido e indoloro que mide la presión intraocular, principal factor de riesgo del glaucoma. Cuando esta presión se eleva, puede provocar daño en el nervio óptico y pérdida progresiva de visión.

Si existe sospecha de glaucoma, los especialistas suelen completar el diagnóstico con otras pruebas como el fondo de ojo, la tomografía de coherencia óptica (OCT) o el campo visual, que permiten evaluar el estado del nervio óptico y del campo de visión.

Los expertos insisten en que la prevención y el diagnóstico temprano siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar la ceguera asociada a esta enfermedad ocular. Detectarla en fases iniciales permite controlar la presión intraocular y preservar la visión del paciente.