La inmobiliaria Gilmar ha inaugurado este 1 de octubre su primera oficina en Tenerife, situada en la avenida de Bruselas, en Costa Adeje. La apertura amplía la presencia de la compañía en Canarias, donde ya opera en Gran Canaria. La elección del sur de la isla responde, según su cofundador y consejero delegado, Jesús Gil Marín, a la concentración hotelera y al precio de las operaciones inmobiliarias en esta zona.
Gil Marín fundó la empresa en 1983 junto a Manuel Marrón Fuertes. Desde entonces, la firma ha extendido su actividad a la compraventa y el alquiler de viviendas, la comercialización de obra nueva y los inmuebles comerciales, entre otros segmentos. Su implantación en Tenerife se apoya tanto en su clientela como en una red de acuerdos con inmobiliarias de más de 35 países.
La compañía prevé contar con unas veinte personas en esta oficina, a la que Gil Marín augura un peso significativo dentro de su estructura. Entre los perfiles de compradores que identifica figuran quienes buscan instalarse en la isla tras jubilarse, quienes llegan para teletrabajar y quienes adquieren una propiedad para destinarla al alquiler turístico. Sobre futuras aperturas en Tenerife, el empresario señala que dependerán de cómo evolucione el negocio.
Con motivo de la inauguración, Gil Marín aborda las perspectivas del mercado tinerfeño y el encaje de la demanda internacional con las necesidades de vivienda de los residentes. También analiza los decretos de vivienda recién aprobados, cuestiona su efecto sobre la confianza de los propietarios y defiende que la Administración subvencione la construcción o el acceso a la vivienda para dar respuesta a quienes no pueden pagarla.
Entrevista
Pregunta: Inauguran su primera oficina en Tenerife Adeje. ¿Por qué han elegido esta ubicación y qué aprendizajes traen de su experiencia previa en Gran Canaria?
Respuesta: Adeje, como sabes, es dentro de la isla donde se encuentra el ticket más alto de venta. Es donde está la concentración de hoteles también quizá más importante. Había que empezar en algún sitio y nos parecía que es el más bonito. Está justo en frente del Jardín Botánico. En esta oficina tendremos unas 20 personas trabajando y que espero que sea importante para la isla y para nosotros.
¿Qué objetivos se marcan con esta oficina durante este primer año? ¿Tienen planes de expansión en Tenerife?
Es imposible ahora saberlo, va a depender mucho de cómo funcionen las cosas. Ten en cuenta que, aunque somos más conocidos o reconocidos por el residencial, es decir, la vivienda, también hacemos mucha obra nueva, también hacemos locales comerciales. Entonces depende de cómo vaya evolucionando. Está claro que el mercado de vivienda de segunda mano será quien acumule todo el protagonismo, pero yo creo que estamos en un momento muy interesante. Es decir, casi el 45 % de los compradores son extranjeros. Además de británicos, italianos, los clásicos, ahora están muy fuertes los polacos, los nórdicos. Yo creo que es una apuesta apasionante y Tenerife tiene todas las condiciones para que triunfemos.
¿Cuál sería el cliente al que se dirigen principalmente?
Hay varios. Por un lado, nosotros tenemos un arraigo importante en la Península y supongo que eso va a suponer también un goteo. Luego tenemos acuerdos ahora, me parece que estamos en 35 países, donde con el Gilmar de cada país llegamos a un acuerdo y detectamos la necesidad de invertir en España en el origen. Hay varios tipos de clientes: uno, el que viene a jubilarse; otro, el que viene a teletrabajar; y otro, el que viene a invertir para sacarle una magnífica rentabilidad a través de un alquiler turístico. Hay muchas variantes.
Para el perfil de familias residentes, que viven y trabajan en Tenerife y buscan su primera vivienda, por ejemplo, ¿esta demanda internacional puede afectar a sus oportunidades de compra?
Yo creo que es distinto Santa Cruz, es distinto Guía de Isora, es distinto Adeje. Depende. Los inversores extranjeros que vienen a buscar calidad de vida no requieren la misma tipología de vivienda de lo que estamos trabajando aquí. Entonces depende mucho de la zona. Yo creo que hay suficiente mercado para todo el mundo sin tener que agredir nada del medio ambiente ni perjudicar las bondades naturales que tiene la isla.
Esta semana están siendo noticia los dos decretos de vivienda. ¿Cómo analiza el impacto que estos decretos pueden tener en el mercado de la vivienda?
Hay distintos ángulos de enfocarlo y de analizarlo. En principio, no contribuye a generar confianza. El buscar enfrentar al propietario con el inquilino, honestamente, creo que no tiene ningún sentido. En España tenemos una cultura que diría casi ancestral. Nuestros padres, nuestros abuelos, automáticamente que podían se metían en comprar una casa. Eso es el patrimonio familiar que se hereda. Entonces yo creo que la propiedad privada es algo que a todos nos conviene preservar y cuidar. No puede ser que tenga más ventajas un inquilino que un propietario. Luego el problema de la vivienda no es el mismo el de los jóvenes, no es el mismo el de los desahuciados y no es el mismo el del cliente habitual, que todos necesitan vivir. En España el problema que tenemos es el déficit de vivienda. Además, los jóvenes, aunque hubiera viviendas, no tienen capacidad de pagarlas. Primero no las hay, pero es que si las hubiera los bancos no les pueden financiar porque no pueden acreditar ingresos que les permitan devolver los préstamos. Es decir, la solución para la vivienda de los jóvenes y para los desahucios pasa porque lo resuelva papá Estado. Es quien tiene que subvencionar o bien a los constructores para que puedan construir o bien a los compradores o inquilinos para que puedan pagar parte del precio. Es evidente que hoy solamente el coste del ladrillo, aunque te regalaran el suelo, no lo puede pagar el joven. Entonces, si tú a un joven le dices: «No, la posibilidad de que tú tengas vivienda es que se la quites a los que tienen», me parece de locos. Es buscar una situación kafkiana.
¿Cuáles son los problemas que afrontan los promotores para poder poner viviendas en el mercado?
Este es un tema que se presta mucho a la demagogia. Y yo hablo desde un punto de vista exclusivamente profesional. Sinceramente, es que debería de estar gestionado por gente que entienda cómo funciona esto. Hay una ley que está por encima de todas las que se puedan hacer, que es la oferta y la demanda. Si hay más oferta, los precios bajan y si hay más demanda, los precios suben. Eso no lo puede resolver nadie. Y lo que no se puede es ir contra el derecho de la propiedad privada o que un señor, que es a lo mejor lo que ha heredado de su familia, no tenga seguro que va a cobrar la renta y que encima se le pueden quedar los inquilinos ahí. Es un poco un contrasentido. La solución de la vivienda pasa porque la resuelva quien la tiene que resolver. Yo creo que hoy ser promotor, lejos de ser para demonizarlo y para criticarlo, había que llevar bajo palio a los promotores. Hay quien hoy se lo replantea antes de construir. Con las dificultades que tiene transformar el suelo en tiempo y luego la cantidad de pasos que hay que dar: sectoriales, medioambientales, carreteras, yo qué sé, es brutal. Y encima son los culpables y ahora le llamamos fondo y además la especie de fondo buitre. Fondo por definición es un banco. Un fondo es que se reúnen varios inversores para dar una retribución o una rentabilidad. El concepto de fondo me parece una burrada criminalizarlo. Y luego, además, llamarlo buitre. ¿Qué es buitre? ¿Porque gana más de no sé qué porcentaje? ¿Porque compra por debajo de no sé qué precio? Es que estamos buscando palabras para adjudicar a un sector que, si lo analizamos fríamente, detrás de una transacción inmobiliaria hay una cantidad de profesionales trabajando, de impuestos que se generan desde la compra del suelo, notarios, registradores, agencias, medios de comunicación que hacen publicidad y, más tarde, la construcción, los oficios. Empiezan por los que te hacen la estructura, los soldadores, los yesistas, los alicatadores, los fontaneros, los electricistas. Es que hay más de 100 profesionales que están detrás de una transacción inmobiliaria. Entonces, lejos de criminalizar y maltratar al sector, lo que había que hacer es cuidarlo y tenerlo en palmitas, que es muy importante para un país. Y además nosotros, que somos un país eminentemente de servicios, y si me apuras Tenerife más. El enfoque está totalmente desviado.
Aterrizando de nuevo en Tenerife, ¿esperan una buena acogida de su nueva oficina y de los servicios que desembarcan ahora mismo en Tenerife? ¿Cómo ven eso?
A nivel de autoridades, todo el mundo encantado. Saludaremos a todo el mundo y nos encanta que Gilmar se implante con un reconocimiento por la sociedad. Vendrá un sacerdote a bendecir la apertura. Esa parte bien. Y luego hemos hecho obviamente nuestros estudios de mercado previos y tenemos claro que va a ser una oficina importante en la estructura de Gilmar.
¿Con un peso significativo dentro de su estructura interna, se refiere?
Eso esperamos, porque el departamento internacional hoy tiene una demanda importante. La Costa del Sol tiene una demanda importante, casi todas las oficinas, Alicante, Sevilla, Cádiz. Pero sin duda alguna el paraíso desde un punto de vista climático y naturaleza y tal, para mí es Tenerife.
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