La Fiscalía ha mantenido su petición de pena de 7 años de cárcel para el conductor de la empresa Guaguas Municipales de Las Palmas de Gran Canaria al que acusa de arrollar adrede a un motorista tras un pique entre ambos, al no creer la versión ofrecida por el procesado este miércoles ante la Audiencia de Las Palmas y sí la de los peritos de la acusación.
La fiscal Cecilia Acebal ha considerado que, tras la prueba testifical y pericial practicada en el juicio, que ha quedado visto para sentencia, los hechos ocurridos la mañana del 18 de octubre de 2021 sucedieron como sostiene en su escrito de acusación.
El chófer, según ha indicado, cometió un delito de conducción temeraria que sufrieron el motociclista y los pasajeros que iban ese día en la guagua, así como otro de lesiones intencionado que generó riesgo al pasaje y a los viandantes que paseaban por la avenida de Escaleritas, donde tuvo lugar el suceso.
Los hechos ocurrieron en dos momentos, ha expuesto la fiscal, uno primero, cuando tiene lugar un pique entre motorista y procesado y se produce el delito de conducción temeraria, y otro segundo, cuando el acusado efectúa una maniobra "intencionada e innecesaria" en la que hace un cambio de sentido, que es cuando arrolla al motorista con intención de causar lesiones pero no de acabar con su vida.
Todos los testigos han coincidido en que el acusado hizo un giro a la izquierda, pero no en si fue o no intencionado, una cuestión que sí han mantenido dos policías locales que, actuando como peritos, han explicado que tuvo que dar dos vueltas y media al volante para hacer ese giro y han descartado que perdiera el control de la guagua, ha subrayado la fiscal.
No hay pruebas
Además, ha dicho que no hay pruebas de que el motorista condujera bajo influencia de sustancias estupefacientes como sostienen las defensas. Y ha recordado que el acusado fue despedido de la empresa tras una sentencia que consideró su conducta como grave. La acusación ejercida por el motorista ha reclamado al tribunal una condena de 10 años de prisión, por entender que en la acción cometida por el procesado había intención de matar a su cliente, cuyo perito de parte ha recalcado que se trataba de un "vehículo de gran dimensión y peso, potencialmente letal".
El letrado del acusado, así como los de la empresa de Guaguas Municipales y de la compañía aseguradora, sin embargo, han solicitado la absolución del conductor, quien ha negado en su declaración que se hubiera producido pique alguno entre ambos y que tampoco quiso hacer daño al motorista sino evitarlo, y que sólo pensaba en salvar al pasaje del impacto contra una farola. Según ha explicado, el motorista, sin motivo alguno, se puso en paralelo a la guagua y le gritó "os voy a matar hijos de puta". En ese momento -ha continuado- su intención fue parar la guagua y llamar a la policía, pero no pudo hacerlo porque la moto se puso delante y frenó, y eso lo hizo hasta en tres ocasiones en las que tuvo que reducir la marcha para no arrollarlo.
Gritos
Ha referido que los pasajeros de la guagua comenzaron a gritar y cuando miró por el espejo para ver cómo estaba el pasaje sintió dos golpes en el brazo, que se los propinó desde la moto su conductor, lo que le hizo perder el control y, para evitar chocar contra una farola que había en la mediana de la vía, giró el volante y derrapó hasta que consiguió detenerla.
Según el procesado, no se había dado cuenta de que había arrollado al motorista, se enteró porque se lo dijo una pasajera. "Cuando hice el giro no vi al de la moto y, seguramente, si le hubiera visto me hubiera chocado con la farola", ha afirmado el acusado. Sin embargo, el motorista ha relatado al tribunal que "le echó la guagua encima" y que, cuando intentó decirle algo al chófer después de un primer roce, le cerró la ventanilla.
Bandazos
Además, ha explicado que la guagua dio varios bandazos y él aceleró para huir, pero no pudo porque iba más rápido que su moto y que su intención no era discutir, solo reprocharle la maniobra. Ha afirmado que dio golpes a la chapa de la guagua por miedo, pero no a su conductor, y ha indicado que cuando el chófer hizo el giro él estaba delante del vehículo, lo arrolló y quedó atrapado bajo la guagua tras ser aplastado, porque la intención del acusado era la de embestirle, según han coincidido en apuntar varios testigos.
Los daños materiales en la motocicleta han sido tasados pericialmente en la cantidad de 2.947 euros. La fiscal ha solicitado también que al acusado se le prohíba conducir vehículos a motor y ciclomotores durante cinco años y que indemnice al motorista con 15.408 euros, cuantía que la acusación particular eleva a 97.500 euros por la gravedad de las secuelas sufridas, además de subir a 10 años el periodo de prohibición para la conducción de motos.
