El Cabildo de Gran Canaria ha lanzado un mensaje claro y contundente al Gobierno de España: la isla no quiere el modelo energético que se está planificando desde Madrid. La institución insular ha pedido al Ministerio para la Transición Ecológica que paralice y modifique el concurso para instalar 302 megavatios de potencia en nuevas centrales térmicas, al considerar que la propuesta está anticuada y frena el desarrollo de las energías limpias.
El presidente insular, Antonio Morales, ha explicado este martes que la seguridad energética de la isla es precaria. Gran Canaria depende hoy de motores y centrales muy viejas, de 30 y 40 años de antigüedad, que sufren averías constantes. "No tenemos un colchón de seguridad si ocurre un fallo grave", ha advertido, recordando el riesgo de sufrir apagones masivos como los vividos recientemente en La Gomera o Tenerife.
Soluciones de emergencia
Para evitar un 'cero energético' (un apagón total) a corto plazo, el Cabildo sí ha aceptado una medida provisional. Se trata de instalar un 'parche de seguridad': tres pequeñas plantas repartidas por la isla y un buque flotante en el Puerto de La Luz que generarían electricidad solo en casos de emergencia extrema.
Sin embargo, el conflicto real está en la solución a largo plazo. El Ministerio ha abierto un concurso para instalar nuevas centrales fijas que funcionen hasta más allá de 2028. El Cabildo se opone radicalmente a las condiciones de este plan porque apuesta por motores gigantes y rígidos, pensados para una época en la que no había energía solar ni eólica.
Motores que no se apagan
El problema técnico, según ha detallado Morales, es que estas nuevas centrales que propone el Estado tienen unos "mínimos técnicos elevados". Esto significa que son maquinarias pesadas que no se pueden apagar ni modular fácilmente, aunque fuera haga sol o viento de sobra. Deben estar siempre encendidas a cierta potencia.
Esto provoca una contradicción absurda: cuando las renovables producen mucha electricidad barata y limpia, el sistema no puede aprovecharla porque los motores de gas o diésel ocupan el hueco en la red y no se pueden desconectar. El resultado es que se tira a la basura más del 20% de la energía verde producida y se sigue quemando combustible fósil innecesariamente, encareciendo la factura y contaminando más.
Para el gobierno de la isla, la solución no es poner más motores que funcionen siempre, sino sistemas flexibles y almacenamiento de energía. El Cabildo defiende que el futuro pasa por baterías y grandes obras como el Salto de Chira, que permiten guardar la energía renovable para usarla cuando no hay sol o viento, en lugar de depender del gas.
Si se instalan las centrales rígidas que quiere el Ministerio, el almacenamiento dejaría de ser rentable, creando un círculo vicioso que impediría la transición ecológica real de Gran Canaria.
"No" a más humo en la capital
Por último, existe un conflicto sobre la ubicación. El plan estatal contempla la posibilidad de situar estas nuevas instalaciones contaminantes en el entorno del Puerto de Las Palmas. Antonio Morales ha sido tajante: "Gran Canaria no va a aceptar" nuevas centrales térmicas en la ciudad ni en sus alrededores.
La corporación insular ha hecho un llamamiento urgente para revisar este planteamiento antes de que se adjudique el concurso, advirtiendo de que, si el Estado no rectifica, se enfrentará a una enorme contestación social y al rechazo de las instituciones locales.
