En Gran Canaria, el agua siempre ha sido algo más que un recurso. En una isla sin grandes ríos permanentes, cada presa, cada barranco y cada embalse cuenta una parte de su historia. Entre todos esos paisajes donde la ingeniería se mezcla con la naturaleza, hay uno que destaca por su belleza, por sus senderos y por una leyenda que todavía sobrevive entre los pinares: el embalse de Las Niñas.
Situado en el municipio de Tejeda, a unos 900 metros de altitud, este enclave se ha convertido en uno de los espacios naturales más visitados del interior de la isla. Está rodeado de montañas, pinares y caminos, dentro del Parque Rural del Nublo, en plena Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, declarada por la UNESCO en 2005.
Un refugio verde en el interior de Gran Canaria
El embalse de Las Niñas no es solo una presa. Es uno de esos lugares donde Gran Canaria cambia de ritmo. Lejos de la costa, del ruido turístico y de las grandes zonas urbanas, el paisaje se vuelve más fresco, más lento y más silencioso.
El entorno está rodeado por el Pinar de Pajonales, uno de los grandes pulmones verdes de la isla. Allí, el embalse forma parte de un paisaje que combina agua, bosque y roca volcánica, con una imagen muy distinta a la que muchos visitantes asocian de entrada con Gran Canaria. La zona cuenta además con un área recreativa muy frecuentada, especialmente durante fines de semana y jornadas de buen tiempo. Hay merenderos, barbacoas, aparcamientos, zona de acampada y distintos senderos que permiten recorrer el entorno.
Un humedal con valor ecológico
Más allá de su atractivo para pasar el día, el embalse tiene también un importante valor ambiental. Su humedal y los pinares que lo rodean sirven de refugio a diferentes especies de aves y forman parte de un ecosistema especialmente relevante dentro del interior grancanario. Entre las especies presentes en la zona destaca el pico picapinos canario, una subespecie insular vinculada al buen estado de conservación del pinar. Su presencia es una señal de la riqueza natural del entorno y de la importancia de mantener estos espacios protegidos.
El paisaje, además, no se entiende sin la relación histórica de Gran Canaria con el agua. La necesidad de almacenar este recurso llevó a construir numerosas presas en la isla, muchas de ellas integradas hoy en el territorio hasta formar parte de su identidad. Las Niñas es uno de esos ejemplos, una infraestructura nacida para retener agua que, con el paso del tiempo, también se ha convertido en lugar de ocio, naturaleza y memoria.
Senderos entre presas y volcanes
Desde este enclave parten varias rutas conocidas por quienes disfrutan del senderismo. Una de las más populares es la ruta circular de las Tres Presas, que permite recorrer algunos de los paisajes más llamativos del interior de Gran Canaria. El camino atraviesa zonas de pinar, barrancos y terrenos volcánicos, conectando distintos espacios naturales protegidos. Es una ruta especialmente atractiva para quienes buscan una caminata con vistas, pero también con ese punto de aventura que tienen los senderos del centro de la isla.
El embalse de Las Niñas funciona así como punto de partida, parada o destino. Puede visitarse para pasar unas horas tranquilas en el área recreativa, pero también como parte de una jornada más larga de senderismo por uno de los entornos más singulares de Gran Canaria.

El Pino de Casandra
Sin embargo, el lugar no solo atrae por su paisaje. Muy cerca de la orilla se encuentra el Pino de Casandra, un ejemplar centenario de pino canario que se ha convertido en protagonista de una de las leyendas más conocidas asociadas a este enclave. La tradición oral cuenta la historia de Casandra, una joven de 15 años enamorada de Iván. Según la leyenda, las habladurías de la época acabaron señalándola como bruja y la joven fue quemada junto al árbol.
Desde entonces, este rincón del embalse ha quedado envuelto en una mezcla de misterio, tragedia y romanticismo popular. Hay quienes aseguran que en las noches de luna llena puede distinguirse en la corteza del pino la silueta de un corazón. No es necesario creer al pie de la letra la leyenda para entender su fuerza. En Canarias, como en tantos territorios de tradición oral, los paisajes no solo se miran, también se cuentan. Y a veces un árbol, una piedra o una presa terminan guardando historias que pasan de boca en boca durante generaciones.
Amor, tragedia y paisaje
La leyenda del Pino de Casandra añade al embalse una capa más de interés. A la belleza natural se suma esa parte intangible que convierte un lugar bonito en un lugar con relato. El corazón que algunos dicen ver en la corteza funciona casi como símbolo de esa historia: un amor juvenil marcado por la tragedia y por el peso de las supersticiones. Un relato que, con el tiempo, ha acabado formando parte del imaginario del lugar.
El embalse de Las Niñas es, por tanto, naturaleza y memoria. Un espacio para caminar, descansar y respirar pinar, pero también para acercarse a una de esas historias que dan carácter al interior de Gran Canaria.
Cómo llegar a la presa de Las Niñas
La presa se encuentra a unos 55 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria. El trayecto en coche desde la capital dura aproximadamente una hora y media, dependiendo del tráfico y de la ruta elegida. Desde Las Palmas se puede acceder por la GC-15, en dirección a Santa Brígida y San Mateo, para continuar después por la GC-600 hacia el entorno del Roque Nublo y enlazar con la GC-605.
También es posible llegar desde el sur de la isla, tanto por Ayacata como desde la zona de Mogán, siguiendo las carreteras que atraviesan los barrancos del suroeste hasta alcanzar este enclave del Parque Rural del Nublo. El recorrido forma parte de la experiencia. Las curvas, los cambios de paisaje y la subida hacia el interior recuerdan que Gran Canaria es mucho más que playa.
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