El 21 de julio de 1969, durante la misión Apolo 11, la voz de Neil Armstrong no llegó directamente a millones de hogares. Antes de cruzar océanos y pantallas, fue captada en un punto muy concreto: Maspalomas.
Allí, una estación de la NASA recibió en primicia aquellas palabras que cambiarían la historia: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
Desde ese instante, la señal inició un recorrido casi imposible: se transmitió por línea telefónica hasta Las Palmas de Gran Canaria y, desde allí, a Inglaterra mediante onda corta. Sin satélites de retransmisión masiva ni tecnología digital, la comunicación dependía de precisión humana y coordinación absoluta.
Maspalomas fue la puerta de entrada del mensaje que conectó a toda la humanidad con aquel momento.
La estación viva
Construida en los años 60, la estación espacial de Maspalomas nació con un propósito claro: formar parte de la red global de seguimiento de misiones tripuladas.
Durante el alunizaje, además de recibir la señal de voz, monitorizó datos críticos como el ritmo cardíaco de los astronautas en el descenso. Era un trabajo silencioso, pero vital.
Con el paso de los años, lejos de quedar como un vestigio del pasado, el complejo evolucionó. Hoy, el Centro Espacial de Canarias continúa operativo bajo el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, colaborando con organismos como la Agencia Espacial Europea o la JAXA.
Sus antenas —más de 40 operativas las 24 horas— recogen millones de datos de satélites, procesan imágenes y sostienen comunicaciones que siguen siendo esenciales en la exploración espacial.
De la Luna a casa
Más de medio siglo después de Armstrong, Maspalomas vuelve a estar en el centro de una misión histórica: Artemis II.
Esta misión, la primera tripulada en décadas que ha llevado astronautas más allá de la órbita terrestre, marca un antes y un después en la nueva carrera espacial. Y, en su fase más crítica —el regreso a la Tierra—, Gran Canaria juega un papel clave.
Desde el Centro Espacial de Canarias, un equipo de más de 50 profesionales se encarga de dar soporte en los momentos decisivos: el lanzamiento realizado con éxito y, especialmente, la reentrada de la cápsula Orion, que tendrá lugar este viernes.
Precisión total
El regreso desde el entorno lunar no es una simple trayectoria de vuelta. Es una operación milimétrica.
Durante la fase de retorno, desde Maspalomas se realizan mediciones continuas mediante telemetría para determinar con exactitud la velocidad y posición de la nave. Estos datos son enviados en tiempo real a la NASA, donde se procesan para calcular la trayectoria exacta de la cápsula.
Gracias a esta información, los equipos pueden anticipar cualquier desviación y ajustar los parámetros necesarios para garantizar un amerizaje seguro en el océano Pacífico.
La reentrada en la atmósfera, junto al lanzamiento, es el momento más crítico de toda misión espacial. Un error mínimo puede comprometerlo todo.
Comunicación vital
Si en 1969 Maspalomas fue clave para escuchar la Luna, hoy lo es para mantener el diálogo con ella.
Un equipo de ingenieros proporciona el enlace radioeléctrico que permite la comunicación directa entre la tripulación de Artemis II y la Tierra. Sin ese vínculo, no hay control, ni seguimiento, ni capacidad de respuesta ante cualquier incidencia.
Las comunicaciones espaciales siguen dependiendo de una red global de estaciones terrestres. Y en esa red, Maspalomas es uno de los nodos fundamentales.
Más que espacio
El Centro Espacial de Canarias no solo participa en misiones históricas. También cumple una función esencial en la seguridad global.
Es una de las seis sedes del sistema Cospas-Sarsat, encargado de detectar señales de socorro en mar, aire y tierra. Cada mes recibe cerca de un millón de alertas y ha contribuido a salvar más de 13.000 vidas.
Desde el rescate marítimo hasta emergencias aéreas, su impacto va mucho más allá de la exploración espacial.
Un legado vivo
En 2020, Maspalomas participó en la misión Chang'e 5, que logró traer muestras de la Luna a la Tierra. Hoy, forma parte del presente con Artemis II. Y mañana, será clave en el regreso del ser humano a la superficie lunar.
Porque si algo ha demostrado este enclave del sur de Gran Canaria es que su papel no pertenece al pasado.
Fue el primer lugar que escuchó la voz de un astronauta desde la Luna.
Y hoy es uno de los puntos desde donde se asegura que los que vuelven del espacio puedan contarlo.
