Cada tarde, cuando el sol empieza a caer sobre la Caldera de Tejeda, el Pico de las Nieves —tradicionalmente considerado el techo de Gran Canaria, a 1.949 metros, aunque el vecino Morro de la Agujereada lo supera por apenas siete metros— se convierte en un cuello de botella. Vehículos de residentes y coches de alquiler se agolpan en una carretera de curvas donde apenas hay sitio para maniobrar, formando colas que se repiten.
El atractivo es evidente: desde el mirador se divisa casi toda la isla en 360 grados, con el Roque Nublo recortado en primer plano y, en días despejados, el Teide al fondo, en Tenerife. Pero el aparcamiento habilitado tiene capacidad para unos pocos vehículos, y cuando decenas de coches convergen a la misma hora buscando el mismo instante —la puesta de sol—, no hay margen para absorber la demanda.
Residentes y coches de alquiler, atrapados en la misma cola
La saturación no distingue matrículas: vecinos que suben a diario a contemplar el atardecer comparten carretera con turistas en vehículos de alquiler que llegan atraídos por las recomendaciones de redes sociales y guías de viaje. El resultado son colas de vehículos que buscan sitio, dan la vuelta o esperan a que alguien libre una plaza, en una vía de montaña sin espacio para adelantamientos ni giros.
La situación contrasta con lo que ocurre muy cerca, en el acceso al Roque Nublo, donde el Cabildo de Gran Canaria sí ha regulado el tránsito con una guagua lanzadera y sanciones para el estacionamiento irregular en los márgenes de la carretera. Aun así, las restricciones no han logrado frenar del todo el aparcamiento indebido en ese entorno protegido. En el Pico de las Nieves, por el momento, no existe una medida equivalente.
El Teide, ¿un espejo para la cumbre grancanaria?
El precedente más cercano llega de la isla vecina. El Cabildo de Tenerife ha anunciado un plan para rebajar hasta un 50% la presión sobre el Teide, con un cupo de 500 plazas de aparcamiento con reserva previa, prioridad y gratuidad para residentes, una ecotasa para el resto de visitantes y una red de guaguas lanzadera con salidas desde varios puntos de la isla. La presidenta insular, Rosa Dávila, ha planteado el nuevo modelo de movilidad como una forma de limitar el uso del vehículo privado en las zonas de mayor afluencia. Es un modelo que, de momento, no tiene equivalente en la cumbre de Gran Canaria.
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