La Cascada de Colores en la Caldera de Taburiente./ ISLAS CANARIAS.
La Cascada de Colores en la Caldera de Taburiente./ ISLAS CANARIAS.

La Cascada de Colores de La Palma pierde hasta 10 metros de altura y podría desaparecer en unos años

Este punto muy visitado por senderistas ha perdido en la última década la mayor parte de su salto de agua, al pasar de 14 metros en 2016 a dos metros a día de hoy

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Situada en el corazón de la Caldera de Taburiente, la Cascada de Colores es uno de los puntos más atractivos de La Palma para los amantes del senderismo. Esta cascada no es natural, pero el afluente cargado de material ferruginoso ha pintado un cuadro de tonos anaranjados y rojizos sobre la piedra, convirtiéndola en un lugar destacado dentro de la isla. En los últimos años, sin embargo, el salto de agua ha menguado a causa de la erosión, lo que ha provocado que este paisaje colorido haya perdido parte de su intensidad cromática.

El agente del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, David del Rosario, ha venido observando la pérdida paulatina de la cascada con el paso de los años, un proceso que, asegura, se ha intensificado tras las últimas lluvias. Si en 2016 el salto del agua alcanzaba los 14 metros, ahora se sitúa en torno a los dos metros, según ha explicado el agente medioambiental a través de un vídeo publicado en su cuenta Medioambiente Curioso (@medioambientecurioso).

Un proceso erosivo continuo

La desaparición de esta cascada no se debe a una pérdida de fuerza del afluente, sino a una combinación de factores que relacionan la juventud geológica de La Palma con los procesos erosivos provocados por el agua y los sedimentos que se precipitan a lo largo del barranco, según explica David del Rosario a Atlántico Hoy.

El agente medioambiental señala que el barranco de Las Angustias “es muy dinámico”, por lo que “hay años que el barranco sube un metro y hay otros años en los que baja otro metro”. En 2018, sin embargo, tras un desprendimiento, observaron que el cambio fue “mucho más radical” y que la cascada pasó de tener unos “ocho o nueve metros” a apenas cuatro.

Desprendimientos y lluvias torrenciales

Este desprendimiento se produjo aguas abajo de la cascada y, aunque del Rosario explica que a día de hoy el agua ha arrastrado parte de ese material, el episodio provocó que el barranco se rellenara. En la actualidad, además, se han registrado desprendimientos aguas arriba, y las lluvias constantes de los últimos años han sido un factor determinante para seguir colmatando la cascada.

Estas lluvias, que descienden por el barranco “de forma torrencial”, están arrastrando sedimentos que se depositan en la cascada, elevando progresivamente el suelo y reduciendo el salto de agua. “Cada vez que llueve vemos un poco menos de cascada”, resume el agente medioambiental, que frecuenta esta zona durante sus labores de inspección del barranco.

Un futuro incierto para la cascada

El futuro de la cascada es difícil de predecir con certeza, más allá de que continuará viéndose afectada por los fenómenos naturales de erosión. Existe la posibilidad de que la cascada se recupere “si empieza un ciclo de lluvias que no sean muy fuertes y sean constantes”, aunque el agente advierte de que también podría ocurrir que una nueva tromba de agua, cargada de sedimentos, termine por rellenarla completamente. De producirse ese escenario, “creemos que nos podemos quedar sin cascada en unos años”, prevé del Rosario. 

Conviene recordar que esta cascada no es natural. El salto de agua es consecuencia de unas presas construidas en la década de los 60. En el caso de la Cascada de Colores, las lluvias provocaron la colmatación de material sedimentario y fueron las aguas cargadas de hierro las que, al depositarse, formaron el contraste cromático visible hoy en día, al que se sumaba el verde del musgo, cada vez menos perceptible.

Tras la publicación del vídeo, muchas personas contactaron con el agente preguntando qué se podía hacer ante la desaparición de la cascada. Desde su punto de vista, hay poco margen de actuación frente a este fenómeno natural, ya que la única solución sería retirar el material depositado, lo que implicaría una obra de gran envergadura. La cascada se encuentra a siete kilómetros de la carretera y, como explica, “habría que transportar la pala con helicóptero”.

La naturaleza marca los límites

El agente considera esta opción “inviable”, ya que el origen del problema no está en la propia cascada, sino en los sedimentos que se desplazan por el barranco durante las lluvias torrenciales. “Este es un parque nacional y hay que respetar los procesos naturales”, afirma en relación con cualquier intento de frenar el relleno de la cascada.

La realidad es que la Cascada de Colores es uno de los principales reclamos en la visita a la Caldera de Taburiente. Este enclave no solo protagoniza numerosos artículos periodísticos que destacan la vistosidad de sus colores, sino que cada año muchos senderistas recorren el barranco de Las Angustias en un sendero de dos horas únicamente para contemplarla. “Aunque sea un atractivo turístico no podemos luchar contra la naturaleza”, concluye.