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Imagen de la zona del Salado en La Graciosa a mediados de agosto de 2026

Los colores de Canarias

Desde Canarias hay que reconocer que siempre le hemos dado color a Europa, primero con la púrpura para los romanos, luego con el rojo de la cochinilla y, desde hace sesenta años, con el moreno que se lleva medio continente en su cara

La pasada semana estuve mucho tiempo hablando con un graciosero que en los años sesenta encontró un ánfora romana. Domingo trabajó como buzo muchos años, sobre todo en Gran Canaria, pero de joven aprendió a bucear con unas gafas que le regalaron unos italianos cuando era niño. Es curiosa la historia unos italianos le regalan una máscara de buceo y él termina encontrando, frente a la costa del Salado, cerca de la Playa del Francés, un ánfora romana hundida en el Atlántico.

Coincidí con Domingo Álvarez Páez una tarde en que los dos estábamos con gafas y tubo justo enfrente de donde él había encontrado esa ánfora de cuando los romanos venían a Canarias buscando púrpura. Hemos dado poca importancia a esa universalidad de nuestros moradores, y en este caso de los romanos, como tampoco se la hemos dado a todos los navegantes que fueron pasando por Canarias a lo largo de los siglos. Cortázar decía, hablando de los argentinos, que venían de los barcos: de ahí venimos también los canarios, aunque algunos traten de olvidarlo o se empeñen en detener la historia en el siglo que les conviene para sus relatos diferenciadores.

Un ánfora bajo el agua

Con Domingo empecé a hablar porque trataba de buscar información sobre Ignacio Aldecoa entre los gracioseros de más edad. La verdad es que emociona encontrar el CEO de Caleta de Sebo con el nombre del gran escritor que encontró en ese lugar su lugar en el mundo. Esos días también leí Parte de una historia, la magnífica novela de Aldecoa situada en La Graciosa que creo que se ha entendido poco y se ha leído menos. Trataba de buscar los nombres reales de los personajes que tan bien describe Aldecoa, sobre todo a Roque o al Guanche.

Fue en esas conversaciones cuando Domingo me habló de su hallazgo, de cómo vio en el fondo, entre la arena, una de las asas del ánfora sobresaliendo y cómo empezó a mover esa arena hasta sacarla del agua. Su hallazgo fue noticia en la prensa de la época y dio lugar a que aparecieran muchos otros objetos romanos sacados de esos fondos en los años siguientes. Uno imagina esa púrpura en las ropas de los patricios, de los senadores y hasta de algún emperador, como mismo imagino el rojo de la orchilla o de la cochinilla en la ropa de los cardenales o en los tejidos rojos con los que posan en muchos cuadros reinas o nobles de otros siglos.

Importancia de Canarias

Desde Canarias hay que reconocer que siempre le hemos dado color a Europa, primero con la púrpura para los romanos, luego con el rojo de la cochinilla y la orchilla y, desde hace sesenta años, con el moreno que se lleva medio continente en su cara para pasearlo por Oslo, por Liverpool o por la Baja Sajonia. Pero ese bronceado que se llevan los europeos se va pasando con los meses y se olvidan de nosotros, de la realidad de un lugar fronterizo que ahora mismo es más frágil que esa ánfora romana que encontró mi amigo Domingo en La Graciosa.

Entre las crisis migratorias y el ansía expansionista de Marruecos, sumado al Monte Tropic con su telurio y sus tierras raras y al petróleo con el que se le pueden poner los ojos como chernes a Trump si se lo contabilizan en dólares, la situación de las islas es realmente vulnerable por más que aquí estemos preocupados en nuestros pequeños asuntos internos, o en si la Unión Deportiva Las Palmas le gana al Ceuta este fin se semana, dos equipos que, por otro lado, Marruecos querría en su Liga junto al RAC Casablanca o al AS FAR Rabat.

Ignacio Aldecoa nos contó muy bien en su Cuaderno de Godo, y como buen observador que venía de fuera, nos retrató mejor en Parte de una historia, en donde los insulares miramos al mar y no nos queremos enterar de lo que navega lejos. Ahora mismo somos muchos los que estamos aguardando acontecimientos. Estando esos días en La Graciosa, Marruecos, apoyado Estados Unidos de Trump, estuvo realizando maniobras militares a doscientos kilómetros. Si en La Mareta hubieran aguzado el oído estoy seguro de que habrían escuchado el estruendo; pero a la residencia de Costa Teguise, desde que la construyera Hussein de Jordania, y cada vez que la disfrutan Borbones y presidentes de gobierno, se viene también a coger color. Lo que pase fuera es cosa de ellos, o sea, nuestra, de los que solo parece que servimos para colorear Europa desde nuestra exótica condición maraconésica. Alea iacta est.

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