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Opinión

El Bueno, el Feo y el Malo...

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Lo dijo en Radio Marca ese “ruinito con patas” que es Javier Abreu, político, genio y figura. Nos escuchó, a Pepe Moreno, Juanma Bethencourt y a un servidor, entrevistar a Noemí Santana, consejera de Derechos Sociales, y al hombre le salió del alma: “¡Ños! Vaya tres, el bueno, el feo y el malo...”. Obviamente, el director del Programa, Iván Bonales, le pidió que pusiera etiquetas. Y Allí se lanzó el Abreu, que le cuesta poco...

Al parecer el bueno soy yo, porque aguanto a los otros dos (nunca me lo imaginé, la verdad). “El feo es Pepe, porque es tan feo como yo...” aseguró Abreu. Y por descarte, el malo debía ser el Sr. Bethencourt, que “va de niño bueno, pero es ruinito como yo”, aseveraba el político lagunero entre carcajadas. El Bueno, el Feo y el Malo...

Es una delicia, disfrutar en las mañanas de ese momento de Radio. El de Radio Marca, una Radio familiar y divertida. Con talante duro cuando se requiere, y jamás con cortapisas a nada. Sí, sé es libre en esa Casa para opinar y decir lo que a uno le venga en gana. Ése es el espíritu de mi amigo Iván Bonales, que de la nada (él esta acostumbrado a eso) ha montado una Factoría de Sonidos, que está dando y dará mucho que hablar.

No es broma. En producción del programa tienen cola para venir, y dicen, los que vienen, que es que se lo pasan muy bien. Que no es una entrevista: es un rato de Radio, como si estuvieras en el salón de tu casa o en la cocina comiendo algo. Yo, después de mil avatares, en 28 años de profesión, había perdido un poco la ilusión por la Radio y la Tele, y me vuelvo a sentir bien, en paz, en la propia serenidad de escuchar a mis compañeros en las ondas.

Compartir ese ratito con Pepe y Juanma, con Joel Rodríguez, en la Producción, con ese impresionante realizador que es David Morales, y con mi amigo Iván, es un regalo de los Dioses. Es como si lleváramos haciendo Radio juntos toda la vida. Nos intuimos, no estamos, pero estamos. Hay un momento de conexión (porque estamos en diferentes puntos de Canarias), donde todo se para. Sí, esa es la magia de La Fabrica de Los Sonidos. Gracias Radio, por enamorarme a los 22, cuando era un niño, sabía que era amor, amor del bueno, y para siempre...