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Turistas en una playa de Tenerife. / ALBERTO VALDÉS-EFE

Ley de resistencia

Verano flow no hay dinero para unas vacaciones de esas que desea y merece todo el mundo, pero por suerte me vale con el táper y mi silla de playa, familia, libros que llevan meses entongados, verbena de mi patrona del Carmen y dar gracias que haiga algo de descanso. 

Café mientras amanece y a regar las plantitas mientras todavía hace fresco, prendo la radio a ver cómo está el mundo, para ir espabilando, y no me calientan las noticias sino los anuncios: hotel en el sur de Tenerife, las vacaciones soñadas solo, SOLO, 200 euros la noche por persona, SOLO. Vamos, que un fin de semana largo son 800 euros y si es una familia de cuatro, 3.200 euros. Un par de días, en el sur, en un hotel normalito, más de dos salarios mínimos, es lo que SOLO le cuesta a una familia chicharrera irse a un hotel el fin de semana, y lo venden como que SOLO es eso, mientras la gente canaria normal solo podemos soñar con vidas que vengan con esas vacaciones incluídas. 

No por nada, Canarias mantiene asentado sin cambio de rumbo político —por ahora— un modelo que refleja una alta desigualdad social, en el que el incremento de ingresos se sigue concentrando en la población más rica. La relación básicamente refleja que el 20 % de la población más rica ingresa 5’5 veces más que el 20 % de la población más pobre. No lo digo yo porque lo piense, lo sienta o lo vea en mi realidad cercana, sino los datos del informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español de 2025, desgranando la realidad archipielágica. 

Mientras todo quisqui viene a disfrutar de nuestro paraíso, hay familias pidiendo créditos para poder disfrutar de una semana al año, siete días, horas que van a estar pagando religiosamente el resto del año, pensando en cada euro invertido en un poquito de desconexión todas las mañanas, por ejemplo, en las colas, que ya son parte de nuestro día a día; pero oye, la pasarela de Padre Anchieta, aparte de feísima, no cumple ni con los criterios de accesibilidad ni ha solucionado la congestión de la movilidad. Solo con el sobrecoste de tres millones sobre lo presupuestado, SOLO con ese dinero, los constructores se van a pegar unas buenas vacaciones a nuestra salud, la de todos los contribuyentes, porque los responsables políticos, Coalición Canaria y el PSOE, la siguen presumiendo. 

Y el resto del verano, la gente canaria normal, a vivir pegados al ventilador, a hacer malabares con los chinijos, que está muy bien que descansen par de mesecitos y la comunidad educativa también, pero sin políticas reales de conciliación y una oferta de actividades o campamentos la carga viene de vuelta a las familias trabajadoras. Pero bueno, solo por 200 euros la noche se pueden ir de hotel a descansar. 

Cuando hablaba de “todo quisqui que viene” me refiero SOLO a los turistas, aunque los nómadas digitales y trabajadores atraídos por el modelo productivo turístico también suman en la Isla. El año pasado, en concreto, más de 18 millones según el ISTAC. Solo 18 millones de personas en Canarias consumiendo agua, energía, comida, ocupando las carreteras y si alguno se pone malo o se pegan par de navajazos en las Verónicas, también en las salas de espera de nuestros centros de salud. Poco nos pasa. 

Desde Drago Canarias llevamos años ya poniendo en el centro de la agenda política cuestiones de vital importancia para nuestra supervivencia en el Archipiélago en los años venideros, ancladas en el sentido común y en los datos reales. Trasladamos a la arena política las necesidades más acuciantes de la ciudadanía canaria, como el acceso a la vivienda o las mejoras de las condiciones de vida, pero también, de manera valiente y afrontando los debates complejos que merece nuestra tierra, exponemos la acuciante necesidad de un decrecimiento del sector turístico y una Ley de residencia, ambas bastante urgentes.

¿Porque somos unos racistas, unos canarios arios? ¿Porque estamos pivotando hacia posiciones fascistas? Pues no. Porque entendemos que en un territorio limitado y en base a unos criterios de sostenibilidad, cada isla debería tener unos estudios sobre la capacidad de carga demográfica de las mismas y en base a esos estudios planificar una gestión del territorio archipielágico, porque ya todo quisqui se está dando cuenta que que aquí no hay cama, ni comida, ni recursos pa’ tanta gente. 

Pero es que al final nos vamos a pasar de frenada y en vez de poner la Ley de Residencia vamos a acabar proponiendo la Ley de Resistencia Canaria, un instrumento no normativo compartido por la mayoría de la clase trabajadora canaria para empezar a ponerle nombre a todo el malestar acumulado que supone intentar tener un proyecto de vida en nuestra casa. 

Resistencia a una clase política que no va a cambiar nada por más que prometa, resistencia a seguir perdiendo vivienda y territorio a manos de especuladores extranjeros, resistencia a no poder movernos en nuestra Isla, resistencia a pagar impuestos y que nuestros barrios estén en un estado totalmente cochambroso, resistencia a no poder pagar una alimentación de calidad y con productos de la tierra, resistencia a morir o tener un estado de salud deplorable por culpa de la gestión de nuestro sistema público de salud, y así podría seguir la lista infinitamente; la idea es que la sigan ustedes, lectores, y piensen a qué estamos resistiendo. 

Estamos resistiendo, a un sistema que nos quiere pobres, deslomadas y calladas. Estamos resistiendo a las faltadas del Estado español, en uno de los territorios que más aporta al PIB y que más pobreza acumula. Estamos resistiendo a no tener ni unas vacaciones y un descanso digno; pero en lo que resisten y se dan un par de chuchitos en verano, les recomiendo que aparte de resistir piensen dónde quieren pasar a la acción, en la resistencia organizada somos muchas ya, y más que vamos a ser.