La envidia es mala, pero a veces uno no puede evitar compararse y también conocer otras realidades, y poder contrastar con la nuestra propia es una oportunidad para reflexionar y arrojar a los espacios colectivos más que los restos de la indigestión de ver el maltrato diario que sufre nuestra tierra; que genera un malestar que no pueden quitar ni todos los rezados de todas las santiguadoras conocidas.
En política creo que esto también pasa y en el Archipiélago canario con unas condiciones materiales y sociales atravesadas por el colonialismo más todavía que en otros territorios. Siglos de sometimiento moldearon una sociología del hombre canario anclada en el complejo de inferioridad y una indefensión aprendida que muchas veces genera que entremos en bucle con el señalamiento de los problemas sin articular propuestas de cambio y alternativas.
Propuestas de cambio y alternativas
[Aquí abro una nota al pie de página insertada en el medio del texto: vamos a diferenciar lo que es propositivo, lo que supone generar espacios de debate colectivos que sean capaces de plantear soluciones y futuribles alternativos, y lo que es injusto y vivido por muchas que ponemos nuestro tiempo al servicio de los demás, que es el señalamiento y la exigencia de personas que no participan de esos procesos colectivos y que lo que se dedican es a señalar, escudriñar y exigir a esos espacios que respondan y rapidito a sus exigencias. Y no mi gente, quien quiera lapas que se moje el culo].
Muchas veces, en la búsqueda de esas alternativas, hasta en los espacios que se rezan más vanguardistas y progresistas se hacen planteamientos aspiracionales a la libertad mirando a otros territorios, pero con envidia, intentando reproducir sus estrategias, alabando sus modus operandi, esperando los mismos resultados o parecidos, queriendo fumarse las diferencias de los contextos sociopolíticos de cada territorio. Error de manual. Nuestra tierra, nuestra gente y nuestras condiciones para hacer política son las que son, no las que nos gustarían, ya la mochila nos pesa bastante para enriscarse cargando las piedras —y pedradas— de otros.
Mirar otras realidades
Con estas aclaraciones contextuales que abren este humilde artículo explico ahorita por qué compararse sí es necesario, necesario para negarnos a aceptar que la realidad que vivimos ahora en Canarias es la única posible, negarnos a creer que nuestra situación está generada por un orden natural o un orden divino y que nada podemos hacer para cambiarla. Mirar hacia otros territorios, territorios en los que se vive mejor, en los que el medioambiente se cuida mejor, territorios con más equilibrio y donde los gobernantes no son tan babiecas para cargárselos a veces es necesario para no resignarnos a que nuestra realidad es la única posible.
Este verano hemos tenido, entre otros, haciendo un poco de scroll en los interneses, pa empezar, vídeo en TikTok de la carretera de Anaga totalmente colapsada, Tenerife Sans Filtres se llama la paginita, unos franceses contribuyendo a la romantización en redes sociales de una Canarias que solo existe para ellos, que rezan en el copy angustiados esto es un infierno hasta fuera de temporada “quan t’essaies de te garer au prac rural de Anaga” pues c'est ne pas possible amigo. media vuelta y pal hotel. Y el Cabildo de Tenerife, Coalición Canaria, tocando las chácaras estarán, porque ni limitan ni regulan la masificación para la fotito en el mirador.
Vertidos y turistificación
Seguimos para bingo. De los creadores de “los jóvenes se resisten a comprar una vivienda” llega “los canarios prefieren bañarse en las piscinas este verano” ¿por qué? porque en el Archipiélago hay más de 400 puntos de vertidos, con casi 300 concentrados en las islas capitalinas, ¿Qué tienen qué decir los partidos que han gobernado de la falta de infraestructuras de saneamiento y depuración históricos? ¿Estaban muy ocupados repartiéndose con la patronal hotelera los beneficios, entretenidos con la corrupción urbanística? Lejos de asumir responsabilidades y gestionar, en una de las playas más afectadas en Tenerife, en el Puerto de la Cruz, su alcalde y un concejal grabaron un vídeo para intentar convencer a la gente de que es normal bañarse en caca, bañándose en la playa con altos niveles de caca, este es el nivel.
Y si faltaba alguien a la fiesta, en verano, que es cuando en política se hacen las cosas que intentan que pasen desapercibidas, el Gobierno de Canarias aprueba la Ley de Municipios Turísticos de Canarias, un instrumento normativo que lejos de proponer un cambio de modelo en la gestión en los municipios que soportan la mayor carga turística se ofrece como una oportunidad para terminar de turistificar todos los municipios de Canarias, cuanto más mejor, sin tino y sin gestionar las consecuencias que tiene a nivel medioambiental, de servicios públicos, de protección de los residentes y seguridad frente a la turistificación descontrolada. Esto es lo que tenemos.
Otras formas de cuidar el territorio
Salgo de redes y abro WhatsApp, una amiga me manda un vídeo, es una playa en Europa del este, sovietsummer, “tía no te lo vas a creer, es que mira por dios, ¿ves? Al lado de la playa en la que estamos y tal, mira un merendero, un merendero gigante con la gente con su almuercito y su neverita de chill y con sombra y con papeleras que no están rebosadas, y mira, mira, unas duchitas y unas casesitas así como de vestuario, y todo está súper limpio, ojalá esto en Canarias pa poder disfrutarlo”.
Y otro amigo: “Hermana, no te lo vas a creer, estoy en una playa en un parque natural en el norte y no es que tengan sus cartelitos de que no se puede hacer fuego, que la acampada no está autorizada, que no se le dé de comer a los animales, y no un cartelito como en el aeropuerto de Lanzarote sé un turista responsable no se qué, es que hemos visto pasar el coche de los de medioambiente todo el día parriba pabajo, ni un solo guiri liándola con sus hippiadas, así si da gusto”.
Límites y normas para los visitantes
Yo misma tuve la suerte de viajar a otro archipiélago atlántico y estaba livin con las condiciones impuestas por la gente de cómo estar en su territorio: uno, solicitar un permiso para poder ir a la isla, ya que la entrada de visitantes se limita cada día numéricamente. Dos, te llega un mail con los permisos y un folleto explicándote todo sobre la biodiversidad del espacio que vas a visitar y las normas de la visita, no te salgas de los senderos autorizados, prohibido acampar sin autorización, no te lleves piedras ni plantas, no des de comer ni molestes a los animales, no pongas música alta, llévate tu basura de vuelta, no vueles drones, etc. Un mapa de la isla con las rutas y las playas que sí puedes visitar —y esto implica que hay otras que no puedes ir y punto—, información detallada sobre la historia, las infraestructuras, los lugares de interés, dónde consumir para apoyar la economía local y no te lo pierdas, un mensaje referente a la exigencia de respeto a los habitantes y a su idiosincrasia.
Luego, con comprar el billete de barco la advertencia de tener el permiso para ir a la isla, en la entrada del barco dos trabajadoras solicitando a todos los visitantes el permiso, en el barco en medio de la travesía, un mensaje de megafonía de bienvenida y recordatorio de que están ustedes a punto de entrar en un enclave de importante necesidad de conservación y así se tienen que comportar, a la llegada a puerto, recordatorio de la hora y lugar de recogida y sino estás, moscas y multa que te puedes llevar de souvenir; y terminan de mensaje amable diciéndo los mejores sitios donde comer y qué reserves para que se puedan organizar mejor.
La isla que permanece
En el centro de visitantes puedes ver documentales, archivos fotográficos y fleje vainas de la historia de la isla, te ayudan a planificar tu itinerario según tus necesidades y palante. Por toda la isla y en cualquier momento te encuentras una patrulla de medio ambiente, a pie, por los senderos, pendiente de que no te salgas del tiesto, porque lo importante no eres tú, visitante, es la isla que permanece. Sinceramente, no hacemos las cosas mejor porque votamos a babiecas que no tienen intención de hacer las cosas mejor y aplicar modelos de gestión del territorio que nos beneficien, a nosotras y las islas. Si se puede hacer en otros sitios por qué en Canarias no, que me lo expliquen.
¿Ustedes creen que uno de los ecosistemas más valiosos y diversos del planeta como el Archipiélago canario puede tratarse de esta manera? ¿Que de verdad nos tenemos que conformar con tener unos Parques Nacionales con mínimos de gestión y vigilancia? ¿Con unos espacios naturales desprotegidos sin consecuencias para quienes los destruyen? ¿Es normal que las empresas sean las que presionen a los políticos para que no se endurezcan las normativas que protegen nuestro territorio? ¿Tenemos que seguir soportando ver nuestra tierra convertida en parques de atracciones para turistas? Garajonay, Jandía, Tamadaba, Timanfaya, el Teide, la Caldera de Taburiente, Betancuria, las Nieves, el Archipiélago Chinijo e isla de Lobos, Anaga, Frontera, el Nublo, y más, todas, todos, merecen mucho más que esta gestión nefasta, esta gestión en la que han participado todos los partidos tradicionales: Coalición Canaria, PSOE, PP, Nueva Canarias, Podemos, ASG, y desde todas las administraciones insulares. Yo creo que no, que Canarias merece una gestión territorial muchísimo mejor y que se puede conseguir con voluntad política.
Voluntad política para cambiar el modelo
Se puede ser un poco guachimanes en el buen sentido, es más que necesario que desde los espacios organizados colectivamente por la gente en defensa del territorio y desde los espacios político se señale abiertamente cuál es el modelo de gestión que no funciona y no queremos, y apostar por gobiernos que rindan cuentas a la ciudadanía y al territorio. Se puede juroniar un poco en los modelos de gestión territorial de otros archipiélagos, sin comparaciones ni equiparaciones facilonas, pero haciendo fácilmente realidad los cambios que queremos ver y que no existen hoy en día por la falta de voluntad de los que gobiernan actualmente.
A lo mejor son las burbujitas del vaso volcado con el paño en lo alto del totizo y todo esto puede parecer un delirio de un golpe de calor, pero me niego a resignarme con la realidad del deterioro medioambiental del Archipiélago y el maltrato a nuestra gente, y hay mucha, mucha gente que quiere cambiarla, en la calle y en las urnas. Hazlo por tu tierra.
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