Terremotos canarios

Me preocupa esa reincidencia de los terremotos cada vez con más dígitos en la escala Richter y con menos información en la escala de andar por casa

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Yo soy de la generación a la que el cine se empeñó en volver miedosa, por las películas de terror, que eran muchas y que no tenían los rombos de las eróticas, pero sobre todo por las catástrofes que contaban, un día un enjambre de abejas que devoraba a los humanos, otro un tiburón, otro una epidemia, o un incendio en un rascacielos, o aviones que, de repente, perdían el control en el aire. Pero sobre todo me impactaron los terremotos, que eran largometrajes que ya venían de antes, principalmente el que recreaba el terremoto de San Francisco, aunque hubo varias versiones de temblores de tierra devastadores e inesperados. Pero todo eso quedaba lejos, o sucedía en el cine, aunque luego el cine se entremezcla en el subconsciente con lo que realmente vivimos y de ese potaje vienen muchas de las pesadillas que uno acaba teniendo con los años.

Pero ahora resulta que esos terremotos se están repitiendo cada dos por tres donde mismo estaban los cines de mi infancia, el Hespérides, el Guaires, el Unión o el cine de Agaete. Todos esos inmuebles igual temblaron el jueves, volviendo reales, como si fuera un cuatrodé que salta las dimensiones, lo que entonces no era más que una pantalla plana. Ya van varios temblores, todos relacionados con ese Volcán de Enmedio que se empeña en hacerse notar cada vez con más presencia. Los científicos te dicen que siempre ha habido temblores en esas zonas de Gran Canaria y en las costas de Tenerife que están justo enfrente, pero los científicos no van a jugar a estas alturas con mis recuerdos por más que me saquen gráficos y estadísticas.

Condición volcánica

Ya digo que me puedo confundir con alguna película, pero en toda mi infancia no recuerdo una sola vez que temblara la tierra entre Guía y Agaete, por lo menos que yo lo notara. Sí hubo un temblor que notó mucha gente, pero ya fue después de que yo me marchara en el año 85 del pasado siglo. Tampoco he notado esos temblores en ninguno de los regresos, pero ahora sí me cuentan mis vecinos que alguna vez han temblado sus camas y sus muebles, y lo escuchas en los medios de comunicación con toda clase de testimonios. También aparecen enjambres sísmicos casi cada semana en el Teide. Es verdad que sabemos que siempre se moverá el subsuelo de Canarias porque esa es nuestra condición volcánica, y esos movimientos, en muchos casos casi nimios o muy profundos, ni siquiera llegamos a sentirlos, y sabemos que acontecen por la sensibilidad de las máquinas preparadas para vibrar mejor que nosotros ante la viveza del planeta.

El Teide, nevado tras la borrasca Emilia. AH
El Teide, nevado tras la borrasca Emilia. AH

 No voy a pretender que me cuenten lo que no se podrá conocer porque ya llevo años en el mundo para saber de sus misterios, pero sí que me preocupa esa reincidencia de los terremotos, cada vez con más dígitos en la escala Richter y con menos información en la escala de andar por casa. Confío, por supuesto, en los científicos y seguro que está todo controlado; pero yo, que como digo pertenezco a esa generación a la que le metieron el miedo en el cuerpo en los cines de la infancia, no puedo dejar de elucubrar más de la cuenta cada vez que leo que vuelven a temblar las plazas y las calles adoquinadas que saben tanto de mis balones y de mis bicicletas. También de mis caídas y de las rodillas siempre en carne viva porque no había ciencia que me protegiera (o me avisara) de los baches o de los agujeros que iba encontrando en los barrancos o en las fincas. Ya sabemos que Canarias, no solo en el suelo, es un territorio que se mueve y que, a veces, asusta desde la política por sus saltos al vacío y sus acrobacias; pero ese es otro cuento y esos son otros temblores, aunque que es verdad que, por lo menos en lo que toca con lo que querríamos saber, también tiene que ver con esta historia de los sismos que nos zarandean cada vez con más virulencia sin que nadie aporte datos un poco más certeros.