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Colapso circulatorio de la capital al dispositivo por las obras de la GC-3. / ATLÁNTICO HOY

La crisis de la GC-3 desnuda las carencias de Tráfico en Las Palmas

Seis de las 13 plazas del servicio municipal están vacantes y tampoco está cubierta su jefatura: una semana de colapso ha puesto bajo la lupa la estructura con la que la capital gestiona la movilidad

Durante una semana, Las Palmas de Gran Canaria ha funcionado como la alternativa a su propia Circunvalación. El cierre del viaducto del Guiniguada en sentido norte obligó a desviar hacia la ciudad buena parte de los aproximadamente 130.000 vehículos que utilizan ese tramo de la GC-3 y convirtió calles y avenidas acostumbradas a soportar una elevada intensidad circulatoria en la vía de escape para miles de desplazamientos que hasta entonces pasaban de largo.

El viaducto ha reabierto este sábado después de una semana de trabajos y la presión se traslada ahora al otro sentido. Este domingo está previsto el cierre en dirección sur. Pero los días de atascos han dejado algo más que kilómetros de retenciones, retrasos y conductores atrapados. La crisis ha sometido a una prueba de estrés a la estructura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria encargada de gestionar el tráfico y ha permitido comprobar algunas de sus debilidades.

Una sobresale sobre las demás.

Servicio bajo mínimos

La Relación de Puestos de Trabajo (RPT) del Servicio de Tráfico contempla 13 plazas. Seis están sin cubrir. El departamento ha tenido que enfrentarse a una de las mayores alteraciones de la movilidad de los últimos años con prácticamente la mitad de los puestos previstos en su estructura vacantes y durante un mes habitual de vacaciones entre el personal.

En términos porcentuales, el 46% de las plazas no está ocupado.

Y entre las ausencias se encuentra la cúspide del organigrama. Las Palmas de Gran Canaria tampoco tiene cubierto el puesto de jefe del Servicio de Tráfico.

Situación extraordinaria

Los números adquieren otra dimensión después de lo ocurrido durante la última semana. La Circunvalación permitió sacar de la trama urbana buena parte de los desplazamientos entre el sur y el norte de Gran Canaria. El cierre del viaducto alteró ese equilibrio de un día para otro y obligó a canalizar una enorme cantidad de tráfico a través de vías que no estaban soportando ese volumen de vehículos.

Carretera del Centro, Primero de Mayo, Almatriche, Paseo del Chil, túnel de Julio Luengo, Bravo Murillo, Rafael Cabrera o la Avenida Marítima se convirtieron en algunos de los escenarios de una congestión que fue desplazándose por la ciudad en función de las horas y de las alternativas escogidas por los conductores.

El problema era excepcional. Las carencias del servicio que debía contribuir a gestionarlo, no.

Servicio saturado

Fuentes municipales consultadas por Atlántico Hoy describen desde hace tiempo una estructura debilitada por la falta de personal. A las seis vacantes se suma la situación de los administrativos, desbordados por la carga de trabajo, y la ausencia de una jefatura de servicio cubierta.

La semana de la GC-3 ha permitido comprobar qué ocurre cuando esa estructura tiene que abandonar la gestión ordinaria y responder a una emergencia.

Semáforos del siglo pasado

El número de funcionarios es solo una parte de la historia. La otra está dentro de unas cajas instaladas junto a los semáforos de Las Palmas de Gran Canaria.

Una de las medidas más evidentes ante un cambio radical de los flujos circulatorios consiste en adaptar los ciclos semafóricos. Si decenas de miles de vehículos modifican sus recorridos, los tiempos de verde y rojo que funcionan en una jornada normal pueden dejar de ser adecuados.

José Ángel Hernández, secretario general de la FET Canarias. / Cedida

Eso es precisamente lo que reclamó esta semana la Federación de Empresarios de Transportes de Canarias (FET), que pidió al Ayuntamiento adaptar la programación de los semáforos para favorecer la salida hacia el norte.

La realidad tecnológica del servicio complica una respuesta inmediata.

"Tercermundista"

Fuentes municipales explican a Atlántico Hoy que la programación no puede modificarse de manera generalizada y en tiempo real desde una sala centralizada. Para intervenir sobre determinados reguladores es necesario que un operario se desplace físicamente hasta el lugar, abra el armario de control situado en las proximidades del semáforo y realice allí los cambios.

"El servicio es tercermundista", sentencia una de las fuentes consultadas.

La frase resume una de las paradojas que ha dejado esta semana. Mientras la ciudad sufría una alteración extraordinaria y cambiante de sus flujos de circulación, una de las principales herramientas para intentar ordenarlos depende todavía de actuaciones presenciales sobre el terreno.

Mejora vinculada a la MetroGuagua

La modernización del sistema está vinculada, según las fuentes consultadas, al desarrollo de la MetroGuagua. Hasta que esa renovación se complete, Tráfico continúa trabajando con unas herramientas que dificultan una gestión dinámica de toda la red.

La tecnología y la falta de personal, además, se retroalimentan. Un sistema que exige desplazamientos para realizar determinadas modificaciones necesita recursos humanos. Y el servicio tiene vacantes seis de las 13 plazas contempladas en su RPT.

Policía Local, el otro frente

La crisis de la Circunvalación ha coincidido además con un momento complicado en las relaciones entre el Ayuntamiento y la Policía Local.

La plantilla mantiene un enfrentamiento con el gobierno municipal por los impagos que denuncian los agentes. El conflicto estaba abierto antes del cierre del viaducto, pero la emergencia circulatoria ha añadido un ingrediente particularmente incómodo: precisamente cuando más necesaria resulta la presencia de policías para ordenar manualmente determinados cruces y puntos críticos, las relaciones entre ambas partes atraviesan un periodo de fuerte tensión.

Durante la última semana, numerosos conductores han atravesado algunos de los principales ejes afectados por las retenciones sin encontrar presencia policial permanente regulando la circulación.

El Ayuntamiento se ha encontrado así ante una emergencia en la que las dos herramientas fundamentales para intervenir —la gestión técnica del tráfico y la regulación sobre el terreno— llegaban con sus propios problemas acumulados.

José Eduardo Ramírez, concejal de Movilidad / GUAGUAS MUNICIPALES

El atasco termina; las vacantes permanecen

El cierre de la GC-3 no puede utilizarse para medir el funcionamiento cotidiano del tráfico en Las Palmas de Gran Canaria. Lo ocurrido durante la última semana responde a una circunstancia extraordinaria: una infraestructura esencial para conectar el sur y el norte dejó de estar disponible y una parte enorme de sus usuarios tuvo que encontrar otro camino.

Pero precisamente para eso sirven las situaciones excepcionales: para comprobar la resistencia de los sistemas cuando dejan de funcionar en condiciones normales. La crisis del viaducto ha dejado una fotografía que trasciende los atascos.

Todo seguirá igual

Una ciudad de casi 400.000 habitantes tiene un Servicio de Tráfico cuya RPT contempla 13 plazas y mantiene seis vacantes. El puesto de jefe de servicio no está cubierto. El personal administrativo soporta una elevada carga de trabajo —la concesión de un vado, por ejemplo, parece un elemento de ciencia ficción por los tiempos de espera—. La modificación de determinados ciclos semafóricos exige todavía intervenciones presenciales. Y la Policía Local atraviesa un conflicto con el Ayuntamiento precisamente cuando una emergencia ha multiplicado la necesidad de regular la circulación sobre el terreno.

El sentido norte del viaducto del Guiniguada ya vuelve a estar abierto. Este domingo llegará el turno del cierre en dirección sur y la movilidad de Gran Canaria afrontará una nueva alteración.

Después llegará la normalidad. Los vehículos regresarán a la Circunvalación, las grandes retenciones se concentrarán en momentos puntuales y atravesar Las Palmas de Gran Canaria volverá a parecerse a lo que era antes de esta crisis.

Pero las seis plazas seguirán vacantes en el Servicio de Tráfico del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

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