En Las Rehoyas hay una pregunta que se repite siempre: ¿funciona hoy el ascensor? Saberlo, antes incluso de salir de casa, puede hacer que la gente que depende de él para moverse por el barrio, ir al parque o al gimnasio, se ahorren encontrarse con un cartel de fuera de servicio.
Y es que las averías de este ascensor son el plato del día a día para los vecinos, como si se tratara del día de la marmota. Esto ha llevado al propio barrio a crear una página web que permite consultar si el ascensor panorámico del parque de Las Rehoyas está operativo y así evitar el viaje en balde. A día 13 de agosto, la respuesta vuelve a ser que no funciona, como lleva pasando ya 94 días, es decir, tres meses.
Averías constantes
El proyecto ha nacido desde el propio barrio y funciona sin ánimo de lucro, publicidad ni financiación pública. La iniciativa funciona como una especie de semáforo comunitario. Cualquier vecino puede comunicar que el estado del ascensor ha cambiado: si funciona o no, incluso añadir fotos para mostrar la situación actual. Cuantas más personas confirman un cambio, mayor es la fiabilidad del estado que muestra la página.
La cifra que aparece ahora en pantalla resume buena parte del problema: 94 días consecutivos sin servicio, algo más de tres meses. En abril, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria anunciaba que había vuelto a poner en funcionamiento el ascensor después de solucionar una incidencia provocada por filtraciones de agua procedentes del centro deportivo de Las Rehoyas. Sin embargo, apenas unas semanas después volvió a quedar fuera de servicio, dando comienzo a la racha que todavía continúa en agosto.
Mucho más que un ascensor
La importancia de la instalación se entiende mirando la propia orografía de Las Rehoyas. El elevador conecta las calles Agustina de Aragón y Fortunata y permite salvar un desnivel superior a los 30 metros, facilitando el acceso al parque, al gimnasio y a otras zonas del barrio.
Por eso, cada avería afecta sobfre todo a personas mayores, vecinos con movilidad reducida, familias con carritos infantiles o personas que tienen dificultades para afrontar escaleras y pendientes. La alternativa obliga a rodear y afrontar una pendiente, hasta el punto de que desde el proyecto vecinal advierten que, cuando el ascensor deja de funcionar, una parte del barrio queda prácticamente incomunicada. Una situación que ha empeorado con el comienzo del calor.

Una reivindicación que se repite
Las reparaciones puntuales no han conseguido acabar con una situación que los residentes arrastran desde hace tiempo. Se arregla, vuelve a funcionar y termina averiándose de nuevo, mientras el contador de días sin servicio vuelve a ponerse en marcha. De ahí que la reivindicación vecinal vaya más allá de reparar la incidencia concreta de cada momento.
Lo que reclaman es una solución definitiva y un mantenimiento capaz de garantizar la continuidad de un servicio público importante para la accesibilidad. Mientras esa respuesta no llega, los propios vecinos han creado una herramienta para, al menos, saber a qué atenerse antes de salir de casa.
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