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Su familia, amistades y compañeros han querido rendir un homenaje al Pumu en su barrio / MOSCAFUERTE

“Solo el Pumu podía conseguir algo así”: casi 50 grafiteros pintan una pared de 80 metros en San Cristóbal

Compañeros, amistades y familiares del artista le rinden un homenaje en su barrio reflejando en la pared del CIFP San Cristóbal la filosofía que le caracterizaba

Hay muros que solo separan una calle de otra. Y hay otros que, de pronto, se convierten en memoria. En una de las paredes del CIFP San Cristóbal, en Las Palmas de Gran Canaria, cerca de 50 grafiteros se han reunido para hacer algo que va mucho más allá de pintar: levantar un homenaje colectivo a Hugo, conocido en el mundo del grafiti como el Pumu, un creador de la ciudad que falleció el año pasado.

El proyecto ha llenado de color una pared cedida por el centro educativo, situada en una zona especialmente simbólica para la familia. Está al final de la calle donde crecieron, en el barrio por el que Hugo se movía y en un espacio que, desde hacía décadas, ya tenía una relación directa con el grafiti. “Esa esquina siempre había tenido grafitis o una influencia para nosotros”, recuerda su hermano, Fygaro No Pinta, uno de los impulsores del homenaje.

El muro del barrio

La idea empezó a tomar forma poco después de la muerte de Hugo, en agosto del año pasado. Según explica Fygaro, desde el primer momento varias personas que le querían tuvieron claro que había que hacer “un buen homenaje, bien hecho, un buen muro pensado y organizado”. No querían una intervención rápida ni un simple retrato, sino algo que respirara la forma en la que el Pumu entendía el grafiti.

El primer paso fue encontrar el lugar. Ahí apareció la posibilidad del CIFP San Cristóbal, donde ya se había realizado anteriormente un gran mural vinculado a la vela latina canaria. En aquel trabajo participó Ricardo Santana, conocido como Richar, de GraffMapping, y el propio Hugo también había echado una mano. E incluso, uno de sus hermanos había estudiado en el centro, lo que terminó de cerrar el vínculo.

Richar comentó la propuesta al centro educativo y la dirección vio con buenos ojos la iniciativa, por lo que cedió la pared. 

La pared reunió a casi 50 artistas para homenajear al Pumu / CEDIDA

Casi 50 personas

Al principio, la intervención iba a ocupar un espacio más reducido, pero la respuesta fue creciendo. Eran tantos los artistas que querían participar — de todas las islas, la Península e incluso conocidos del Pumu que se encuentran en Japón — que finalmente se cedió una extensión mayor del muro, desde la entrada hasta la calle Córdoba, un total de 80 metros. 

Fygaro calcula que en el proyecto participaron 46 artistas en las viñetas principales, aunque el número real de colaboradores es mayor si se tienen en cuenta otras partes del mural. En los radios de una bicicleta, por ejemplo, también pintaron amigos, familiares y personas del entorno que querían dejar su pequeña huella. Entre ellos hubo desde grafiteros con trayectoria hasta niños. Participaron los sobrinos de Hugo y también un niño de 8 años, hijo de uno de los artistas. 

Una obra colectiva 

Para la familia, eso encajaba totalmente con la filosofía del Pumu: abrir espacio a quien quisiera pintar, enseñar a los nuevos y entender el grafiti como una cultura compartida, no como un territorio cerrado.

El resultado ha sido una obra colectiva de gran formato, construida entre viñetas, colores, guiños personales y recuerdos compartidos.

La filosofía del Pumu

Hugo empezó a pintar junto a su hermano en torno a 2003. Desde entonces, según recuerda Fygaro, fue una persona muy vinculada a la cultura del hip hop y del grafiti. Le interesaban los estilos, las normas no escritas de respeto, la historia del movimiento y la forma en la que se pintaba en otras ciudades, en Europa o en Estados Unidos.

Pero, sobre todo, le gustaba compartir lo que sabía. Por eso, muchas generaciones de grafiteros en Canarias encontraron en el Pumu a alguien dispuesto a pintar un muro con ellos, explicarles cómo funcionaba la cultura del boceto, las firmas, el respeto entre piezas y la calle como lugar de aprendizaje.

Un mural como un cómic

La estética elegida para el homenaje tampoco fue casual. El mural se organizó como si fuera un cómic, con diferentes viñetas que permitían a cada artista tener su espacio, pero sin perder la idea de conjunto. Esa estructura, cuenta Fygaro, conectaba con los gustos de Hugo, que tenía una fuerte relación con la estética del cómic y con el color.

La organización insistió en que las piezas dialogaran entre sí. No se trataba de que cada persona pintara por separado, sino de que el muro mostrara que todos habían trabajado juntos. “Queríamos que se notara que habían pintado juntos”, explica Fygaro. Incluso en el proceso hubo artistas que modificaron sus ideas iniciales para acercarse más a lo que imaginaban que al Pumu le habría gustado: más color, más interacción y menos rigidez.

Grafiti en homenaje del Pumu / CEDIDA

Todo por el Pumu

El homenaje tiene también un componente difícil de medir. Para Fygaro, reunir a unas 50 personas para pintar un muro en Gran Canaria es algo poco habitual. Y hacerlo sin un gran festival detrás, sin una estructura institucional enorme, sino desde el afecto y la memoria, lo convierte en algo todavía más especial.

Su hermano lo expresa con emoción: “Solo el Pumu podía conseguir una cosa así”. Cada vez que pasa por delante del mural todavía necesita asimilar que hayan sido capaces de levantar algo de esa dimensión. No solo por el tamaño, sino por lo que significa para el barrio, para la familia y para todas las personas que compartieron años de pintura, bocetos, calles y conversaciones con Hugo.

Una forma de entender el grafiti

Desde el CIFP San Cristóbal destacan también el valor de esa conexión con el entorno. El centro ya había comprobado cómo el mural de la vela latina se había convertido en una imagen reconocible para la zona. De hecho, señalan que en tres años nadie lo ha dañado, algo que interpretan como una muestra de respeto y de identificación del propio barrio con la obra.

En una ciudad donde muchas veces los muros pasan desapercibidos, este ha empezado a contar otra cosa. Habla de un grafitero que dejó huella en varias generaciones, de un barrio que ahora se reconoce en sus paredes y de un grupo de artistas que convirtió el duelo en pintura. Un homenaje al Pumu, sí, pero también a una forma de entender el grafiti como familia, memoria y comunidad.