Fernando Clavijo Batlle (San Cristóbal de La Laguna, 1971) afronta los últimos meses de su segunda legislatura al frente del Gobierno de Canarias con una convicción y una preocupación que atraviesan buena parte de su discurso. La primera es que la economía del Archipiélago funciona. La segunda, que sus buenos resultados no alcanzan con la misma intensidad a los hogares. El presidente admite que la pérdida de poder adquisitivo, las dificultades para acceder a una vivienda y el crecimiento de la población están poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones.
En una entrevista concedida este jueves a Atlántico Hoy, en Santa Cruz de Tenerife, el líder de Coalición Canaria defiende una ley de residencia que permita establecer limitaciones en determinadas islas. Reconoce también incumplimientos de su Gobierno, especialmente en la reducción general del IGIC, la modernización administrativa o la renovación de las infraestructuras energéticas.
La conversación se extiende a las relaciones con Madrid y Bruselas, las consecuencias de los acontecimientos de Ceuta y la posición de Canarias ante Marruecos. Clavijo cuestiona con dureza la actuación del Ejecutivo de Pedro Sánchez y advierte de las dificultades que afrontan las regiones ultraperiféricas en la negociación del próximo presupuesto europeo. Confirma, además, que volverá a presentarse a la Presidencia de Canarias en 2027, aunque evita asegurar que esa vaya a ser su última candidatura.
— [Pregunta] Empecemos con esta fotografía del debate de investidura de 2017. ¿Qué queda de aquel Fernando Clavijo y qué ha incorporado o asumido por el camino?
— [Respuesta] Creo que, en el fondo, sigo siendo el mismo. Soy una persona muy familiar, no me gusta salir mucho. Mi entorno familiar y de amigos es exactamente el mismo desde el colegio, desde la EGB, que yo soy de los de antes. Intento mantener ese core, ese núcleo. Pero, evidentemente, han pasado muchos años. Hay un deterioro físico evidente y también cicatrices que me han ido curtiendo. Creo que me han fortalecido y me han permitido crecer como persona y como gestor.
— El martes, en un acto de Europa Press, apuntaba que la economía de Canarias crece por encima de las medias nacional y europea. Los últimos datos de la EPA también muestran que el empleo crece en las islas y que baja el desempleo juvenil. Sin embargo, reconoció que, aunque Canarias va bien, eso no repercute suficientemente en la economía de las familias. Es una afirmación significativa viniendo de un presidente del Gobierno. ¿No cree que existe el riesgo de que se interprete como una demostración de que el modelo económico canario es incapaz de convertir ese crecimiento en bienestar?
— No creo que sea el modelo económico canario, porque, si fuese el modelo, Canarias no iría bien. El modelo económico funciona. Canarias va bien. Pero ¿qué ocurre? Que Canarias necesita determinadas actuaciones del propio Gobierno de Canarias, haciendo autocrítica, pero también del Gobierno de España y de Europa para corregir esas singularidades.
El sueldo medio en Canarias está en torno a los 1.500 o 1.600 euros brutos al mes. Si vives en Gambia, eres rico, pero si vives en Canarias, tienes una inflación del 4,4%, el precio de la vivienda se ha disparado en los últimos diez años un 50% en compra y un 60% en alquiler, y llenar el depósito de combustible te cuesta casi dos euros el litro, pues no te da. Tenemos un problema de redistribución de la riqueza y eso tiene mucho que ver con la imposición. Siempre pongo el ejemplo de que en Canarias hemos hecho un esfuerzo para adaptar los tramos del IRPF a la inflación. Pero eso es la parte canaria, el 50%. La otra parte, la del Estado, no se ha adaptado. Con lo cual, estás castigando a los que menos cobran, porque al que es rico eso le da igual.
Y luego tenemos un problema de productividad, que tiene mucho que ver con el cumplimiento del Régimen Económico y Fiscal (REF). Si a la industria canaria no le pagas lo que establece el REF para compensar el coste del transporte, se lo pagas tarde, mal o ni siquiera llegas al 100%, estás castigando a esas empresas y mermando su capacidad. Si un empresario quiere pagar por encima de convenio a su trabajador, pero para subirle diez euros resulta que seis se van en Seguridad Social e impuestos, al trabajador solo le llegan cuatro. Esas revisiones, en una región ultraperiférica, las hemos plasmado en el Decreto Canarias. Esa es nuestra hoja de ruta, perfectamente amparada en el ordenamiento jurídico europeo. Creo que es posible, pero requiere esfuerzo y consenso político.
También hay problemas estructurales y maneras de abordarlos. Los últimos datos del informe AROPE muestran que tenemos 700.000 personas en riesgo de exclusión social. Si lo ves de manera aislada, dices: “Qué barbaridad”. Pero es el mejor dato de toda la serie histórica. Eso significa que, durante estos años de crecimiento económico, una parte ha ido llegando a las familias y ha permitido que casi 200.000 personas salgan del riesgo de exclusión social. Pero, aun así, el dato es escalofriante.
Tenemos que seguir trabajando en esa dirección. En la medida en que las familias canarias tengan más renta disponible, aumenten sus ingresos o el dinero que tienen valga más, podremos seguir reduciendo ese riesgo. Es un proceso lento. Además, hay factores externos. Llega la guerra de Ucrania, Donald Trump se mete en una bronca en Irán, el barril de petróleo supera los cien dólares y el coste del transporte sube un 10% en Canarias. Ya tienes un problema y vuelves a machacar a las familias, porque el combustible y la cesta de la compra se encarecen. Hay cosas que no dependen de nosotros y para las que tenemos que estar preparados.
— Precisamente, parece que Canarias ha hecho buena parte de los deberes en aquello que depende de las islas, pero hay factores externos que están desgastando esos avances.
— Claro. Hicimos un esfuerzo importante, también el sector empresarial. En 2025 se negociaron dos convenios colectivos en el sector turístico, que es el que más empleo genera, con subidas salariales superiores al 10%. Y la inflación se lo ha comido.
—En aquella jornada de Europa Press también habló del riesgo de frustración de una generación de jóvenes que no pueden emanciparse. Se mencionó un dato muy significativo: un joven canario necesitaría destinar aproximadamente el 126% de su salario para poder hacerlo. ¿Qué le diría a uno de esos jóvenes si le preguntara por qué debería confiar en su Gobierno?
—Le diría que confíe en sí mismo. Las cosas están así, pero las podemos cambiar. Y para cambiarlas no basta con el Gobierno. ¿Por qué digo que debe confiar en sí mismo? Porque también tiene que ayudar a que las cosas cambien. No podemos pensar que todo nos lo tiene que hacer el Gobierno.
Lo vivimos continuamente. Parece que nadie tiene culpa de nada ni es responsable de sus actos. Toda la culpa es del Gobierno, sea el de Canarias, el de España, el ayuntamiento o el cabildo. Tenemos que empezar a asumir que los retos son de toda la sociedad. Lo vemos con la educación de los niños. Hay quien piensa que lleva a su hijo al colegio para que lo eduquen. No, señor. Usted lo lleva al colegio para que adquiera conocimientos, pero tiene que enseñarle las normas de educación, a utilizar los cubiertos, a respetar a los demás. La educación no consiste únicamente en transmitir contenidos.
A veces pensamos que el Estado es un ente ajeno a nosotros. Pero el Estado somos todos. Soy yo, como presidente de Canarias, y son ustedes, como periodistas. No podemos esperar que alguien venga a resolverlo todo. Tenemos que remangarnos y trabajar. Los jóvenes están mucho más preparados de lo que estuvimos nosotros. También tienen que decir: “Yo quiero cambiar las cosas”.
Y las cosas se cambian con leyes, pero también en el día a día, con hábitos de consumo y de comportamiento. Tienen que confiar en ellos mismos, colaborar y ayudar a transformar la sociedad. También debemos reflexionar sobre determinadas propuestas que pueden conseguir el efecto contrario al que se persigue.
El problema de la vivienda requiere sosiego y un análisis más profundo. Ahora escuchamos a quienes dicen que, si llegan al Gobierno, van a bajar los alquileres un 40%. ¿Cómo lo vas a hacer? Si llevas ocho años gobernando y no lo has conseguido, ¿cómo lo vas a hacer ahora? La gente joven debe desarrollar esa capacidad de análisis, escuchar, informarse a través de distintos medios y tener opinión propia. No limitarse a seguir lo que diga otro.
— Volviendo a la vivienda, ¿cree que Europa atenderá la petición de Canarias de limitar la compra de inmuebles por parte de no residentes?
— Algo se está moviendo en Europa. Ya hay una comisión del Comité de las Regiones que está hablando de vivienda y que lidera, por cierto, el Ayuntamiento de Barcelona. El problema de la vivienda existe en Irlanda, en París, en Berlín, en Madrid y en Barcelona. Es un problema europeo.
Tiene que ver con aquella crisis brutal de las hipotecas subprime y del ladrillo. En Canarias, que es el caso que conozco en profundidad, el sector no ha podido recuperarse. Además, los problemas de movilidad y las dificultades de acceso han generado un proceso de concentración de la población. Ese es uno de nuestros retos.
Si te vas a las medianías de Tenerife, puedes encontrar viviendas de alquiler a precios razonables. Pero, si quieres vivir en Las Canteras, en El Toscal o en La Salle, en Santa Cruz, tienes dificultades. Y también ocurre en el sur de las islas. Eso requiere una mejor planificación urbanística. Pero nos encontramos con problemas como el del Plan Insular de Gran Canaria: diez años de trabajo y el plan salta por los aires.
Necesitamos procedimientos mucho más ágiles y sencillos. Y, por mucho que se diga que el precio de la vivienda va a bajar, bajará, pero no mucho. Los materiales cuestan lo que cuestan, falta personal y tenemos dificultades con los procedimientos. Ahora estamos empezando a ver sistemas de construcción industrializada, con módulos, que permiten trabajar más rápido. Las cosas están cambiando.
En Canarias, hasta la oposición nos reconoce que hemos conseguido cambiar la tendencia. Pero los resultados van a requerir tiempo. Evidentemente, van a requerir tiempo, y no podemos cejar en el empeño.
— Su Gobierno acaba de presentar el presupuesto para 2027, el más alto de la historia, con unos 13.200 millones de euros. Canarias siempre ha tenido problemas de financiación, pero también hay consejerías que no son capaces de ejecutar sus propios presupuestos. ¿No existe un problema que va más allá de los recursos y que tiene que ver con la gestión? ¿Considera que la Administración todavía carece de la agilidad suficiente para gestionar su propio dinero?
— La Administración pública tiene dos problemas. El primero es la rigidez de los procedimientos y las garantías jurídicas. Cuando emites resoluciones que afectan a terceros, todo tiene que estar jurídicamente bien preparado. El segundo es que la incorporación de nuevas tecnologías y procedimientos siempre va muy por detrás.
Tenemos un ejemplo en esta legislatura: la dependencia. Fuimos duramente criticados, incluso nos llevaron a los tribunales. Cuando llegamos, hace tres años y pico, casi cuatro, se tardaban 810 días en resolver un expediente. Ahora estamos tardando 200 y queremos terminar la legislatura por debajo de los 180, que es el plazo legal. ¿Cómo lo hemos hecho? Se decía que el problema se solucionaba incorporando más valoradores. Nosotros cambiamos el decreto de acceso y las reglas del juego.
Si algo no funciona, cámbialo. Porque, si te limitas a meter más personal, a veces funciona todavía peor. En segundo lugar, hemos mecanizado procesos, incorporado inteligencia artificial y aplicado medidas tan sencillas como georreferenciar los expedientes.
Antes, un trabajador tenía una orden para visitar a una persona en Las Canteras, otra en Gáldar y otra en Mogán. Claro, hacía tres visitas al día. Lo que hemos hecho es georreferenciar los expedientes. Si tienes que ir a Mogán y hay veinte personas pendientes, aprovechas el desplazamiento y haces las veinte visitas. Antes se decía que había que seguir estrictamente el orden de los expedientes. Pero, hombre, si ya estás allí, aprovecha y hazlos todos. Eso nos ha permitido reducir casi 600 días los tiempos de resolución. Y tenemos que hacer lo mismo con el resto de los procedimientos.
Nosotros pedíamos en el decreto de vivienda el silencio administrativo positivo para construir viviendas. Tenemos un problema de vivienda, hemos puesto financiación y hemos cambiado los decretos. Pero, si luego solicitas una licencia y el Ayuntamiento tarda dos años y medio en concedértela, no avanzamos. Para eso habilitamos procedimientos con entidades colaboradoras y colegios profesionales.
Pero después te encuentras con ayuntamientos y funcionarios que se resisten. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que tiene un grave problema de vivienda, dice que no quiere acogerse a ese sistema porque quiere seguir teniendo el control. A mí me parece perfecto que quieras tener el control, pero resuélveme las licencias en seis meses. No puedes tardar dos años y medio.
Son inercias que hay que romper con valentía y con grandes acuerdos políticos. A veces tiras para adelante y te partes la cara, pero tienes que hacer lo que crees que es correcto. Y, desde luego, no corren buenos tiempos para los grandes acuerdos políticos.
Contestando a la pregunta, claro que tenemos un problema de gestión. También es cierto que el grado de ejecución presupuestaria de la comunidad autónoma ha ido mejorando. En ocasiones se hace trampa con los datos de ejecución. Acabamos de adjudicar la obra del eje norte-sur de Fuerteventura, por ciento sesenta y pico millones de euros, creo recordar.
Evidentemente, no vas a gastar todo ese dinero este año, pero el crédito está comprometido. Tienes varios años para ejecutar la obra. Después te dicen que no has gastado ochenta millones. Claro que no los he gastado, porque no puedes ejecutar toda la obra en un año. Pero el gasto está comprometido.
— Quedan siete u ocho meses para las elecciones autonómicas. ¿Qué tres compromisos de su programa de gobierno considera que ha cumplido y de cuáles se siente especialmente orgulloso? ¿Y cuáles reconoce que no podrá cumplir?
— Creo que hemos cumplido en abordar el problema de la vivienda y conseguir un cambio de tendencia. No todo el que nos hubiese gustado, pero hemos conseguido cambiar el rumbo. Hemos mejorado notablemente los datos de sanidad y los de bienestar social relacionados con Dependencia. También hemos conseguido reducir las ratios en educación, implantar la enseñanza de cero a tres años y reforzar la figura de autoridad del profesor. Creo que hay logros.
¿Qué no hemos conseguido? No hemos cumplido el compromiso de bajar el IGIC con carácter general. Hemos aplicado reducciones puntuales, pero no hemos podido bajar el tipo general del 7% al 5%. Tenemos argumentos para explicarlo: no hay presupuestos generales del Estado ni un nuevo sistema de financiación autonómica. Pero no lo hemos cumplido y hay que ser honestos.
Tampoco hemos conseguido modernizar la Administración de la comunidad autónoma como nos hubiese gustado. Hemos mejorado determinados procedimientos, como los de discapacidad y dependencia, y hemos avanzado con la historia clínica única. Pero no hemos conseguido darle la vuelta a la Administración en muchos otros procedimientos.
Y, a pesar de que ha sido una lucha titánica y de que hemos hecho más que nunca en una legislatura, tampoco hemos alcanzado los objetivos que nos marcamos en materia energética. No hemos conseguido terminar de renovar todos los equipos. No depende exclusivamente de nosotros y hemos sacado los concursos, pero la renovación no está terminada.
— Presidente, cambiemos la mirada interna por la externa. Canarias vuelve a enfrentarse a repuntes migratorios constantes, como un martillo que golpea siempre el mismo clavo. Le hemos escuchado decir que está dispuesto a acudir a los tribunales para resolver esta situación. Lo cierto es que, después de varias crisis consecutivas, seguimos sin tener un sistema estable de respuesta. ¿Qué responsabilidad corresponde al Gobierno de España y cuánta a Bruselas?
— Desde el punto de vista estrictamente competencial, creo que antes de la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, el 12 de junio, la responsabilidad era en un 90% del Gobierno de España y en un 10% de Europa. Ahora, con la aplicación del nuevo pacto, podemos estar en un 70%-30% o incluso en un 60%-40%. Creo que Europa ha caminado en el sentido contrario al que nos hubiese gustado. No voy a decir quién tiene razón y quién no, porque todo depende del cristal con el que se mire, pero sí creo que Europa ha empeorado una situación que ya era delicada.
Acabo de terminar una reunión con CEAR. Han venido a vernos y hemos podido analizar la situación. Ayer estuvieron en El Hierro. Ellos mismos están comprobando las dificultades para cumplir unos procedimientos engorrosos. Se producen retrasos, no se llega a tiempo y se pierden garantías para las personas que llegan. Creo que Europa buscaba claramente contener a los migrantes en los territorios fronterizos. Lo que ha hecho, perdón por decirlo así, es enguarrar todavía más los expedientes y complicarlo todo.
Y España tiene que ser consciente, al menos en el caso de Canarias, de que esto va a seguir ocurriendo, porque la diferencia de riqueza es brutal. Necesitamos instalaciones estables y dignas. No las tenemos en El Hierro. En otros lugares las tenemos, pero no con las dimensiones que serían razonables. Y no hablamos únicamente de instalaciones, sino también de plantillas suficientes para atender a las personas que llegan. Ahora mismo, desde la comunidad autónoma, estamos sufriendo una sobrecarga en nuestros sistemas educativo y sanitario porque el Estado no está contratando esos servicios, al menos los de primera atención.
— Vamos a hacer una referencia directa a la política nacional. Fernando Clavijo ha convertido la reivindicación frente a Madrid en uno de los ejes de esta Presidencia a partir de una especie de pseudonacionalismo de baja intensidad. ¿No existe el riesgo de que Coalición Canaria haya terminado convirtiendo la reclamación permanente al Estado en una forma de gobernar sin mucho más?
— Vamos a ver. La reclamación viene porque no cumplen las leyes. Tienes dos opciones. Puedes tener gobiernos que obedecen a Madrid y que, cuando no se cumplen las leyes, se callan y agachan la cabeza porque sus jefes se lo ordenan. O puedes tener un Gobierno que no tenga complejos ni obediencia centralista y jacobina a Madrid, y que reclame lo que corresponde a Canarias.
No es una queja. En esta legislatura no hemos tenido presupuestos generales del Estado. Pero existe una ley, el Régimen Económico y Fiscal, que está recogida en nuestro Estatuto de Autonomía y, por lo tanto, forma parte del bloque constitucional. Esa ley establece que los presupuestos generales del Estado tienen que garantizar que la inversión en Canarias alcance la media española. Y sistemáticamente no lo cumplen. ¿Qué hacemos? ¿No lo reclamamos? ¿Nos callamos y nos conformamos?
— ¿Qué resultados concretos ha dado esa estrategia? ¿Para qué ha servido la reclamación permanente?
— Hemos conseguido resultados concretos. Hemos conseguido el descuento del 75% para residentes, la gratuidad de las guaguas en Canarias, fondos para combatir la pobreza y un fondo para el empleo. Hemos conseguido la bonificación del 60% del IRPF en La Palma y fondos para su reconstrucción.
Hemos conseguido poder utilizar el superávit, que es una reivindicación que viene incluso de mi anterior etapa como presidente, en lugar de tener que destinarlo a los bancos. También hemos conseguido avances en materia aeroportuaria. Precisamente hoy estaba previsto firmar el órgano para la cogestión de las infraestructuras aeroportuarias.
Hemos conseguido cosas. Y cuanta más fuerza tengamos en Madrid, cuanto más dependan los futuros gobiernos de España de los diputados y diputadas nacionalistas canarios, más fortaleza tendremos.
— Desde Lanzarote miramos hacia el este y tenemos a Marruecos a unos cien kilómetros. Después de los sucesos de Ceuta, ¿la mirada de Fernando Clavijo y del Gobierno de Canarias hacia Marruecos sigue siendo la misma?
— Sí. Marruecos es un vecino que tiene sus intereses y con el que nos tenemos que relacionar desde un plano de igualdad y respeto. El problema no ha sido Marruecos. El problema ha sido el Gobierno de España. La debilidad del Gobierno de España, su inoperancia y lo que nos estamos enterando, incluso de instrucciones del propio Gobierno para dejar pasar y abrir la verja. Y después, el ocultismo. No hacer públicos los informes del CNI, decir que no se avisó cuando sí se avisó, no advertir de que había fragatas marroquíes en aguas españolas...
El problema no es ese vecino. Tú sabes lo que tienes enfrente. Tienes que dimensionarlo, valorarlo, evaluarlo y actuar en consecuencia. Lo que no puedes hacer es demostrar debilidad. Tampoco puedes decir que nos han invadido y después irte de vacaciones con la maleta. No tiene sentido. Yo no le achaco a Marruecos que tenga sus intereses. Nosotros tendremos que defender los nuestros. Pero, desde luego, lo que me preocupa es cómo ha actuado el Gobierno de España en esta situación.
https://youtu.be/gDwdgFRJQ0g
— No sé si han podido medir la opinión pública canaria después de los acontecimientos de Ceuta. Algunos tenemos la percepción de que se ha producido una mayor sensibilidad de los ciudadanos hacia Marruecos.
— Por supuesto.
— Y eso se traduce en cierta tensión, incertidumbre e incluso pequeños brotes de racismo. ¿Qué se puede hacer para gestionar esa situación?
— Eso se tiene que gestionar precisamente a través de ustedes, de los medios de comunicación serios, con información y explicando las cuestiones. Si has estado allí, eres consciente de que, si Marruecos levanta la barrera, la cantidad de migrantes que nos puede llegar a las islas sería terrible. Porque tanto Marruecos como Mauritania están haciendo una labor importante de vigilancia y contención para evitar que esas personas lleguen.
Yo no sé exactamente qué ocurrió, pero, a mi modo de ver, la operación de Ceuta fue una operación de guerra híbrida. Ahí hay algo. No sabemos lo que es, pero tiene que haber algo detrás. Tarde o temprano lo sabremos, porque afortunadamente sigue existiendo el periodismo de investigación y hay gente que continúa trabajando para averiguar qué ocurrió. Ese hecho obedece a algo concreto, aunque todavía no sepamos qué es. Yo tengo mi propia opinión.
— Díganosla.
— Pedro Sánchez, semanas antes, se fue a Argelia. Incluso tenía previsto un acto con Argelia. Yo no soy especialista en relaciones internacionales, pero es evidente que Argelia y Marruecos mantienen una enemistad desde hace mucho tiempo. Y probablemente aquello pudiera provocar una reacción. Igual que la subida de aranceles de Donald Trump por su enfrentamiento con Pedro Sánchez. Puede haber ahí una explicación. En cualquier caso, sería un error de la política exterior del Gobierno de España.
Pero, evidentemente, ahora mismo Marruecos es el país más estable y articulado de África occidental, junto con Mauritania, con el que también tenemos una relación. Nosotros, como Gobierno de Canarias, no tenemos competencias en política exterior, pero sí tenemos una relación con África y convenios de colaboración y cooperación.
He estado en Mauritania, he estado en Marruecos, me he reunido con el ministro Bourita y con el presidente de Mauritania. Ese trabajo lo estamos haciendo. Y a la población hay que explicarle que Marruecos tiene sus intereses, por supuesto, pero que el problema no es Marruecos. Hay que mirar hacia nuestra propia casa. En mi opinión, el problema lo tenemos en casa.
— Presidente, sea valiente y haga un ejercicio de autocrítica. Lleva mucho tiempo defendiendo que Canarias necesita un trato diferencial para superar las desventajas de su situación geográfica y geopolítica. ¿Y si el problema no fuera únicamente lo que se recibe de Madrid o Bruselas, sino también algunas decisiones que históricamente se han tomado en esta comunidad autónoma? ¿Es posible hacer esa autocrítica?
— No solo es posible, sino que es necesaria. Si partes de un diagnóstico equivocado, difícilmente vas a acertar con las soluciones. Tienes que hacer un diagnóstico certero y, por supuesto, todos hemos cometido errores. Una vez que tienes ese diagnóstico, debes aplicar las recetas adecuadas.
Nosotros hemos hecho ese diagnóstico, probablemente con errores y aciertos. Tenemos un problema de productividad. Y hemos tratado de corregirlo desde el sector público, en aquello que depende de nosotros. En el ámbito privado estamos trabajando con distintos programas, desde la Consejería de Industria que dirige el vicepresidente hasta reformas como la de la Ley del Suelo, que permiten desarrollar determinadas actividades y facilitan actuaciones del sector privado para mejorar su productividad.
También tenemos un problema de riqueza y de salarios. ¿Qué pedimos en el Decreto Canario? Si un empresario quiere pagar a su trabajador 300 euros más de lo que establece el convenio, no tiene sentido que, para que esos 300 euros lleguen a la nómina, tenga que asumir un coste de 1.000 euros. Lo que proponemos es que la Administración no penalice ese incremento salarial.
Y podemos establecer límites. Por ejemplo, para salarios de hasta 40.000 euros. Si tienes un alto directivo que cobra 200.000 euros al año, no vengas a pedirme que te bonifique la Seguridad Social. Págale más, que seguramente ya te lo produce. Pero si tienes una redacción con periodistas que cobran 1.500 o 1.600 euros y quieres subirles el sueldo a 1.800, no tiene sentido que esa mejora te cueste 600 euros más por trabajador.
Eso está recogido en el Decreto Canario y sostenemos que, como región ultraperiférica, jurídicamente es posible. Incluso podemos acotarlo a los sectores donde estamos teniendo un problema especialmente grave. Estamos perdiendo la clase media en Canarias. Y eso es un drama para cualquier sociedad. Porque es precisamente ahí donde crece el caldo de cultivo de los populismos.
Hay que tomar medidas y nosotros las hemos ido poniendo. Por ejemplo, para la compra de viviendas de menos de 200.000 euros por personas menores de 40 años, hemos establecido beneficios fiscales en el IGIC. Puede parecer una bobería, pero estamos hablando de un porcentaje importante del precio de una vivienda. También tenemos ayudas a fondo perdido que pueden alcanzar el 20% del precio de adquisición de una vivienda para jóvenes.
Evidentemente, si vas a comprarte un chalet de un millón y medio de euros, págalo tú. Son medidas que requieren microcirugía, si se me permite la expresión. Medidas de microeconomía y no café con leche para todos.
Siempre pongo otro ejemplo: las pensiones. Estoy totalmente de acuerdo con que suban, pero vamos a subir más las no contributivas y no tanto las de 2.600 euros. Si subes un 2% una pensión de 2.600 euros, puedes permitirte aumentar un 10% o un 15% la de una persona que tiene que vivir con 600 euros al mes.
Ese es el problema. Pero ahí chocas con el populismo y con la ausencia de grandes pactos. Las pensiones han aparecido ahora en campaña y después el debate ha quedado tapado. Necesitamos un gran pacto y una reflexión como sociedad. De hecho, era uno de los pocos pactos de Estado que permanecían desde el Pacto de Toledo.
— El Pacto de Toledo, efectivamente.
— Pero ahora no hay capacidad para alcanzar esos acuerdos. Pongo otro ejemplo, aunque parece que estoy dando una charla más que respondiendo a una entrevista. Ocurre lo de Ceuta y no convocas a los portavoces parlamentarios en La Moncloa para hablar con ellos y decirles: “Señores, tenemos que estar a la altura”. O sucede el accidente de tren de ayer [este miércoles para el lector]. Yo convocaría a los portavoces parlamentarios. Les diría: “Oigan, algo está pasando. Vamos a cerrar filas”.
Porque Pedro Sánchez es presidente ahora, pero a lo mejor deja de serlo en enero. O a lo mejor sigue siéndolo. No lo sé. Pero creo que tenemos que preguntarnos qué está pasando con nuestro país. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Pues hemos llegado hasta aquí por culpa de todos. No podemos seguir diciendo que la culpa es del otro. Que si tú eres el político, que si tú eres el periodista... No. Es responsabilidad de todos. Paremos. Paremos, porque no vamos bien.
— Hace unas semanas estuvo en Dublín. Canarias afronta una negociación decisiva sobre los fondos europeos y el futuro de las regiones ultraperiféricas. ¿Es optimista? ¿Cree que conseguirán revertir la situación y mantener una relación directa con Bruselas para gestionar esos fondos?
— No soy optimista. Tengo que decirlo con honestidad. De hecho, la propuesta inicial era reducir los fondos europeos entre un 8% y un 9%. Lo que creo que vamos a conseguir, y en buena medida hemos conseguido, es que se mantenga la ficha financiera y no haya pérdidas. Y eso ya es mucho.
Hemos conseguido una carta firmada por los presidentes de Portugal, España y Francia para que se mantengan los fondos destinados a las regiones ultraperiféricas, las RUP. Pero creo que, con la simplificación administrativa como argumento o como excusa, lo que Europa pretende es entregar los fondos a los Estados miembros y que cada uno se busque la vida.
Es decir, Bruselas no quiere tener a los agricultores franceses o españoles protestando delante de sus instituciones. Cuando vayan a protestar, les dirá: “No, no. Hablen con su Gobierno”. Y eso supone, de facto, renunciar a las políticas europeas. Al final, se convertirán en políticas nacionales más que europeas.
Vemos ahí una amenaza y no somos optimistas. También vemos otra amenaza en la nueva definición de los ejes presupuestarios, porque se están mezclando las políticas de cohesión con las de defensa. Y todos sabemos que el futuro va a pasar por una desviación de fondos de unas partidas hacia la defensa.
En este momento, en el que parece que el mundo se ha vuelto loco, hay dos corrientes. Por un lado, están los países que quieren más Europa. Incluso se está hablando de que vuelva el Reino Unido o de que se incorpore Canadá, que sería algo extraordinario. Por otro lado, están quienes quieren volver a sus propios chiringuitos nacionales.
Yo intento ser justo. Creo que España está en la tesis de más Europa y la comparto. No comparto muchas cosas con el Gobierno de España, pero en esto sí estoy de acuerdo. Creo que los populismos de ultraderecha que están llegando a Europa pretenden desarticular el proyecto europeo y volver a los intereses nacionales. Quieren acabar con el espíritu que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que dio lugar al gran proyecto europeo.
No conozco ningún territorio en el mundo que haya disfrutado de tanta prosperidad y tantos años de paz como Europa desde la construcción de ese proyecto. Es una auténtica garantía. Frente a quienes quieren desmantelarlo, tenemos que reivindicar nuestros valores.
Y reivindicar nuestros valores también significa hacer sacrificios. Sacrificios políticos, presupuestarios y también por parte de la ciudadanía. Pero, claro, con todo este ruido, ¿quién es capaz de conseguirlo?
— Sus compañeros lo han elegido candidato de Coalición a la presidencia del Gobierno de Canarias en 2027. ¿Será la última vez? ¿Contempla la próxima legislatura como su último mandato o todavía no se lo plantea?
— No lo puedo decir. Pero sí puedo decir que creo en la alternancia y considero que la alternancia es positiva. De momento, quiero terminar esta legislatura cumpliendo el mayor número posible de los objetivos que nos marcamos, teniendo en cuenta el contexto que nos ha tocado vivir. Lo dije antes: el contexto no lo eliges, pero sí eliges cómo reaccionas ante él. Y, desde luego, el objetivo es presentarme y que Coalición Canaria tenga una propuesta lo suficientemente atractiva para la ciudadanía como para ganar las elecciones.
https://youtu.be/PkuuobQ9L48
— Hace unos meses, quizá un año, participó en un encuentro con escolares organizado por las radios en la calle Triana. Creo recordar que uno de los niños le preguntó si podía dormir bien siendo presidente, con todos los problemas que tiene la gente. Le traslado aquella pregunta: ¿se duerme bien?
— Sí. Yo siempre digo que, cuando me acuesto por la noche, leo. Siempre tengo algún libro y leo algún capítulo. Ahora estoy leyendo Todos los hombres de Sánchez, de Ketty Garat. También hago una reflexión sobre el día. Y, cuando me levanto por la mañana, hago propósito de lo que quiero hacer. Tengo unos minutos para eso. Madrugo mucho y duermo poco. Pero he dormido poco toda mi vida, no es por el cargo. Siempre hago ese ejercicio.
Yo duermo mal si, cuando me acuesto, no estoy satisfecho con lo que he hecho. No hablo del resultado, porque generalmente me acuesto con una cuerada. No siempre se gana. Pero, si he dado todo lo que tenía, puedo dormir tranquilo. He perdido, lo siento. Me he equivocado aquí, no he visto bien aquello, pero lo he dado todo. Ahora, si me acuesto y pienso que he estado vacilando, que he pasado de un problema o que no le he prestado la atención que merecía, entonces sí duermo mal.
Intento darlo todo. Con lo cual, con carácter general, duermo bien. Poco, pero bien.
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