José Carlos Acha, candidato del PP al Senado por Tenerife afronta la contienda electoral hasta el próximo 29 de noviembre con una duda que él mismo convierte en reto: ¿puede un político moderado, cercano y amante del trabajo silencioso encajar en una política nacional marcada por la crispación? Su respuesta es un “sí” convencido, aunque sabe que no será fácil.
En declaraciones a Atlántico Hoy, Acha explica que no asume esta responsabilidad como quien busca un título más en su carrera. Llega, sobre todo, con una sensación de deber cumplido y de responsabilidad nueva. “Es un privilegio y es un honor representar a la isla en la Cámara alta”, reconoce.
Esa idea -la de representar a una isla entera- es la que sostiene un discurso que va más allá de hablar de Tenerife como un territorio aislado, sino como parte de Canarias. “Hacemos piña”, dice. Y defiende que la labor de los senadores canarios ha sido “excepcionalmente buena” y debe continuar e incluso incrementarse.
El estilo de Acha frente al ruido
La pregunta que atraviesa la entrevista es si un político como él -moderado, tranquilo, dado a dialogar y alejado del foco mediático siempre que puede- tiene sitio en la política de hoy. Acha responde con honestidad: “Para unos te quedas corto y para otros te quedas largo”, reconociendo que mantener su modelo moderado puede ser “muy criticable”, pero insiste en que es el que hace progresar a la sociedad.
Su rechazo a la crispación es frontal. “No me van a ver ni chillando ni insultando”, asegura. Según expone "hay que ser firme y claro en los planteamientos, pero pasar la línea hacia la descalificación personal o el insulto no es bueno. Ni para las personas, ni para la sociedad, ni para un Gobierno”.
Confrontación y descalificación personal
A casi nadie se le escapa el clima de confrontación e insulto que ha copado protagonismo durante casi toda la legislatura recién finalizada, desde las noches de algaradas en Ferraz, lpasando por los exabruptos en el Congreso y Senado de una parte y otra de las diferentes bancadas, el tan traído y llevado “me gusta la fruta” e, incluso, los últimos insultos del mandatario argentino, Javier Milei, al presidente del Gobierno de España durante su visita a Madrid, hasta las burlas personales convertidas en lemas de campaña.
Al respecto, Acha atribuye buena parte de la polarización al “sanchismo”, al que acusa de enfrentar a la sociedad y de recurrir al sentimiento cuando, según él, faltan argumentos. “Vamos a polarizar, vamos a enfrentar a la sociedad”, critica. “Meto gente en la calle, que griten, que chillen”, añade en clara referencia a las personas que permanecen acampadas en Sol
¿Y la autocrítica del PP?
Teniendo en cuenta todo este asunto que dibuja el candidato a la Cámara Alta, es inevitable preguntar si su partido tiene alguna responsabilidad en todo esto o si existe algún tipo de autocrítica y responde con prudencia: “Todos nos equivocamos, todos nos equivocamos”.
Pero inmediatamente traslada la responsabilidad al Gobierno. “¿Quién gobierna? ¿Quién nos ha llevado a esta situación? ¿Quién ha iniciado todos estos pasos y estos movimientos?”, pregunta. “Lamentablemente ha sido el PSOE”, afirma.
El candidato defiende la libertad de opinar y de reunirse sin miedo a ser atacado por pensar distinto. “Que tú tengas aquí un encuentro, una manifestación o un meeting y no te vengan a atacar los otros porque estás opinando diferente”, plantea.
Los problemas que quieren solucionar
Esa preocupación por el tono político no es un ejercicio de estilo, ya que para el entrevistado, la forma de hacer política determina si se resuelven o no los problemas reales. Y los que más le preocupan son dos: la vivienda y las migraciones.
En vivienda, su diagnóstico es duro. Acusa al Gobierno de haber estado “ocho años inactivo” y de no haber impulsado la construcción de vivienda pública, protegida o social. “Se han desahuciado a 90 personas diarias durante ocho años. Calcula tú…”, denuncia.
“Es en cascada”
Al preguntarle por el reparto de competencias en materia de vivienda entre Gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos, Acha responde con una expresión que repite varias veces: “Es en cascada”.
Explica que el Estado debe aligerar tramitaciones y leyes, favorecer planes con ayudas para construir y crear un ecosistema en el que autonomías y municipios puedan desarrollar sus planes generales de ordenación urbana. “Tienen que lograr y tener incentivos para construir”, señala.
“No hay vivienda pública”
El candidato echa de menos las promociones de vivienda pública de antaño. “Yo hace años que no veo promociones de vivienda pública”, lamenta y recuerda que en Santa Cruz las había, con dinero del Estado y del Gobierno de Canarias. “Eso ha desaparecido”, subraya.
Su propuesta pasa por agilizar trámites, facilitar ayudas y dar incentivos a ayuntamientos y comunidades autónomas para que puedan construir. “No son soluciones que puedas hacer por arte de birlibirloque”, advierte. “Es trabajo continuado”.
En migraciones, el tono se vuelve más emotivo. “¿Qué necesidad hay de que mueran miles de personas en el océano?”, se pregunta. Para Acha, el modelo actual beneficia a las mafias y condena a muchas personas a una ruta mortal. “Hay que regularizar todo esto y dar a estas personas una vida futura mejor aquí”, reclama.
Feminismo sí, Ministerio con matices
Acha responde sin dudar cuando se le pregunta si es feminista: “Sí, claro, feminista”. Su argumento es sencillo: “Una mujer tiene los mismos derechos laborales, intelectuales, todo, exactamente igual”. “Somos personas, somos todos iguales”, insiste.
Sin embargo, defiende eliminar el Ministerio de Igualdad si el PP gobierna. No cuestiona la igualdad, sino los resultados de la política desarrollada desde el departamento. “¿Dónde ha ido la inversión? ¿Dónde ha ido el trabajo?”, se pregunta. En su opinión, la política desarrollada por Igualdad no ha calado en la juventud, en las personas mayores ni en las empresas. “Yo creo que no”, concluye.
Un hombre de trabajo, no de titulares
Quizá la clave para entender a Acha esté en cómo habla de su propio día a día, su cercanía con la gente y su trabajo al frente de la consejería de Cultura del Cabildo de Tenerife. Ahora, la responsabilidad que conlleva encabezar una lista electoral le obliga a reorganizarse. Hasta hace poco, su prioridad era el Cabildo, la cultura y la finalización de los proyectos en marcha. “La agenda era como la selva; quítale el ‘cómo’, ahora se ha convertido en una selva, un horror”, confiesa entre risas.
La solución, explica, pasa por delegar. “Tengo unos grandes equipos en Cultura, en los museos, en el Patronato de la Ciudad de la Música, en el Auditorio”, detalla. “Se trata de delegar más, estar pendiente de todo y aportar siempre mi granito de arena en todo lo que pueda”.
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