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José Montelongo, exalcalde de Arrecife absuelto en el 'caso Montelargo' / CEDIDA

José Montelongo: "Mi padre, que siempre confió en mí, murió sin verme declarado inocente"

El exalcalde de Arrecife, absuelto tras 14 años de proceso judicial por el 'caso Montecarlo', defiende que nunca debió dimitir, denuncia una "doble vara de medir" en el PSOE de Lanzarote y reivindica la presunción de inocencia

Catorce años después del inicio del caso Montecarlo —una causa que investigaba presuntas irregularidades en contratación pública—, José Montelongo, exalcalde de Arrecife y actual director de la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales de Canarias, rompe su silencio tras ser absuelto de las dos piezas judiciales en las que estaba investigado.

En esta entrevista repasa el desgaste personal, político y familiar que ha supuesto un proceso que se prolongó durante más de una década y reivindica que "una investigación nunca puede convertirse en una condena anticipada". También reflexiona sobre el coste que tiene para cualquier cargo público ser señalado antes de que exista una sentencia.

Montelongo asegura que con él se aplicó una "vara de medir muy específica" en el PSOE —partido al que ya no pertenece tras fundar Agrupación Socialista por Lanzarote— respecto a otros casos judiciales. 

[Pregunta] Han pasado 14 años desde que comenzó el caso Montecarlo. ¿Qué sintió el día que leyó la sentencia en la que sale absuelto? No sé si fue más alivio, satisfacción o incluso cierta amargura por todo el tiempo durante el que fue señalado.

[Respuesta] Fue un poco de todo. Han transcurrido 14 años desde que se inició la instrucción y ha habido momentos dificilísimos porque cualquier procedimiento judicial así lo es. Y claro, llega el momento de esta segunda absolución, porque son dos piezas las que tenía este procedimiento en Arrecife y cuando finalmente ves la resolución judicial sientes alivio y eso es indiscutible, pero también supone una mezcla de sentimientos.

¿Siempre tuvo clara su inocencia?

Siempre procedí bajo el criterio del propio funcionamiento del Ayuntamiento, nunca hice nada que tuviera que ser reprochable judicialmente y así se confirmó.

Quizás haya ciudadanos que, por desconocimiento o porque no conocen el caso en profundidad, se planteen por qué se ha tardado 14 años en dictaminar que finalmente era inocente. ¿Qué ocurrió?

La instrucción fue bastante larga. En este caso, en Lanzarote hubo varios jueces a lo largo de todo el proceso. Creo recordar que hasta cinco, porque los magistrados van durante un tiempo determinado y después se marchan. Eso hizo que la instrucción se alargara tanto.

Nosotros lo intentamos por activa y por pasiva durante todo ese tiempo. Yo siempre declaré, incluso cuando la instrucción estaba bajo secreto de sumario. Nunca me negué a hacerlo. Hablé de todos los procedimientos que tenía instaurados el Ayuntamiento, porque era concejal de Hacienda cuando ocurrió toda esta historia.

¿Hay alguna forma de evitar que los procedimientos se alarguen tanto?

Hice todo lo posible para que, por mi parte, esto no se retrasara más en el tiempo, pero los tiempos de los juzgados son así. No solamente pasa en Lanzarote, pasa en toda Canarias.

La solución no la tengo. No sabría decir qué hay que hacer para que un procedimiento no tarde tanto tiempo, pero desde luego no debería ser así porque es casi una vida. Imagínate, 14 años.

José Montelongo, exalcalde de Arrecife absuelto en el 'caso Montelargo' / CEDIDA

Cuando hay un caso así, muchos ciudadanos identifican durante años el nombre de las personas investigadas con casos de presunta corrupción, aunque después resulten absueltas. ¿Cómo se reconstruye una reputación?

La comparecencia [ante los medios] la llevé a cabo en el mismo sitio donde comparecí cuando dimití de la Alcaldía de Arrecife en abril de 2016: el Archivo Municipal.

¿Cuál era el objetivo?

Buscaba, junto al equipo de personas que ha estado conmigo desde el principio, que la gente supiera que finalmente hubo una absolución, porque los titulares son enormes cuando hay una dimisión o cuando se abre un procedimiento judicial. Pero después, las resoluciones de absolución, los titulares suelen ser más pequeños.

Entendía que había mucha gente en Arrecife que me había apoyado desde el principio y me lo decía por la calle. Incluso amigos que viven fuera de Lanzarote. Era necesario, dentro de mis posibilidades y gracias a ustedes, a los medios de comunicación, decir: "Miren, lo que yo defendí durante tanto tiempo ahora es una realidad".

¿Hubo gente que confió siempre en su inocencia?

Así como en su momento noté que mucha gente me señalaba, también noté que hubo muchas personas que confiaron en mí durante todo este tiempo. Era necesario agradecerles públicamente ese apoyo. El hecho de resarcir eso es casi imposible, quizás con el tiempo. También entendía que mi vuelta a la política activa era una forma de decir: "Sigo estando aquí, no tengo por qué esconderme". El tiempo me ha dado la razón.

Hablaba de aquella dimisión en 2016. Viéndolo con perspectiva, ¿cree que el sistema a veces obliga a tomar decisiones políticas antes de que la Justicia determine si una persona es culpable o inocente?

Sí. Una investigación nunca puede convertirse en una condena anticipada, y eso es lo que pasó conmigo. Llegó un momento en el que ni siquiera se había abierto el juicio oral que, según lo que dicen los estatutos del propio Partido Socialista, es el momento en el que se debe dimitir.

Entonces, ¿qué pasó con usted?

Conmigo se utilizó una vara de medir muy específica para Lanzarote y, particularmente, para Arrecife. La situación del PSOE ahora, echando un vistazo a todos los niveles, vemos cuál es. Parece que la flexibilidad con aquellas personas que están involucradas en un procedimiento judicial es más laxa ahora que en aquellos momentos.

José Montelongo, exalcalde de Arrecife. AH

¿Sucedía lo mismo en el resto del Archipiélago?

Te hablo de Lanzarote porque después, en Canarias, había otras personas del Partido Socialista que incluso se terminaron sentando en sede judicial y no tuvieron que dimitir. Eso tendrán que explicarlo los responsables del PSOE en la isla, que siguen siendo los mismos que en 2016. La secretaria general sigue siendo la misma diez años después y el secretario de Organización también.

Ellos tendrán que explicar, si lo estiman conveniente, por qué conmigo se utilizó esa vara de medir tan específica. No sé si era un poco incómodo para el partido en Lanzarote porque yo siempre defendí los intereses del municipio de Arrecife por encima de otras cuestiones partidistas.

¿Considera que les faltó prudencia?

Cuando se abre un procedimiento hay que ser muy prudente. Muchas veces una investigación se inicia porque hay una denuncia, una sospecha o algún indicio, pero hay que esperar el tiempo prudencial para decidir si esa persona se tiene que marchar o no.

Hoy se habla mucho del lawfare. Si este caso hubiera ocurrido en 2026, quizás habría aparecido ese término de alguna u otra manera. ¿Cree que el caso Montecarlo lo fue?

No, sinceramente no lo creo. Es verdad que todo partió de una denuncia anónima y nunca supimos quién puso en conocimiento las supuestas irregularidades que se estaban cometiendo en Arrecife. Pero pasaron varios fiscales, varios jueces y finalmente se terminó una instrucción que entendieron que tenía que dirimirse en un juzgado. No podría decir que fuera un caso de lawfare.

Después de la absolución, ¿alguien le ha pedido disculpas?

No. Tampoco esperaba disculpas de nadie. Sí he recibido mensajes de muchísimas personas, algunas incluso de fuera de Lanzarote. Muchas personas del Partido Socialista también me han escrito e incluso alguna me ha llamado para decirme que siempre mantuvieron su confianza en mí.

Pero pedirme disculpas, no. Tampoco las espero. Cada uno sabrá lo que tiene que hacer.

¿Siente que le hicieron daño?

Hubo un tiempo en el que se hicieron afirmaciones muy contundentes hacia mi persona. Son precisamente esas personas las que tendrían que valorar, en su conciencia, si tenían que hacerlo o no. Desde luego, a mí nadie me ha pedido disculpas, sobre todo algunas personas que hicieron afirmaciones que, quizás, más les hubiera valido haber sido un poco más prudentes.

Cuando uno atraviesa una situación así y luego se demuestra su inocencia, ¿qué parte del daño sufrido considera que ninguna sentencia puede reparar?

El daño producido no tiene reparación. Durante 14 años pasan infinidad de cuestiones personales y laborales, y algunas son irreparables. Siempre recuerdo a mi padre, que falleció hace casi seis años. Él no vio cómo terminó este procedimiento. Confiaba plenamente en mí y lo pasó muy mal. Y hay otras muchas cosas: mi hijo pequeño tenía cinco años cuando empezó todo esto y ahora tiene diecinueve.

No deja de ser un desgaste emocional.

Totalmente. En la comparecencia algunos periodistas me preguntaban por qué quería expresar públicamente todo lo que había pasado durante este tiempo y yo les respondí que por salud mental. Era necesario explicarlo porque a veces somos muy de quedarnos las cosas para dentro, de interiorizarlo todo, y no. Es necesario hablar también de los sentimientos, de lo que ha pasado durante este tiempo, de cómo me sentí y de cómo estoy ahora.

¿Qué le diría a cualquier cargo público o ciudadano que esté siendo investigado, que sepa que es inocente y que, aun así, vea cómo su vida cambia por completo antes de que exista una sentencia definitiva?

Les diría que se rodeen de aquellas personas que los quieren y los apoyan. Si creen que necesitan ayuda de profesionales para afrontar de la mejor manera posible una situación así, que la busquen. Muchas veces son situaciones sobrevenidas y, cuando estás en un cargo público, te expones a que puedan pasar este tipo de circunstancias.

Es muy importante buscar el apoyo de tu familia, de tus amigos, de tus compañeros y, evidentemente, la ayuda profesional si es necesaria para sobrellevar la situación de la mejor manera posible.

¿Cree en la justicia?

Sigo creyendo en la Justicia. Si te rodeas de esas personas, de los profesionales y de un equipo jurídico como el que yo tuve, al que le estaré eternamente agradecido, las cosas terminan saliendo bien aunque a veces la cuesta se ve muy cuesta arriba.

¿En algún momento sentiste que para una parte de la sociedad canaria, y especialmente de Lanzarote, ya estabas sentenciado antes incluso de que se conociera tu absolución?

Hubo personas que hicieron afirmaciones muy contundentes cuando el procedimiento estaba en plena instrucción. Algunos partidos también, algunos políticos, e incluso después de cerrarse la instrucción, cuando todavía ni siquiera se había celebrado el juicio.

En definitiva, se sintió señalado.

Claro que te sientes señalado y, en ciertos momentos, incluso condenado sin haberse celebrado ningún juicio. Eso ocurre por la forma en que determinados partidos señalan a las personas que están en un procedimiento judicial. Y muchas veces no son solo partidos externos al tuyo, sino el propio.

Mirándolo con la perspectiva del tiempo, ¿se arrepiente de haber dimitido como alcalde en 2016 o sigues creyendo que era la decisión correcta?

No, no me arrepiento y lo digo con total contundencia. En aquel momento no tenía el apoyo de determinadas personas del propio partido en Lanzarote. Uno no está donde no lo quieren.

¿La decisión fue acertada entonces?

La decisión fue la acertada. Además, el foco estaba puesto en el Ayuntamiento de Arrecife y en la figura del alcalde por la situación judicial en la que me encontraba. Otra cuestión distinta es  que cuando dimití, la fecha del juicio se había fijado para 2019. Podría haber terminado el mandato sin ningún problema. Pero bueno, se entendió por parte de algunos y algunas que no era conveniente.

Antes decía que uno no está donde no lo quieren. ¿Sintió en algún momento que el PSOE de Lanzarote lo dejó solo?

Sí, sin ningún tipo de duda. En aquellos momentos hubo gente que me apoyó y otra que no. Por eso digo que la parte orgánica del partido, la que dirigía el PSOE en Lanzarote en 2016, tanto la Secretaría General como la Secretaría de Organización, está formada por las mismas personas que siguen ocupando esos cargos diez años después.

En Lanzarote se decidió una forma distinta de ver las cosas a como las veía el Partido Socialista en otras islas de Canarias. Pero serán ellos quienes tengan que explicarlo, si quieren hacerlo. Yo, a estas alturas de mi vida, ni espero esas explicaciones ni las quiero.

¿No le resulta llamativo que se diera esa circunstancia en Lanzarote? Habitualmente, los partidos suelen defender la presunción de inocencia de sus compañeros hasta que exista una condena.

Totalmente. Yo me presenté a las elecciones de 2015 en Arrecife con este procedimiento judicial ya abierto. Nunca escondí cuál era la situación.

Desde entonces el partido en Lanzarote no estaba muy conforme con que me presentara. Hubo primarias porque Arrecife tiene más de 50.000 habitantes. Me presenté, gané las primarias, después gané las elecciones municipales y el Partido Socialista fue la fuerza más votada. Llegué a la Alcaldía en contra del criterio de los órganos del PSOE, aunque no del conjunto de la militancia.

¿Qué ocurrió con el paso del tiempo?

Cuando el procedimiento iba llegando a su conclusión, vi que había personas a las que no les interesaba que yo siguiera. No sé si me veían como un enemigo dentro del propio Partido Socialista, pero eso son suposiciones y no las puedo afirmar.

Puedes hacer un sondeo en otras islas y comprobarás que en estos últimos años ha habido personas que han seguido ocupando cargos públicos mientras estaban siendo investigadas, han sido absueltas y han continuado en sus puestos. Nunca entendí esa doble vara de medir.

Cuando un político es investigado por un caso así, ¿qué pierde antes: el cargo, la reputación o la presunción de inocencia?

Tal y como están las circunstancias, parece que lo primero que se pierde es la presunción de inocencia. Cuando eres político parece que ya se da por hecho que, si estás inmerso en un procedimiento judicial, eres culpable.

La presunción de inocencia es un principio básico del Derecho y hay que tenerla muy presente. Hay que ser muy prudente con determinadas afirmaciones porque se puede hacer daño a una persona que está ejerciendo un cargo público.

Estamos en la política por voluntad propia. Nadie nos obliga a estar aquí. Igual que queremos aportar a la sociedad e intentar mejorarla, también estamos expuestos a que nos pasen este tipo de cosas. Lo único que pido es prudencia. Porque, respondiendo a tu pregunta, la presunción de inocencia es lo primero que parece ponerse en tela de juicio.

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