Naciones Unidas ha iniciado el desmantelamiento de su misión en el Sáhara Occidental después de 35 años de presencia, un cambio en el escenario político y de seguridad de un territorio situado frente al archipiélago canario. La MINURSO quedó sin mandato al terminar el 31 de octubre, después de que el Consejo de Seguridad no lograra acordar su renovación.
El proceso contempla la repatriación de unos 160 observadores militares y la retirada de aproximadamente 180 empleados civiles y personal afiliado, según explicó el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, el 2 de noviembre. La organización todavía no ha fijado una fecha para completar la liquidación.
La decisión tiene una dimensión especialmente cercana para Canarias, por su posición atlántica y por la relación histórica del archipiélago con el Sáhara. Gran Canaria también llegó a acoger trabajo de personal de la propia misión durante una crisis anterior.
Una retirada por fases
El cierre exige actuaciones que van más allá del desplazamiento de los observadores. Dujarric detalló que el proceso incluye 13 instalaciones, equipos, sistemas de comunicaciones, apoyo logístico, archivos y contratos.
Un equipo reducido, dependiente del Departamento de Apoyo Operacional de Naciones Unidas, supervisará el repliegue. La organización deberá decidir el destino de sus recursos y completar las gestiones vinculadas a su presencia sobre el terreno.
La liquidación comenzó el 1 de noviembre. El fin del mandato marca la terminación de las operaciones autorizadas, mientras que la retirada física se desarrollará mediante ese proceso administrativo y logístico.
El bloqueo diplomático
El Consejo de Seguridad no consiguió aprobar una prórroga en su reunión del 30 de octubre. Rusia vetó el proyecto presentado por Estados Unidos y la propuesta alternativa rusa tampoco permitió alcanzar un acuerdo para mantener la misión.
La MINURSO había sido creada en 1991 para supervisar el alto el fuego y preparar un referéndum de autodeterminación. Esa consulta no llegó a celebrarse. La última prórroga había extendido el mandato hasta el 31 de octubre de 2026.
La salida de los observadores termina con una presencia internacional que también atravesó la reanudación de las hostilidades de 2020. El futuro del proceso político queda ahora ligado a la capacidad de Naciones Unidas y de las partes para mantener vías de negociación.
El vínculo con Canarias
La relación del archipiélago con la misión tiene un precedente documentado por la propia ONU. En marzo de 2016, durante la crisis provocada por la salida de personal civil de El Aaiún, Naciones Unidas informó de que parte de sus trabajadores había sido reasignada temporalmente y prestaba funciones desde Las Palmas de Gran Canaria.
La nota de la organización del 21 de marzo situaba entonces en la ciudad a 33 integrantes de la MINURSO. Aquel traslado correspondió a una crisis concreta de hace diez años y muestra el papel de apoyo que Canarias ha desempeñado en la trayectoria de la misión.
El nuevo cierre también ha entrado en el debate político insular. En un artículo de opinión firmado por Antonio Morales, el presidente del Cabildo de Gran Canaria reclama que España y Europa defiendan un mecanismo de observación y que Canarias participe en las decisiones que afectan a sus intereses atlánticos.
El derecho a decidir
El secretario general, António Guterres, ha señalado que el final de la misión no extingue el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. También mantiene la disposición de Naciones Unidas a apoyar el diálogo y una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable.
Esa posición separa el cierre de una operación de paz de la resolución del conflicto. El desmantelamiento de la MINURSO modifica la presencia de la ONU sobre el terreno, mientras que la cuestión política del Sáhara Occidental permanece abierta.
Para Canarias, el cambio sitúa de nuevo la atención en la estabilidad de su entorno atlántico. El alcance del repliegue y las decisiones que adopten las partes definirán una etapa que comienza con la retirada de la misión y con la continuidad de un conflicto todavía sin solución.
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