Un solo torpedo ha bastado para enviar al fondo del Atlántico a un antiguo buque de guerra español. El submarino S-81 'Isaac Peral' ha hundido el patrullero 'Infanta Elena' en aguas próximas a las Islas Canarias, durante unas maniobras militares con fuego real organizadas por la Armada española.
La operación, denominada SINKEX 26, ha permitido poner a prueba la capacidad de combate del primer submarino de la serie S-80, uno de los grandes proyectos tecnológicos de la defensa naval española.
El antiguo patrullero, retirado del servicio en 2023, fue utilizado deliberadamente como blanco para comprobar la eficacia del armamento del submarino en condiciones similares a las de un enfrentamiento real.
Un solo torpedo
El protagonista de las maniobras ha sido el submarino 'Isaac Peral' (S-81), que efectuó el lanzamiento de un torpedo pesado DM2A4 contra el antiguo 'Infanta Elena'.
El proyectil alcanzó su objetivo y provocó el hundimiento del buque, culminando una de las principales pruebas de fuego real realizadas por la Armada en aguas del Atlántico.
La operación buscaba comprobar no solo la precisión del sistema de armas, sino también la capacidad del submarino para detectar, seguir y atacar objetivos mientras opera de manera discreta bajo la superficie del mar.
La Armada considera que este tipo de ejercicios resulta fundamental para evaluar su capacidad de disuasión. El principal valor estratégico de un submarino reside precisamente en poder desplazarse sin ser detectado y neutralizar objetivos a grandes distancias.
El S-81 es el primer submarino de la serie S-80, diseñado y construido en España por Navantia. Cuenta con más de 80 metros de eslora, seis tubos lanzatorpedos y sistemas avanzados de detección y combate.
Despliegue militar
El hundimiento del antiguo patrullero no fue una operación aislada. Las maniobras reunieron a diferentes unidades de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio para simular un escenario de combate conjunto.
Junto al 'Isaac Peral' participaron las fragatas 'Cristóbal Colón' y 'Navarra', el buque multipropósito 'Carnota' y el buque de acción marítima 'Relámpago'.
El despliegue también contó con tres aviones de combate AV-8B Harrier, un helicóptero de la 10.ª Escuadrilla, un dron Scan Eagle de la 11.ª Escuadrilla y una aeronave de vigilancia marítima del Ejército del Aire y del Espacio.
A estas unidades se sumaron especialistas de la Unidad de Buceadores de Medidas Contra Minas.
La dirección del ejercicio correspondió al capitán de navío Rafael Mira Calvo, comandante de la 41.ª Escuadrilla de Escoltas, que coordinó las operaciones desde la fragata 'Navarra'.
Las maniobras permitieron comprobar cómo responde el submarino al actuar junto a otros buques y aeronaves, además de evaluar la coordinación de las diferentes dotaciones durante una operación con armamento real.
Un buque histórico
El objetivo elegido para este ejercicio fue el 'Infanta Elena', un antiguo buque de la Armada que acumulaba más de cuatro décadas de servicio.
La embarcación entró en servicio en 1980 como corbeta de la clase Descubierta y posteriormente fue reclasificada como patrullero de altura.
Durante su trayectoria participó en diferentes operaciones de vigilancia marítima, misiones internacionales y despliegues relacionados con la seguridad naval.
Entre sus actuaciones figuran misiones contra la piratería en el golfo de Guinea y su participación en la operación Atalanta, destinada a combatir la piratería en aguas próximas a Somalia.
El buque fue dado de baja en marzo de 2023 y, tres años después, ha terminado su trayectoria convertido en blanco de un ejercicio de combate de la Armada.
Protección del mar
La decisión de hundir deliberadamente un buque en el Atlántico también ha requerido medidas específicas para reducir los riesgos de contaminación marina.
Según ha informado la Armada, el 'Infanta Elena' fue sometido a un proceso completo de descontaminación antes del ejercicio, durante el que se retiraron combustibles, aceites y otros componentes potencialmente contaminantes.
También se realizó una evaluación hidrográfica y ambiental de la zona elegida para las maniobras.
Durante el operativo se activó un protocolo de vigilancia e inspección para proteger a los cetáceos y otras especies marinas protegidas, además de garantizar la seguridad de la navegación civil en el entorno del Archipiélago.
Estas son las medidas preventivas comunicadas por la Armada, que no ha difundido en su nota una evaluación ambiental independiente posterior al hundimiento.
Con el ejercicio SINKEX 26, la institución militar da por completada una nueva prueba de las capacidades del 'Isaac Peral', un submarino con el que España busca reforzar su capacidad de defensa y su participación en operaciones internacionales junto a sus aliados.
Añadir AtlánticoHoy como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
