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Cementerio de Santa Catalina, en El Sobradillo |REDES

La ampliación del cementerio de Santa Catalina tendrá que esperar hasta que se modifique el Plan General de Santa Cruz

El concejal, Carlos Tarife, admite la necesidad de ampliar el camposanto de El Sobradillo, pero recuerda que las parcelas colindantes no permiten ese uso y que antes hay que modificar el Plan General de Ordenación

La vecindad del Distrito Suroeste de Santa Cruz de Tenerife tendrá que seguir esperando un poco más para que se lleve a efecto la ampliación del cementerio de Santa Catalina. De momento, no se puede hacer nada mientras no se modifique el Plan General. Esta es, en esencia, la explicación del concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife, cuando se le preguntó, en sede municipal, en qué estado se encuentra el proyecto de ampliación del mencionado camposanto. 

De esta manera, entre la burocracia urbanística y un contrato “de los más antiguos del Ayuntamiento", el lugar que acoge la sepultura de parte del suroeste de Santa Cruz sigue al borde de la saturación, mirando de reojo a un centenario que llega sin garantías de ampliación.

Un cementerio que espera para crrecer

Inaugurado en 1927, el cementerio de Santa Catalina se ha convertido en el lugar de referencia para cientos de familias de este distrito santacrucero y de la zona baja de El Rosario. Concretamente está ubicado en El Sobradillo, en un barrio que ha crecido mucho más rápido que las paredes del propio camposanto.

Con la vista puesta en 2027, año en que cumplirá cien años, las asociaciones vecinales llevan tiempo reclamando algo tan básico como saber si habrá espacio para enterrar a sus muertos en su propio entorno. No es una reivindicación nueva ni improvisada puesto que, desde hace años, advierten que en Santa Catalina “no dejan realizar entierros por falta de nichos y espacio habilitado”, lo que obliga a derivar enterramientos a otros cementerios, como el de Santa Lastenia.

Necesaria la modificación del Plan General

Durante el Pleno celebrado el último viernes del mes de junio, el concejal con responsabilidad en el área de Cementerios, Carlos Tarife, no negó el problema y reconoció, efectivamente, la “necesidad de ampliación” de la necrópolis, subrayando que el contrato de cementerios es, probablemente, “el más antiguo de los servicios públicos municipales”. Pero, al mismo tiempo, levantó un muro más: el urbanístico.

Según explicó, las parcelas colindantes a Santa Catalina no permiten el uso de cementerio, de manera que cualquier ampliación exige una modificación del Plan General de Ordenación Urbano (PGOU)

Modelo agotado

Primero, dijo, será necesario que el área de Servicios Públicos elabore un estudio, lo proponga a Urbanismo y, a partir de ahí, se pueda promover la modificación que abra la puerta a crecer hacia esos terrenos. 

Tarife enmarca esta situación en un modelo agotado y recuerda que el contrato de cementerios, en prórroga, limita la capacidad de inversión. Además, añade que se han hecho solo actuaciones puntuales en otros camposantos y que es necesario cambiar de raíz la gestión, pasando primero por Gesplan para asumir el servicio y luego licitar un nuevo contrato. Mientras se dibuja esa hoja de ruta, la vida sigue y la muerte también.

Vecinos entre la saturación y la espera

Al otro lado del muro administrativo están los vecinos, las familias que, cuando llega el momento de despedir a alguien, se encuentran con que el cementerio de barrio no tiene capacidad para un nicho más. Colectivos del Distrito Suroeste y de El Rosario se han organizado en plataformas para exigir explicaciones y soluciones, denunciando lo que consideran un “colapso” prolongado en el tiempo

La vecindad de la zona reclama una reforma integral que corrija problemas de accesibilidad para mayores y personas con movilidad reducida, mejore la movilidad interna y repare zonas deterioradas, como por ejemplo, el pavimento levantado, adoquinado en mal estado, losetas del patio antiguo, mobiliario obsoleto. Piden, en definitiva, que el lugar donde descansan sus muertos esté a la altura del cuidado y el respeto que merece.

Un contrato antiguo 

En paralelo al debate sobre el PGOU, sobresale otra cuestión de fondo en torno a cómo se gestionan los cementerios de Santa Cruz y con qué dinero. Tarife ya había señalado meses atrás que la decisión política de no repercutir el coste real del servicio en la ciudadanía ha limitado la capacidad inversora del Ayuntamiento en unos camposantos que arrastran un fuerte deterioro.

El contrato, en prórroga, se ha ido modificando con pequeñas obras, tales como algunos nichos más en Santa Lastenia, actuaciones puntuales en Taganana o refuerzos de seguridad en estructuras concretas. Pero la propia corporación reconoce que son parches insuficientes para un mapa de cementerios que necesita una inversión mucho más ambiciosa, y donde Santa Catalina aparece como el punto más crítico por su saturación.

Hoja de ruta

La hoja de ruta anunciada pasa porque Gesplan asuma la gestión del servicio, con subrogación de la plantilla, redacte una memoria detallada del estado de todos los cementerios y, a partir de ese diagnóstico, se diseñe un nuevo modelo de gestión con más músculo económico. Un plan que, sin embargo, tampoco da fechas concretas para la ampliación que reclaman las familias del suroeste capitalino. 

Entre la promesa de un cambio de contrato, la necesidad de un nuevo modelo de gestión y la obligación de modificar el PGOU, la sensación que queda es la de un cementerio atrapado entre papeles.