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Parcelas donde se ubicará la planta destinada a la gestión de residuos peligrosos y no peligrosos de Sertego./ PROYECTO

La Dársena de Pesca de Santa Cruz podría albergar una planta para gestionar residuos de buques, hospitales e industrias

La instalación, promovida por Sertego, prevé gestionar desechos de barcos, centros sanitarios e industrias y preparar combustible derivado de residuos sin realizar incineración en el puerto

El Gobierno de Canarias ha sometido esta semana a información pública el expediente de autorización ambiental promovido por Sertego Servicios Medioambientales para instalar en la Dársena de Pesca del Puerto de Santa Cruz de Tenerife una nueva planta destinada a la gestión de residuos peligrosos y no peligrosos. 

El proyecto se ubica en dos parcelas de la Dársena Norte, entre la vía de acceso a San Andrés y una carretera de servicio portuaria. La solicitud inicial de concesión contemplaba una superficie aproximada de 5.250 metros cuadrados, mientras que la documentación ambiental identifica dos parcelas de 3.977 y 1.600 metros cuadrados, que en conjunto alcanzan los 5.577 metros cuadrados.

Un centro de recepción y transferencia

La instalación funcionaría principalmente como un centro de recepción, clasificación, acondicionamiento y transferencia. Es decir, una parte importante de los residuos no recibiría allí un tratamiento definitivo, sino que sería clasificada, agrupada según su compatibilidad, almacenada temporalmente y posteriormente trasladada a otros gestores autorizados. La empresa plantea esta operativa con el objetivo de concentrar cargas, reducir el volumen ocupado y facilitar su transporte posterior.

La capacidad global contemplada en el proyecto asciende a 45.000 toneladas anuales, de las que 15.000 corresponderían a residuos peligrosos y unas 30.000 a residuos no peligrosos. No obstante, las cantidades definitivas quedarían condicionadas por los términos de la autorización ambiental, en caso de que finalmente sea concedida.

Residuos de buques e industrias

Una parte relevante de la actividad estaría vinculada a los residuos Marpol, los desechos generados durante el funcionamiento, mantenimiento y limpieza de los buques. Entre ellos figuran residuos oleosos, aguas sucias, basuras y otros materiales regulados por el convenio internacional destinado a prevenir la contaminación marina derivada del tráfico marítimo.

La planta también recibiría residuos procedentes de industrias de Tenerife y de otros puntos de Canarias. La documentación incluye aceites, pinturas, disolventes, envases contaminados, lodos, baterías y aparatos eléctricos y electrónicos, entre otros materiales. Su inclusión en el expediente no significa que todos reciban el mismo tratamiento: algunos serían únicamente almacenados y expedidos, mientras que otros podrían ser clasificados, desmontados, prensados, triturados o reenvasados.

Triturado, desmontaje y combustible derivado

El complejo dispondría de líneas destinadas a reducir el tamaño y el volumen de determinados residuos. También se contempla el desmontaje de aparatos eléctricos y electrónicos, con separación de sus distintos componentes y extracción de líquidos o piezas que requieran una gestión específica. Los equipos con mercurio, como determinadas lámparas, y los transformadores o condensadores con PCB serían almacenados temporalmente, según las aclaraciones posteriores de la empresa, pero no triturados ni tratados en la planta.

Otra de las operaciones previstas es la preparación de combustible derivado de residuos. El proceso consiste en seleccionar y acondicionar materiales combustibles compatibles para su posterior aprovechamiento energético en otras instalaciones, como fábricas de cemento. El proyecto no contempla la quema de estos residuos en la propia planta portuaria.

Una línea específica para residuos sanitarios

El complejo incorporaría además una nave independiente para residuos sanitarios. Los materiales con riesgo biológico procedentes de hospitales y centros de salud serían sometidos a un proceso de esterilización mediante vapor a alta presión para destruir los microorganismos patógenos. Una vez tratados, podrían pasar a gestionarse como residuos no peligrosos.

Los medicamentos citotóxicos o citostáticos, utilizados principalmente en tratamientos contra el cáncer, y otros productos químicos de origen hospitalario seguirían un procedimiento diferente. Estos residuos no serían destruidos en el puerto, sino almacenados en espacios específicos -algunos refrigerados- hasta su traslado a instalaciones autorizadas. La empresa plantea gestionar hasta 5.000 toneladas anuales de residuos sanitarios peligrosos y otras 3.000 toneladas de residuos sanitarios no peligrosos.

Frío para los residuos biológicos

Los residuos biológicos deberían ser procesados, con carácter general, en las primeras 24 horas desde su llegada. Cuando esto no fuera posible, se conservarían en una cámara frigorífica a una temperatura máxima de cuatro grados. La documentación establece para esta instalación una capacidad de 36 toneladas.

La planta contaría además con seis depósitos verticales para líquidos peligrosos: tres con una capacidad de 120 metros cúbicos y otros tres de 60 metros cúbicos. En conjunto, los tanques podrían almacenar 540 metros cúbicos. Estarían situados dentro de un recinto de retención destinado a contener posibles fugas, aunque la respuesta de la empresa a los requerimientos administrativos todavía no concreta el volumen exacto de ese cubeto.

Medidas para evitar fugas y contaminación

Las zonas de almacenamiento y manipulación dispondrían de pavimento impermeable. Los posibles derrames serían recogidos mediante una red interior conectada a arquetas estancas, sin salida directa al exterior. Asimismo, las líneas de bombeo destinadas a residuos peligrosos y no peligrosos serían independientes, con el objetivo de evitar la mezcla de sustancias de distinta naturaleza.

Las aguas procedentes de la esterilización y del lavado de contenedores sanitarios pasarían por una depuradora industrial ubicada en la propia instalación. Una vez tratadas, y siempre que cumplieran los límites correspondientes, serían vertidas a la red de alcantarillado. Las aguas contaminadas procedentes de la limpieza de recipientes industriales, en cambio, serían analizadas y gestionadas como residuos cuando su composición así lo requiriese.

Olores, ruido y riesgo de incendios

El proyecto identifica entre sus principales impactos potenciales los olores, el ruido, las emisiones de la caldera, el polvo generado durante la manipulación y trituración y el riesgo de derrames o incendios. Para reducir los olores en la zona destinada a residuos sanitarios, Sertego propone un sistema de extracción que mantenga el área de trituración y compactación en ligera depresión.

El aire captado sería tratado mediante filtros de carbón activo antes de ser expulsado al exterior a través de la cubierta de la nave. El estudio de dispersión presentado por la empresa calcula que los olores no alcanzarían niveles significativos en San Andrés, Cueva Bermeja, María Jiménez y Cuchillo del Saltadero. Cueva Bermeja, situada a unos 871 metros, sería el núcleo con la mayor concentración prevista, aunque el nivel calculado quedaría muy por debajo del valor de referencia empleado en el informe.

Las conclusiones sobre los olores proceden de una simulación realizada antes de la entrada en funcionamiento de la planta y se apoyan en factores de emisión tomados de otras instalaciones. Además, el valor utilizado como referencia no constituye actualmente un límite legal vigente en Canarias sino que se basa en la legislación catalana. Por ello, los resultados deberán comprobarse durante el funcionamiento de la instalación si el proyecto obtiene finalmente todos los permisos.

Funcionamiento

La planta funcionaría aproximadamente 269 días al año, durante unas 12 horas diarias. La empresa calcula que las obras tendrían una duración aproximada de un año, aunque ese plazo comenzaría a contar únicamente una vez obtenidas las autorizaciones administrativas y sectoriales necesarias.

La autorización ambiental se encuentra ahora en fase de información pública, por lo que el proyecto todavía está sujeto al procedimiento administrativo correspondiente y a las posibles alegaciones que se presenten antes de que se adopte una decisión definitiva.

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