El sinhogarismo femenino es un fenómeno más extendido de lo que parece, pero que suele permanecer oculto a los ojos de la sociedad por las estrategias que siguen las mujeres sin hogar para autoprotegerse. Muchas de ellas no duermen en la calle, sino que sobreviven en habitaciones temporales, viviendas inseguras, alojamientos precarios o dependiendo de terceras personas.
Esa invisibilidad ha provocado que, en muchas ocasiones, los servicios sociales sean incapaces de detectar situaciones de vulnerabilidad, y es precisamente lo que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife quiere tener en cuenta de ahora en adelante.
Perspectiva de género
En una respuesta escrita a una pregunta del Grupo Municipal Socialista, la concejal de Políticas Sociales del consistorio chicharrero, Charín González, señala que las mujeres en situación de sinhogarismo pueden encontrarse en circunstancias "menos visibles", relacionadas con la "dependencia relacional, violencia, explotación, miedo a acudir a determinados recursos o estrategias de ocultamiento para protegerse".
La responsable del área asegura que, en consecuencia, durante 2026 y 2027 se reforzará la atención en calle y se incorporará de forma más clara la perspectiva de género en la intervención social, una línea que bebe de las conclusiones de varias investigaciones académicas recientes realizadas en Canarias sobre el fenómeno del sinhogarismo femenino.
Un sinhogarismo diferente al de los hombres
La tesis doctoral Sinhogarismo femenino y violencias interseccionales en Canarias, elaborada por Alejandra Rodríguez Alemán en la Universidad de La Laguna, concluye que muchas mujeres sin hogar no aparecen en los recuentos tradicionales porque recurren a formas de supervivencia alejadas de la imagen más visible del sinhogarismo. La autora explica que estas mujeres suelen transitar por "viviendas improvisadas y ocultas", espacios donde intentan protegerse de "las tan temidas agresiones sexuales" y de otras formas de violencia.
La investigación sostiene que la falta de vivienda es únicamente la parte visible de un problema mucho más complejo. Según sus conclusiones, las mujeres entrevistadas para el estudio acumulaban "múltiples y diversas violencias interseccionales" a lo largo de toda su vida. Esas violencias aparecían en la infancia, en el entorno familiar, en las relaciones de pareja, en el ámbito laboral, en los espacios públicos e incluso en la relación con determinadas instituciones.
No es sólo ausencia de hogar
Rodríguez Alemán sostiene que el sinhogarismo femenino no puede analizarse exclusivamente desde la pobreza o la exclusión residencial. La autora identifica una estrecha relación entre la pérdida del hogar y las distintas formas de violencia sufridas por las mujeres. En muchos casos, abandonar una vivienda significaba escapar de una situación de maltrato; en otros, la violencia se convertía en un factor que agravaba la exclusión y dificultaba cualquier proceso de recuperación.
La tesis también advierte de que las mujeres no afrontan una única situación de vulnerabilidad. "Las protagonistas no representaban únicamente una situación de vulnerabilidad social, sino que podían confluir en varias", concluye la investigadora. Entre ellas aparecen la pobreza, la migración, la enfermedad mental, las adicciones, la discapacidad, la maternidad en solitario o la ausencia de redes de apoyo.
La consecuencia de esa acumulación de factores es que la salida del sinhogarismo resulta mucho más complicada. La autora concluye que "a medida que se interseccionaban los perfiles – situaciones de especial vulnerabilidad social, se encontraba que las mujeres debían de afrontar más obstáculos para superar su situación de sinhogarismo y violencias".
Recursos de atención social
Otro de los hallazgos de la investigación apunta a los recursos de atención social. Rodríguez Alemán sostiene que muchas respuestas institucionales continúan respondiendo a modelos históricamente construidos sobre perfiles masculinos y reclama incorporar una perspectiva específica para abordar las necesidades de las mujeres, especialmente aquellas relacionadas con la violencia, la seguridad, la salud mental o la dependencia económica y emocional.
La investigación también dedica parte de sus conclusiones a la salud. La autora observa una relación constante entre el sinhogarismo, las experiencias traumáticas acumuladas y el deterioro psicológico. Las mujeres entrevistadas describen trayectorias marcadas por el miedo, la inseguridad y la exposición continuada a situaciones de violencia, factores que terminan afectando de forma directa a su bienestar físico y mental.
El caso concreto de Santa Cruz
Esa realidad descrita a escala autonómica encuentra reflejo en Santa Cruz de Tenerife. Un estudio publicado por María Arias Jiménez y Raquel Darias Martín en la ULL como Trabajo Fin de Grado titulado: Mujer sin hogar: una aproximación a la extrema exclusión social en Santa Cruz de Tenerife, analizó los expedientes de 558 mujeres atendidas por el Servicio Integral de Atención a las Personas Sin Hogar entre 2016 y 2021.
El estudio dibuja un perfil muy concreto. Las autoras detectaron una mayoría de mujeres de entre 45 y 64 años, con bajos ingresos, elevadas tasas de desempleo, escasa cualificación y una fuerte incidencia de enfermedades y discapacidad. La investigación concluye igualmente que una parte importante de ellas carece de redes familiares o informales capaces de ofrecer apoyo cuando aparecen situaciones de crisis.
Las conclusiones del ertudio identifican la violencia, la explotación, la migración o la precariedad económica como algunos de los factores que preceden a la pérdida de vivienda. Las autoras advierten de que el sinhogarismo es "un fenómeno estructural, sistemático, heterogéneo, multifactorial, multidimensional y cambiante" y subrayan que esta situación "se agrava, más si cabe, en el caso de las mujeres sin hogar, las cuales se ven expuestas a otra vulnerabilidad añadida por el simple hecho de ser mujer".
Mujeres mayores
El estudio presta especial atención a las mujeres mayores. Las investigadoras alertan de la existencia de un número significativo de mujeres mayores de 65 años que permanecen durante largos periodos en situación de exclusión residencial mientras esperan una plaza sociosanitaria o una alternativa habitacional estable. Muchas de ellas afrontan además problemas de salud, dependencia o ausencia de apoyo familiar.
Las autoras concluyen que "las necesidades entre hombres y mujeres son diferentes y en muchos casos no se tiene en consideración este hecho".
