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Alumnado del Hermano Pedro durante una de sus actividades|GOBIERNODECANARIAS

La residencia Hermano Pedro al límite: “Varios días sin enfermera para chicos con patologías graves"

Las familias de Hermano Pedro vuelven a denunciar que, tras una década de quejas, no hay mejoras, señalando que han pasado varios días sin enfermera, con una falta de personal que persiste en el único recurso residencial de este tipo en Tenerife

Hace algo más de un mes las familias alzaban la voz por la falta de personal y no se han escuchado sus quejas. La voz de Olimpia Segovia suena cansada, pero firme. Lleva más de diez años peleando por unas condiciones dignas para los menores y jóvenes con gran dependencia que viven en la residencia Hermano Pedro, en Santa Cruz de  Tenerife

Hoy, admite a Atlántico Hoy, están “a un pelo” de situaciones que no deberían repetirse jamás y que resume en que, “justo después de Semana Santa estuvimos a un pelo de no poder acudir a la residencia porque faltaba la enfermera en un turno”.

Más de una década de quejas

Olimpia Segovia, representante de las familias del centro, expone que conoce bien la situación porque su hija entró con 8 años y hoy tiene 20; durante todo este tiempo, asegura, las quejas por falta de personal han sido constantes. 

“Llevo 10 años con la niña en el colegio y estamos hablando de un periodo de más de una década de quejas de falta de personal. Entonces, no es un problema puntual”, subraya.

Grandes dependientes

La residencia acoge actualmente a unos 32 niños y jóvenes con grandes dependencias, algunos con epilepsia y otras patologías graves, que requieren atención sanitaria continua y rutinas muy cuidadas. 

Sin embargo, “la realidad diaria está lejos del mínimo del personal necesario”, matiza.

Plantillas incompletas y parches

Según detalla, en estos momentos falta una enfermera y dos auxiliares de enfermería, además de seis auxiliares educativos en el turno de tarde en la residencia. “Falta mucho personal sanitario para atender a treinta y pico niños que se quedan sin asistencia sanitaria”, denuncia. Durante las tardes deberían estar trabajando en torno a 20 auxiliares educativos; de media, faltan cinco o seis, lo que obliga a reorganizar turnos de tarde y de noche y a sobrecargar al resto de la plantilla.

“La Consejería no puede cubrir las bajas con la velocidad deseada, por lo menos, básica para que estos niños estén atendidos”, lamenta. En su lugar, describe una dinámica de “parchear con soluciones a muy corto plazo”, que se traduce en cansancio para el personal y falta de la atención que necesitan los menores.

Niños desatendidos y tardes vacías

La falta de manos tiene consecuencias directas en la vida cotidiana de los residentes. “Al final los niños lo que están es desatendidos”, resume la representante familiar. Actividades que deberían formar parte de sus tardes, como salir o participar en talleres, se quedan sin realizar. 

“Todo ese tipo de actividades no pueden hacerlas porque el ratio que tienen de acompañamiento no lo están cumpliendo”, insiste. Rutinas que para cualquier niño son importantes, en este caso resultan esenciales, puesto que son menores y jóvenes que necesitan estructura, estabilidad y un trato continuado, que ahora se ve interrumpido por cambios de personal y ausencias.

Angustia diaria para las familias

La situación no sólo impacta en los chicos y chicas, también en sus familias. “Están horrorizados”, confiesa Segovia sobre el sentir de otros padres y madres. 

Muchos viven en el sur de la isla y dependen de que cada jornada la residencia esté en condiciones mínimas para poder recibir a sus hijos. “Lo que no podemos es estar con esta angustia y este sin vivir de a ver si hoy consigo que el niño pueda ir a la residencia”, explica.

"Doble carga"

Olimpia habla de una “doble carga” ya que, por un lado, saben que la residencia es, hoy por hoy, el lugar donde sus hijos están mejor atendidos y, por otro, conviven con el cargo de conciencia de que el centro “no cumple con los requisitos mínimos para estar abierto”. 

“No puedo coger al niño y llevarlo a otro sitio, es que no tengo otro sitio donde llevarlo”, dice con crudeza. La residencia Hermano Pedro es el único recurso de este tipo en Tenerife para menores y jóvenes con estas características, y no hay ni siquiera alternativas privadas en la isla.

“Hace falta una decisión política”

Para Segovia, lo que ocurre en la residencia Hermano Pedro no es un accidente, ni un bache puntual, sino el resultado de muchos años de falta de planificación y voluntad. “Hace falta una decisión, una intención política para cambiar esto”, insiste.

Mientras tanto, en la residencia siguen entrando niños desde edades muy tempranas; ella misma recuerda que su hija inició allí su vida residencial con 8 años. Algunos menores pasarán más de una década en el centro, hasta los 21, “con esta angustia”, algo que Segovia considera que "no es de recibo ni para los padres ni para los niños”.