Hay lugares en Tenerife que no se entienden desde el coche. Hay que pisarlos, respirarlos y escucharlos. Eso es justo lo que propone Anaga a Pie, una iniciativa del Ayuntamiento de Santa Cruz que vuelve este año con una idea clara: recorrer el Macizo de Anaga como se hacía antes, paso a paso.
El programa se desarrollará entre mayo y octubre de 2026 con un total de 13 rutas que no se limitan a caminar. Aquí el senderismo es solo la excusa: lo importante es conectar con un territorio que, no por conocido, deja de sorprender.
Caminar entendiendo dónde estás
Anaga no es solo monte. Es historia viva. Es paisaje moldeado durante siglos por quienes lo habitaron. Y eso se nota en cada sendero. Por eso, estas rutas incluyen algo más que kilómetros: interpretación del entorno, explicaciones sobre el uso del agua, la evolución del paisaje o la forma en la que surgieron caseríos aislados entre montañas.
No es lo mismo pasar por un sitio que entenderlo.
Primera ruta
El arranque del programa no podía ser más potente. La primera salida, prevista para el 9 de mayo, conecta Benijo con Roque Bermejo, uno de esos lugares que parecen fuera del tiempo.
El recorrido atraviesa distintos paisajes —desde zonas más áridas hasta la humedad de la laurisilva— y termina junto al icónico Faro de Anaga. Y aquí viene uno de los puntos más atractivos: el regreso no es caminando, sino en barco bordeando la costa hasta la playa de Las Teresitas.
De Chamorga a Taganana: Anaga en todas sus caras
A lo largo de los meses, el programa se adentra en algunos de los rincones más representativos del macizo: Chamorga, Taganana, Taborno o Chinamada. Cada uno tiene su propia personalidad. Desde senderos que cruzan montañas escarpadas hasta caminos que conectan pequeños núcleos donde el tiempo parece haberse detenido.
También hay rutas que llegan a lugares menos accesibles, como la Playa de Antequera o la Charca de Tahodio, espacios que no suelen aparecer en los itinerarios más turísticos.
Donde la historia sigue viva
Uno de los puntos fuertes de Anaga a Pie es su enfoque etnográfico. No se trata solo de naturaleza, sino de entender cómo se ha vivido en este territorio. Hay rutas que pasan por viviendas cueva aún habitadas, como en Chinamada, o recorridos que recuperan historias y leyendas, como la que gira en torno a Beneharo, el mencey vinculado a la resistencia aborigen en la isla.
En muchos casos, además, los propios vecinos participan en las actividades, aportando una mirada directa, sin filtros.
Un turismo que suma, no que resta
En un momento en el que el debate sobre el modelo turístico está más presente que nunca en Canarias, iniciativas como esta buscan otra forma de hacer las cosas. Grupos reducidos, precios accesibles —desde 12 euros— y experiencias que respetan el entorno. No se trata de masificar, sino de acercar el territorio de forma consciente.
Porque Anaga no necesita ruido. Necesita respeto.
